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Heraldo del Campo

Agricultura

Girasol busca barbecho

Para suplir el falta de girasol que supone la pérdida del mercado ucraniano por la invasión rusa, Bruselas permite sembrar esta oleganiosa en las tierras que hasta ahora la PAC obligaba a dejar en retirada.

Campo de girasol en una explotación de la provincia oscense, donde este cultivo se extiende como segunda cosecha en regadío.
Campo de girasol en una explotación de la provincia oscense, donde este cultivo se extiende como segunda cosecha en regadío.
J. B.

No es un cultivo inexistente en Aragón, pero su presencia tampoco es significativa. Su avance o retroceso por las tierras de la Comunidad ha estado marcado, campaña tras campaña, por los costes de producción, la escasez de agua y -sobre todo en la primera mitad de la década de los 90- por las generosas ayudas que llegaban desde Bruselas para fomentar la siembra de esta oleginosa que llegó a ocupar tierras que incluso no eran aptas para su cultivo y que ni siquiera había que cosechar para recibir la subvención.

La guerra en Ucrania, el mayor exportador de girasol, ha vuelto a darle protagonismo, y su escasez en España -tanto para consumo humano como para elaborar los piensos- comienza a despertar el interés de los agricultores, más en un año en el que los costes de producción están disparados y elevan vertiginosamente el gasto que exige la producción de maíz y en el que la falta de lluvias complica la disponibilidad de agua para los riegos. Un año en el que, además, la escasez ha disparado el precio de estas producciones con cotizaciones que llegan a alcanzar los 600 euros por tonelada.

Pero el impulso principal se lo ha dado la Comisión Europea que ha dado luz verde a una de las exigencias que más alto y claro se han escuchado en el campo español desde que los bombardeos comenzaron en Ucrania, considerado el granero de Europa. Bruselas ha flexibilizado algunos de los requisitos de su Política Agraria Común, entre ellos la obligatoriedad de dejar un 5% de las tierra sin cultivar para que se repongan los nutrientes y la composición química del suelo antes de otro tiempo de cosecha. Y así, como aprobó la Comisión el pasado miércoles, se permitirá "como una excepción única y temporal" la producción de cultivos destinados a la alimentación humana y animal en barbecho, manteniendo al mismo tiempo íntegramente el pago de ecologización a los agricultores. "Esto ampliará la capacidad de producción de la UE a pesar de la limitada disponibilidad de tierras fértiles", explicaban esta semana desde el Ejecutivo comunitario.

Andalucía ya ha hecho cálculos y estima que con el visto bueno de la Comisión Europea serán 100.000 las hectáreas de barbecho preparadas para recibir las semillas de girasol. Lo mismo sucede en Castilla-La Mancha y en Castilla y León, la principal productora de esta oleaginosa que el pasado año ocupó cerca los 251.000 hectáreas en esta región, cuya superficie destinada al barbecho se extiende por más de 500.000 hectáreas.

El cultivo de girasol sigue una tendencia a la baja en los últimos años en Aragón

Lo que suceda en Aragón todavía está por ver. Posibilidades hay. Según los últimos datos del Gobierno de Aragón, en 2021 las tierras sin cultivar por exigencia de las ayudas verdes de la PAC sumaron las 402.000 hectáreas, 372.000 en secano y 30.000 de regadío. Es cierto que no todos los suelos son aptos para un buen desarrollo de esta planta. Es cierto que la producción de girasol en la Comunidad ocupa en su mayoría tierras de secano. Y también es cierto que la productividad no suele ser elevada -ni en secano ni en regadío- lo que lastra su rentabilidad.

Con todas las ventajas e inconvenientes sobre la mesa, los agricultores aragoneses se lo están pensando. Una decisión que tendrán que tomar antes de que llegue el mes de mayo, momento en el que comienza su siembra.

Resiste bien el calor y es menos exigente en agua que el maíz. Sus costes son algo menores que otros cultivos de rotación porque también es menor la necesidad de abonos. Ayuda a combatir las malas hierbas, aguanta bien las tormentas de verano y sus raíces rectas y gruesas no solo conservan el agua con facilidad sino que como además también son profundas respetan los nutrientes de las capas más superficiales para que las absorban otros cereales.

A estas cualidades hay que sumar las posibilidades que añade el escenario actual, como recoge el Dosier de Cultivos de Verano 2021 (soja, maíz, girasol, alfalfa y arroz), elaborado por la red aragonesa de cultivos extensivos y leguminosas (Arax). Su precio se ha visto incrementado por el encarecimiento de los piensos ya que el incremento de las cotizaciones de los cereales ha revalorizado la torta y la harina de girasol y ha arrastrado también a la pipa al alza. Y el consumo del aceite de girasol ha disparado por el aumento de la demanda de la industria alimentaria: es líder en venta en la industria conservera de pescado y aquellos productos con alto valor oleico se han abierto paso en el sector de bollería, galletas y dulces varios así como en la producción de aperitivos, precocinados, snacks... para sustituir al denostado aceite de palma.

Girasoles en una explotación aragonesa.
Girasoles en una explotación aragonesa.
Plumed SL

Pero ahora escasea. La invasión de Rusia en Ucrania ha cerrado las puertas del granero de Europa, el mercado del que España importaba buena parte del girasol que consume. Y Bruselas ha tomado una decisión -muy exigida por el sector europeo en general y español en particular- que permitirá al cereal y las oleaginosas (maíz y girasol) extenderse por los hasta ahora obligados barbechos.

"Ahora podría ser el momento del girasol", señala Miguel Gutiérrez, jefe de la Unidad de Cultivos Herbáceos del Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA) del Gobierno de Aragón. Pero Gutiérrez añade un matiz: "Siempre y cuando se dieran determinadas condiciones". No basta solo con que puedan sembrarse los barbechos, porque no toda la tierra es apropiada para este cultivo. Como señala dicho informe, en España se siembra principalmente en tierras de secano, pero precisa de suelos bien drenados. De hecho, según los datos de la Red Arax el pasado año esta oleoginosa ocupó 13.626 hectáreas que produjeron casi 19.400 toneladas. La mayor superficie se localizó en Zaragoza, la provincia con más hectáreas de girasol (5.624,15 en primera cosecha y 903,83 en segunda), seguido de Teruel (4.707 en primera cosecha y apenas 170,77 en segunda) mientras que los regadíos de Huesca se llevan la mayor parte de la superficie sembrada de segundas cosechas (1.600 hectáreas, a las que se suman las 620 que ocupan las siembras en primera cosecha).

En un mercado al alza el precio de esta producción ha alcanzado los 600 euros por tonelada

Los inconvenientes

"Es en el secano donde podría haber una oportunidad para incrementar las siembras, como ya ha sucedido otros años, aunque lo cierto es que no se sabe todavía si se incrementará mucho o poco", explica Gutiérrez.

Hay varios motivos. "Los agricultores ya han hecho sus condicionantes de la PAC y, además, es un cultivo de secano de bajo rendimiento que tiene también un cierto riesgo de no cubrir las expectativas económicas de los agricultores", detalla el representante del CTA. Como ejemplo destaca que en zonas como Gallocanta, en Zaragoza, o en las tierras turolenses que lindan con Cuenca si no llueve en verano la producción apenas saldrá adelante y, en el mejor de los casos, el rendimiento será tan solo de entre 700 y 900 kilos por hectárea. "Eso es lo comido por lo servido", añade Gutiérrez.

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Más complicado es que se produzca un incremento de las siembras en el regadío. Dependerá de muchos factores, destaca el técnico. El principal, que haya agua suficiente para cubrir las necesidades del cultivo, pero también habrá que tener en cuenta los costes porque, probablemente y debido al importante desembolso que hay que hacer para producir maíz, se reduzca la extensión ocupada por este cereal. "Pero esta es una decisión que el agricultor está tomando ahora", explica Gutiérrez, que matiza que hay que tener en cuenta que el girasol no es un cultivo que guste mucho en el regadío. "Los agricultores lo ponían más por una cuestión de rotación, por un tema de herbicidas o porque no tenían volumen suficiente de agua", matiza.

Lo evidencian las cifras. Los datos recogidos en el dosier de Arax muestran cómo el cultivo de cereal ha ido retrocediendo de los campos aragoneses en los últimos años. De hecho en 2018 fueron 13.341,49 las hectáreas cultivadas en primera cosecha, una cifra que se redujo a las 10.952,11 el pasado año. Un descenso que se produce tanto en tierras oscenses como en Zaragoza. Solo Teruel experimenta un ligera crecimiento.

También en segundas cosechas, esta oleaginosa ha perdido terreno. Si hace cuatro años la superficie ocupada era de 4.754,64 hectáreas, esta cifra se había reducido casi a la mitad -2.674,67 hectáreas- en la pasada campaña. De nuevo es la provincia turolense la que evita los descensos, que sí se producen en Huesca y Zaragoza.

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"Mucha indecisión"

Para Gutiérrez, a pesar de las posibilidades que ofrece la apuesta por este cultivo, es aventurado predecir lo que sucederá esta próxima campaña. "Hay mucha indecisión. Los agricultores se lo están pensando", afirma. Porque el productor, añade, tiene muy en cuenta los aspectos económicos, está preocupado por los gastos y por la rentabilidad y todavía tiene muchas dudas en ese sentido.

Y es que, como advierte Gutiérrez, hay que dejar atrás algunos mitos que rodean al girasol. Es verdad que es un cultivo muy rústico, con condiciones agronómicas muy adecuadas para la rotación, pero se trata de una producción que ha evolucionado enormemente y ofrece muchas más capacidades, con variedades oléicas o alto oléicas, linoléicas y con resistencia a los herbicidas. "La tecnología ha aumentado mucho para que el agricultor tuviera a su disposición una mayor variedad de semillas, pero esa tecnología es cara, con lo que no resulta barato (aunque lo sea más que el maíz), porque tiene gasto en semilla, fertilizantes, agua...", explica el técnico del CTA. Para ilustrar el argumento insiste en que obtener rendimientos de 3.000 kilos por hectárea es regadío "es complicado" porque no tiene una gran capacidad de producción, como tampoco la tiene en secano donde, si el verano no es generoso en lluvias, "te puedes quedar con 500 o 700 kilos por hectárea".

En estos momentos los agricultores no han decidido si apostarán por este cultivo

Por todo ello, para saber si el permiso europeo para sembrar los barbechos con oleaginosas que permitan amortiguar la pérdida del mercado ucraniano y ruso tiene éxito en Aragón habrá que esperar hasta finales de abril o comienzos de mayo, momento en el que comienza la siembra del girasol en primera cosecha. No será hasta junio cuando los agricultores tengan que tomar la decisión de continuar con un maíz de segunda cosecha o sustituir este cereal por la ahora preciada oleaginosa.

"Aunque quedan casi dos meses de incertidumbre", matiza Gutiérrez, que se muestra convencido de que en estos momentos y con los costes de las materias primas, de los fertilizantes, los carburantes y la energía por las nubes en lo que más piensan los agricultores es "en no hacer nada, en no sembrar, en sacar adelante el cultivo que ya tiene y esperar a ver qué pasa".

El momento (o no) de diversificar los cultivos que ocupan los secanos extensivos

Hay cooperativas aragonesas que trabajan con el girasol, pero la presencia de este cultivo en las tierras de sus socios continúa siendo todavía muy residual. La oportunidad que se presenta con la aprobación de Bruselas para permitir que los barbechos acojan semilla de esta oleaginosa podría impulsar el cultivo, pero el sector no lo tiene tan claro.

Asegura la directora técnica de Cereales Teruel que en esta cooperativa ya se hace "algo" de girasol (unas 2.000 hectáreas), "menos de lo que nos gustaría", matiza Araceli Sierra. Explica que esta cooperativa lleva unos años intentando diversificar cultivos, pero reconoce que cuesta que esta producción cale en las opciones de los agricultores porque en la provincia bajoaragonesa "se siembra tarde" y en secano, por lo que si en verano no llueve los resultados no suelen ser satisfactorios.

Sierra cree que la oportunidad que la decisión de la Comisión Europa "hará que haya gente que se lance a sembrar". No considera, sin embargo, que los incrementos sean muy exagerados, aunque reconoce que este momento podría potenciar la expansión de esta producción en los secanos extensivos. Pero, eso sí, matiza a pesar de la indecisión que hay en el sector, la cooperativa está preparando la campaña y difundiendo la variedades más interesantes, aun con la incertidumbre que supone que con la crisis se suministros que hay actualmente "haya superficie para sembrar pero no nos lleguen las semillas".

En Campo de Daroca, donde se encuentra La Cumaga, también se produce girasol (algo más de 1.000 hectáreas), pero se utiliza sobre todo como un cultivo de rotación, explica Luis Luna, gerente de la cooperativa.

Luna no cree, sin embargo, que en esta zona dicha oleagonisa se extienda por los barbechos, porque las tierras que se retiran no son precisamente adecuadas para este cultivo que exige buenos suelos. "En nuestros secanos no lo veo", asegura el gerente de La Cumaga, que considera que la expansión de esta producción será más evidente en Andalucía o en las dos Castillas.

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