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Carmen Nogués, una aragonesa en Shanghái: “Estamos reviviendo los inicios de la pandemia”

Todo comenzó a mediados de febrero de 2022, de nuevo en Wuhan, donde se experimentó un nuevo brote de la variante Ómicron.

Carmen Nogués, sometiéndose a una de las pruebas de coronavirus obligatorias.
Carmen Nogués, sometiéndose a una de las pruebas de coronavirus obligatorias.
Heraldo

Han pasado más de dos años desde que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se notificase oficialmente el primer brote de coronavirus (covid-19) registrado en Wuhan (China) el 31 de diciembre de 2019. Sin embargo, mientras todo el mundo observa con detenimiento lo que ocurre en Ucrania, desde el pasado mes de febrero en el gigante asiático vuelven a repetirse imágenes que nos trasladan a esos momentos de incertidumbre.

“Cuando todos creíamos que el virus estaba oculto y que su incidencia era mínima; ha vuelto a resurgir de su agujero negro”, admite Carmen Nogués, zaragozana que vive en Shanghái junto a su marido, Carlos Holgado; desde el año 2016.

Todo comenzó a mediados de febrero, de nuevo en Wuhan, donde se experimentó un nuevo brote de la variante ómicron. “Enseguida saltó la alarma porque ya tenemos la experiencia de lo que es convivir con él. Por eso vuelven los recuerdos de cómo se vivió aquello, de lo que podía volver a suceder y de lo que nadie creíamos que podríamos volver a vivir”, admite Carmen. Desde entonces, los casos de contagio por esta variante aumentan rápidamente y vuelven las restricciones más fuertes a las regiones más afectadas, entre ellas, Shanghái.

Cada 48 horas, muchos ciudadanos chinos han de dirigirse a los puestos de pruebas de Coronavirus ubicados en distintos puntos de la ciudad
Cada 48 horas, muchos ciudadanos chinos han de dirigirse a los puestos de pruebas de Coronavirus ubicados en distintos puntos de la ciudad
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En esta ciudad han regresado las pruebas masivas a pie de calle, obligatorias para toda la población, sin excepción, así como las clases online, el teletrabajo, y el cese de las actividades culturales. También se ha limitado el horario de gimnasios y centros comerciales. Aunque en un principio las medidas se aplicaron por barrios atendiendo al nivel de afección de cada zona. “En los que hay más casos se cerraron escuelas y academias, bibliotecas, cines, teatros… y los restaurantes y cafés vuelven a servir tan solo a domicilio”, explica la zaragozana.

Sin embargo, la rápida expansión del virus provocaba que el pasado 14 de marzo -fecha que marcó el inicio de la pandemia en España hace dos años- se decretase el cierre de todos estos espacios en la ciudad. “Esto ya es una muy mala señal”, admite, preocupada. Y es que, mientras la ciudad se blinda -con excepciones, pues por ahora tan solo se recomienda salir “solo cuando sea necesario”-, el clima de miedo e incertidumbre en la calle se dispara.

Carmen y su marido, en uno de los puestos de control de Shanghái.
Carmen y su marido, en uno de los puestos de control de Shanghái.
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Cada 48 horas, muchos ciudadanos chinos han de dirigirse a los puestos de pruebas de coronavirus ubicados en distintos puntos de la ciudad, distribuidos por distritos o barrios. Han vuelto las PCR masivas y sus consecuencias: Si aparece un contagio, el bloque de vecinos queda automáticamente confinado. “Es bastante injusto y muy restrictivo”, reconoce.

“Aquí está muy extendido el reparto a domicilio, ahora es la única alternativa. Por lo tanto, en las urbanizaciones el ir y venir de motoristas con pequeños recados (los kuaidis) es constante”, relata Nogués. Algo que no ocurría en 2020, cuando estos paquetes se dejaban en unas estanterías habilitadas en los exteriores de estos complejos. “Los conductores de autobús han vuelto a vestir EPIS para trasladar a los nuevos contagiados a hospitales u hoteles destinados al confinamiento”, añade.

Más de dos años sin volver a casa

A sus 52 años, en 2016 esta ingeniera aragonesa decidió dar un giro a su vida, junto a su marido, el también zaragozano Carlos Holgado (60). Fue tras un viaje como turistas a China, en el año 2005. Reconoce que se enamoraron de su cultura y sus gentes, por lo que decidieron, nada más volver a casa, apuntarse a estudiar su idioma. En 2014 comenzaron a colaborar con una ONG en Shanghái. Nueve años después de su primera visita; vendieron la imprenta que regentaban en Zaragoza y decidieron comenzar una nueva vida allá, donde regentan una consultora de cultura y deporte con la que colaboran con el Instituto Cervantes y centros educativos locales.

Desde su llegada al gigante asiático han procurado volver a casa dos veces al año. Premisa que no han podido seguir desde finales de 2019. “Desde entonces no hemos podido viajar a España y, por el momento, parece que va a ser complicado. Ojalá pronto se acabe todo esto”, concluye.

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