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El viaje de Tarazona a Polonia regresa este domingo con 60 desplazados

La caravana humanitaria, con 18 chóferes voluntarios, inició el camino el pasado miércoles y ha recorrido 6.000 kilómetros.

Un voluntario y un niño.
Un voluntario y un niño.
M. T.

La caravana humanitaria que partió el pasado miércoles al mediodía desde Tarazona a Polonia con nueve furgonetas y tres camiones cargados de alimentos, ropa y medicamentos regresa este domingo con 60 desplazados por la guerra de Ucrania. Atrás quedan los cerca de 6.000 kilómetros de un viaje de cuatro días en los que no ha habido casi tiempo de descanso. Regresan con el corazón encogido por las terribles historias que narran sus acompañantes, que dejan en su país vidas, familiares y amigos para empezar de nuevo en un lugar desconocido.

Uno de los promotores de esta iniciativa, Miguel Taus, decidió hace poco más de una semana aportar su granito de arena para apoyar a quienes están sufriendo el conflicto bélico. Una misión a la que se fueron sumando empresas y particulares de Tarazona y de localidades próximas. El convoy llegó a la frontera polaca con Ucrania el viernes por la mañana y, tras completar los trámites administrativos, emprendieron la vuelta. Allí, recuerda, tuvieron que alquilar un coche para traer a cuatro familiares de uno de los refugiados que estaba previsto que iniciara el viaje. Finalmente, regresan con 60 personas, entre ellas 24 niños, 34 mujeres y dos hombres.

Desde Tarazona salieron con 18 chóferes voluntarios, que se han ido turnando al volante para parar lo mínimo y completar el viaje en el menor tiempo posible. Ayer al mediodía habían pasado Alemania y detuvieron el convoy para comer en un área de servicio del norte de Francia. Su intención era llegar por la noche a San Sebastián, donde el Obispado les cedía espacio en un colegio para dormir. La previsión es que lleguen hoy al Seminario de Tarazona, donde se alojarán de forma temporal hasta que se les asigne una vivienda.

Los organizadores, visiblemente emocionados por lo vivido, relataban ayer la pesada carga de quienes huyen del horror de una guerra. Una de las mujeres, relataron, «viaja para dejar a salvo a su único hijo, de 10 años, para volver con su marido y sus padres a defender su país. Viene una farmacéutica a la que han bombardeado su negocio, una psicóloga que deja allí su trabajo y a su familia, unos ganaderos a los que han arrasado su pueblo. Hay niños pequeños, gente muy destrozada que no deja de pensar en lo que han dejado en su país».

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