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San Martín de la Virgen del Moncayo se vuelca con Kolia: "Sus vidas se han roto por completo"

El pueblo recauda más de 7.000 euros para ayudar a un ucraniano que estuvo 15 años acudiendo los veranos de acogida. El joven busca la manera de que su mujer y sus hijos viajen hasta Aragón.

Kolia e Irina, con sus hijos Iván, de 5 años, y Ana, de solo 7 meses.
Kolia e Irina, con sus hijos Iván, de 5 años, y Ana, de solo 7 meses.
Heraldo

Kolia pisó por primera vez San Martín de la Virgen del Moncayo a los tres años. Desde entonces, todos los veranos viajaba desde Ucrania hasta este rincón de Aragón, donde era recibido por su familia de acogida, pero también por el pueblo entero. Ahora, ese niño tiene ya 24 años, una mujer y dos hijos. Viven a 100 kilómetros de Kiev, aunque la guerra les ha obligado a refugiarse en una zona rural.

A 2.700 kilómetros de la guerra, a los pies del Moncayo, San Martín sigue los bombardeos de Ucrania casi como si ellos mismos estuvieran amenazados. “Todos somos una piña en torno a Kolia. Tiene muchos amigos aquí, todo el mundo le ha visto crecer y siempre han sido muy cariñosos con él. Ha jugado con todos los niños, ha ido a los cumpleaños, todo el mundo le decía cosas bonitas... Ahora todos estamos muy preocupados, siguiendo las noticias de la guerra y esperando noticias suyas”, explica Mari Paz Lamata, su madre de acogida en San Martín de la Virgen del Moncayo.

Lo que saben, de momento, es que Kolia y su familia dejaron su ciudad, Pereiaslav, situada 87 kilómetros al sureste de Kiev. Se fueron a una zona rural para estar más tranquilos, pero la situación allí tampoco es buena. “Están bombardeando cerca”, señala Lamata. Él no tiene permitido salir del país, porque le pueden llamar a filas en cualquier momento. Pero está buscando la manera de que Irina, su mujer, y sus dos hijos -Iván, de 5 años, y Ana, de solo 7 meses- puedan volar hasta España y llegar a San Martín de la Virgen del Moncayo.

Una situación increíble de imaginar hace apenas un mes. “Él decía que no se iba a atrever (en referencia a Putin) a entrar en el país, que no iba a pasar nada. Pero conforme pasaron los días se dieron cuenta de que esto iba en serio”, señala Lamata, quien lamenta “esta guerra inútil y penosa para Ucrania y para todos”.

Este pueblo, de poco más de 250 habitantes, se ha volcado con la familia. Sus amigos más cercanos hicieron una recaudación exprés cuando empezó la guerra y le pudieron mandar unos 1.300 euros. El Ayuntamiento también se puso las pilas y abrió una cuenta que ya roza los 6.000. Incluso ha habido personas mayores que han dado dinero sobre en mano para destinarlo a esta causa. Los fondos servirán para pagar los billetes de avión de la familia y, en caso de que sea necesario, para asegurar su manutención durante las primeras semanas. “Nos sentimos abrumados por la respuesta que ha tenido la gente. Los vecinos de San Martín saben que ese dinero, aunque suene duro, puede salvarles la vida”, señala Asun Gracia, concejala de Bienestar Social del Consistorio. “Kolia es el nombre propio que ponemos en San Martín a esta guerra”, apunta.

La localidad de la comarca de Tarazona y el Moncayo tiene todo listo para acoger a esta familia. Si los planes salen bien, Irina vendrá con sus dos hijos y también con su hermana y su sobrino de 10 años. Mari Paz Lamata les va a proporcionar a todos ellos un primer techo, mientras se les busca una ubicación definitiva. “Los niños irán al colegio y el pueblo les arropará a ellas, porque sus maridos se tienen que quedar en Ucrania, así que van a necesitar mucha ayuda psicológica. Están muy afectados, hay que tener en cuenta que sus vidas se han roto por completo”.

En San Martín esperan que puedan viajar en las próximas horas, pero no hay certezas. Las comunicaciones con Ucrania son complicadas, pero lo último que han sabido es que Kolia estaba buscando la manera más segura de rodear Kiev y llegar hasta el aeropuerto. “Nuestro mayor dolor es que él no pueda venir”, apunta Lamata. Para ella, y para todo el pueblo, el momento más esperado será el de volver a ver en San Martín del Moncayo a ese niño que con 3 años llegó por primera vez de acogida gracias a la Asociación de Asistencia a la Infancia. 

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