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Vuelven los problemas a la calle Dato: "A este paso pondré el piso a la venta"

La reapertura de un bar clausurado ha hecho que regresen el ruido y los incidentes. El viernes, alguien reventó el cristal de un portal. Lo mismo ocurrió recientemente en otro de la cercana calle Fita.

Cristal roto en uno de los portales de la calle Dato durante el pasado fin de semana.
Cristal roto en uno de los portales de la calle Dato durante el pasado fin de semana.
Heraldo

La fotografía de dos policías locales clausurando, cinta en mano, un local de ocio nocturno de la calle de Eduardo Dato resultó todo un símbolo. Era uno de los cuatro bares que cerró el Ayuntamiento de Zaragoza en varias zonas por varios incumplimientos. Sin embargo, menos de dos meses después, los problemas han vuelto a la calle de Eduardo Dato de Zaragoza. La reapertura de ese mismo local ha supuesto el fin de la breve tregua que tuvieron los vecinos. El pasado fin de semana regresaron los ruidos, las mediciones de sonido, la presencia de decenas de personas en la calle… y los incidentes, con el cristal de un portal de casi dos metros reventado en plena madrugada.

Las familias que residen en este céntrico vial, a 20 metros de Gran Vía, están hartas. “Estamos desesperados, ya no sabemos qué hacer”, cuenta Gabriel, que prefiere usar un nombre ficticio para evitar problemas con los dueños de los locales. “Hay vecinos que se han ido de aquí, que han puesto en alquiler el piso y se han marchado. Y yo estoy pensando en ponerlo a la venta, porque esto es insoportable”, comenta.

Esta calle lleva varios años sufriendo las molestias que causan varios locales de ocio nocturno. La zona ha tenido episodios de violencia, que han derivado en dos muertes, la última en el mes de mayo de año pasado. El ruido y los incidentes son constantes, lo que ha empujado a los vecinos a llamar a las puertas del Ayuntamiento de Zaragoza y de la Delegación del Gobierno. “Pero uno le pasa la culpa al otro, y viceversa”, lamentan los propietarios, que se sienten “totalmente indefensos” ante esta situación.

El cierre de uno de los locales más conflictivos fue todo un alivio el pasado mes de diciembre. Sin embargo, la paz duró poco, ya que la jueza admitió las medidas cautelares que pidieron sus propietarios, por lo que el local ha vuelto a abrir. Y con él, han regresado los problemas. Lo ha hecho, además, con un público nuevo y -según dicen los vecinos- con nuevos dueños, que han atraído a clientela africana, cuando hasta ahora era latina.

“Han puesto un empleado en la puerta de nuestro portal para vigilar si entra la policía a hacer mediciones de ruido”, señala Gabriel. El pasado fin de semana llamó a la policía para que midiera el ruido que entraba en sus viviendas tanto el viernes como el sábado. El primer día, dio positivo las dos primeras veces, pero a la siguiente dio negativo -son necesarias tres para seguir adelante con el procedimiento-. El sábado se superaron los niveles establecidos en las tres, pero al hacer la medición en vacío -sin gente en el local- no se superaron la diferencia de decibelios que son necesarios para seguir adelante con el procedimiento sancionador.

Exterior del local conflictivo durante una noche del pasado fin de semana.
Exterior del local conflictivo durante una noche del pasado fin de semana.
Heraldo

Tanto la calle Dato como la calle Fita (paralelas entre sí) sufren desde hace décadas los problemas que genera el ocio nocturno. Los vecinos de la calle Fita también sufrieron recientemente la rotura del cristal de la puerta de uno de sus portales. El ruido de los bares, los botellones que se forman en el exterior de los locales y varios episodios de robo y violencia han colmado la paciencia de muchos, que se sienten “indefensos” ante esta situación.

Según han denunciado en varias ocasiones, tanto públicamente como ante las autoridades competentes, la zona se está deteriorando gravemente por estos incidentes. Aunque la vigilancia policial suele estar presente en algún momento todos los fines de semana, no parece suficiente para permitir a estos vecinos que los fines de semana, por sistema, se conviertan en un problema.

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