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Los jardines (llenos de charcos) del ministro de Consumo

Es la última polémica provocada por Garzón, pero no la única. Sus campañas han ofendido no solo al sector primario sino también al turismo y o a los jugueteros.

El ministro de Consumo, Alberto Garzón
El ministro de Consumo, Alberto Garzón
Lola Pineda / Europa Press

Fue el pasado 26 de diciembre cuando el ministro Alberto Garzón se convertía en protagonista de un artículo publicado en el diario británico ‘The Guardian’ en el que atacaba a la ganadería intensiva y desataba la caja de los truenos. Le llovieron críticas del sector productor, de las industrias, de máximos representantes de las Comunidad, entre ellos el presidente aragonés Javier Lambán, de los partidos de la oposición, de cooperativas, de veterinarios, de ingenieros agrónomos y peritos agrícolas... Y quince días después aún se escuchan los ecos de todas esas quejas.

Ha sido su última polémica. Pero no la única. No es la primera vez que el titular de Consumo se mete en un jardín que enerva al sector primario. En julio de 2021 se le ocurrió lanzar la campaña ‘Menos carne. Más vida’, acompañada de un vídeo que él mismo protagonizó y publicó a través de las redes sociales en el que pedía reducir el consumo de carne por el bien de nuestra salud y la del planeta. Argumentaba la recomendación asegurando que el 14% de las emisiones de gases de efecto invernadero proceden de la ganadería y que para que tengamos un kilo de carne de vaca se requieren 15.000 litros de agua. Le llovieron las críticas y el charco que pisó el ministro salpicó incluso al Gobierno, que tuvo que salir a desautorizar sus palabras.

No han sido los ganaderos los únicos agraviados por las palabras de Garzón. Señaló a las bebidas refrescantes como culpables de graves problemas de salud en niños. Y el sector del aceite y las cárnicas del porcino no ahorraron en críticas cuando el ministro presentó el sistema de colores de Nutriscore, que cataloga los efectos para la salud de los alimentos con etiquetas en las que el aceite de oliva, el jamón ibérico y el queso aparecían como lo peor de lo peor por sus elevados niveles de azúcar o de grasa. Tal fue la polémica que Garzón tuvo que recular.

El ministro no solo ha pisado charcos en el sector primario. Se creó enemigos cuando dijo que el turismo es un sector precario y estacional que crea poco valor añadido, y llenó de memes (y críticas) las redes sociales con su última ‘huelga de juguetes’, con la que quería concienciar a las familias sobre la importancia del juego en el desarrollo de la infancia y sobre el impacto negativo de la publicidad sexista.

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