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tribunales 

El juez envía a prisión al violador detenido por atacar y robar a una pareja en el parque Grande de Zaragoza

El delincuente iba provisto de un cuchillo, grilletes, pasamontañas, preservativos y un spray de defensa

La agresión a la pareja sucedió la madrugada del miércoles en el Jardín Botánico del parque Grande.
La agresión a la pareja sucedió la madrugada del miércoles en el Jardín Botánico del parque Grande.
Guillermo Mestre

El violador reincidente Óscar Castillo Serrano duerme de nuevo en prisión, un lugar que no le es nada desconocido, puesto que de los 50 años que tiene este zaragozano más de la mitad se los ha pasado entre rejas. No en vano, la última condena que recibió fue una de 106 años que la Audiencia Provincial de Soria le impuso por once delitos de agresión sexual, tres de retención ilegal, cinco robos con violencia y un allanamiento de morada.

Ahora ha entrado de nuevo, de manera provisional tras ser detenido en la madrugada del miércoles una hora después de haber atacado a una pareja en el Jardín Botánico del parque Grande. El asaltante les robó algo de dinero y un paquete de tabaco, pero sus intenciones, que no llegaron a consumarse porque los jóvenes consiguieron quitárselo de encima, parecían ser otras mucho más graves. Al menos así lo indican los efectos que tenía en su poder: un cuchillo, unos grilletes, un spray de gas pimienta, dos preservativos y toallitas húmedas. Además, se cubría la cabeza con una media y una braga de cuello.

Escondido entre matorrales 

Tal y como adelantó ayer HERALDO y confirmó la Policía Nacional, a pesar de que el Jardín Botánico está en obras y hay carteles que indican que no se puede pasar, la pareja se coló para pasar un rato dentro. Sobre las 2.40, un hombre, que luego resultó ser Castillo, salió de entre los matorrales en los que estaba escondido y los abordó. Los jóvenes le ofrecieron cerveza de la que estaban bebiendo, pero él acabó sacando un cuchillo (arma que siempre ha usado en sus agresiones sexuales) y los intimidó para que se tiraran al suelo, lo que no hicieron, aunque les quitó los efectos que llevaban encima.

Poco más tarde, a las 3.20, esta misma persona, según la Policía, forzó la persiana y la puerta de acceso de un bar en la calle de las Flores, y sustrajo dinero de la máquina tragaperras, bebidas alcohólicas y tabaco. Dos agentes de la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana, en labores de prevención de la delincuencia, lo vieron entre dos coches en el parque Miraflores y le dieron el alto. Sin embargo, el sospechoso los rocío con un spray pimienta y se resistió fuertemente a la detención. De hecho, lo agentes tuvieron que acudir al hospital para recibir asistencia médica.

La pareja asaltada acudió a denunciar los hechos a la comisaría de Delicias y reconoció los efectos que llevaba el agresor. Este jueves fue puesto a disposición judicial y el titular del Juzgado de Instrucción número 7, Rafael Lasala, en funciones de guardia, decretó su ingreso provisional en la cárcel de Zuera como presunto autor de dos robos, uno con violencia y otro con fuerza, y un atentado contra la autoridad. También le atribuyen otro delito de quebrantamiento de condena, pues la llamada que efectuó desde la comisaría fue a la mujer con la que ha convivido en los últimos tiempos y de la que tiene una orden de alejamiento y prohibición de comunicarse.

Prisión de Villabona (Asturias) 

Castillo vive en Asturias, en cuya prisión de Villabona acabó de liquidar la condena por las violaciones de finales de los 90. Aunque la pena fue de 106 años, el agresor permaneció en prisión 20, el límite máximo por ley. Empezó a cumplir en 1999 y salió de la cárcel en octubre de 2019, según Instituciones Penitenciarias. Al parecer, es en Asturias donde ha vivido desde que está en libertad, pero esta semana se trasladó a Zaragoza con intención de visitar a sus padres que están enterrados en el cementerio de Torrero.

Durante su declaración ante el juez, en la que estuvo asistido por el abogado del turno de oficio Noé Gabás, Castillo negó los hechos salvo la agresión con el spray, la cual asumió alegando que le entró «pánico» cuando vio a los policías. Justificó su posesión diciendo que era para su «defensa personal». De los grilletes dijo que se los había encontrado por ahí, al igual que el cuchillo. Del resto de efectos afirmó que eran para su uso personal.

"Los agresores sexuales se comportan bien en la cárcel"

El anterior director del centro penitenciario de Zuera, Luis Lozano, contó ayer que conoció a Óscar Castillo Serrano, aunque «estuvo poco tiempo» en la cárcel que dirigía. «Los violadores son peligrosos para la sociedad aunque se comportan bien el cárcel, donde son casi como ordenanzas. Pero al salir a la calle, no pueden evitar la obsesión por violar. Es muy difícil su tratamiento sociológicamente», señaló Lozano, de acuerdo con su experiencia. Recordó que en países como Suecia aplican medidas como la castración química a los reincidentes.

En casos como el de Castillo siempre surge la polémica por el tiempo que deben permanecer en la cárcel si son peligrosos y que control debe ejercerse. «Los límites de las penas son cuestión del legislador. Esta persona fue condenada a 106 años pero, como dispone el Código Penal en su artículo 76, ha cumplido veinte, que es el máximo que fija la ley», ilustraron fuentes jurídicas. Hay excepciones que permiten elevar ese margen, pero no se dan en este caso. Estas fuentes advierten de que «tiene que haber un límite de pena en todos los delitos»

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