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Eduardo Pisa, el autónomo que duerme en un coche en el Pirineo: “He venido aquí para que mis hijos puedan comer”

El aumento de contagios de covid y las medidas sanitarias adoptadas para frenarlos han puesto contra las cuerdas a autónomos como este aragonés que, desesperado, compartía su realidad a través de las redes sociales.

Eduardo Pisa
Eduardo Pisa
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Desde Formigal, en lo alto de un hotel de cuatro estrellas –“en el que yo no me alojo, por cierto”, destacaba-, el discjockey zaragozano Edu Pisa de 43 años, que regenta una empresa de espectáculos desde hace 15 años, Pin Pan Producciones, compartía su realidad, desesperado, a través de las redes sociales y pedía soluciones a las Instituciones urgentes para los pequeños autónomos dedicados al ocio y la cultura: “Ojalá a alguien le haga pensar y cuando abran los regalos de sus hijos que se acuerden de los míos”.

El empresario, que lleva varios años subiendo a trabajar al Pirineo  como una actividad extra, decidía explicar su situación en un vídeo en un momento de desesperación. “Estaba desesperado, la situación es muy complicada y nadie nos está escuchando. Siempre pagamos el pato los que nos dedicamos a la noche, y yo creo que ya vale. Necesitamos comer y somos muchas familias afectadas por esta situación”, asegura el zaragozano que ha pasado de tener una treintena de trabajadores a su cargo  a no tener ninguno en casi dos años.

Las recientes medidas adoptadas por las autoridades sanitarias tras el gran repunte de contagios han puesto contra las cuerdas a muchos autónomos como el aragonés quien en el vídeo lamentaba que la situación tras un año y medio desde el inicio de la pandemia comienza a ser insostenible: “Entiendo perfectamente que se tomen medidas por la pandemia, pero cuando haya que tomarlas, que se tenga en cuenta la realidad de quienes, como yo, nos quedamos sin nada”.

A 200 kilómetros de casa, solo por Navidad, y tras perder las cinco actuaciones -cifradas en 7.500 euros- que le iban a permitir mantenerse, al menos, hasta el próximo mes de marzo, este vecino de Fuentes de Ebro decidía trasladarse a las pistas para trabajar en dos locales, en la terraza de un hotel por las tardes y en un pub por las noches. 

“Las cifras de contagios, el miedo y todo lo que está ocurriendo de nuevo ha hecho que se hayan ido cayendo las fechas. Ahora me toca esperar una vez más a ver qué pasa”, lamenta.

“Estoy en la azotea de un hotel de 4 estrellas en el que teóricamente hoy se iba a inaugurar una terraza en la que iba a trabajar cada tarde, antes de cenar. Yo no estoy alojado aquí -decía girando la cámara hacia un parquin cercano-. Mi habitación está por allá, es uno de esos coches. He venido aquí a intentar llevar algo de dinero a casa para que mis hijos puedan comer”, lamentaba en la grabación.

Pisa recuerda que son muchos quienes han seguido pagando sus gastos, cuotas de autónomos y sus vidas “comprendiendo en todo momento lo que estaba ocurriendo”, sin embargo, reconoce que su paciencia comienza a llegar al límite. “No sé hasta qué punto vamos a aguantar. Yo creo que ya vale, me parece estupendo que se tomen las medidas necesarias, pero ¿qué pasa con mis gastos? ¿solo pago autónomos? No nos pueden dejar tirados”, reivindica.

Preocupado por una situación que parece que vuelve a repetirse, el aragonés reconoce sentirse entre la espada y la pared, sin recursos para mantenerse, algo que, recuerda, están viviendo muchos pequeños autónomos en toda España, sobre todo vinculados al mundo del espectáculo, el ocio y la cultura. “¿Qué pasa con nosotros? ¿No tenemos derecho a comer?”, afirmaba en el vídeo. “Esto me está superando. Somos muchas familias las que estamos pasando por esto, nos estáis jodiendo la vida, no por las medidas sino por las pocas ayudas”, destacaba.

Este mismo martes, 28 de diciembre, el sector del ocio nocturno se concentraba frente la sede del Gobierno de Aragón asegurando que las pérdidas que registrará el sector tras las medidas adoptadas podrían alcanzar los 2 millones de euros en Nochevieja. Una concentración a la que acudía el zaragozano. “De momento regreso a Formigal porque en el local en el que me han contratado han decidido apostar por abrir, aunque sea dos horas. Eso sí, no sé si estaremos un día, dos o una semana. Hemos tenido que aprender a vivir en la incertidumbre, al menos mientras podamos”, concluye. 

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