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Artal o el 'corazón partío' que late en Albalate del Arzobispo

Los creadores de la Almazara Artal son de Escatrón y Alborge, pero encontraron un sitio en la localidad turolense para asentarse y dejar de molturar sus aceitunas en casas ajenas: la decisión les ha traído una cascada de premios.

Lo de la Almazara Artal ha sido llegar y besar el santoral. No solo por los premios, que también, sino por el reconocimiento de los consumidores y las excelentes perspectivas del futuro a corto y medio plazo. Todo ello a pesar de la pandemia. No está mal, desde luego. Vayan los premios por delante. Oro y premio al mejor almendrado dulce para el Aceite de Marta (AOVE) en el certamen Terraolivo de Jerusalén (Israel), consagrado al mejor aceite de oliva del Mediterráneo; idénticos galardones en el Evo International Olive Oil Contest, organizado anualmente en diferentes sedes dentro de Italia (el próximo, en mayo, será cerca de Nápoles) y aceite del año para la Denominación de origen Bajo Aragón, reconocimiento extensivo a toda la almazara.

"Ángel Artal y María Pilar Germán –apunta Arantxa Garín, maestra almazarera de la firma– plantaron olivos en Escatrón, pueblo de Ángel, y Alborge, pueblo de María Pilar. De eso hace 20 años, más o menos; luego fueron sumando terreno y ampliando las plantaciones. Se comenzó con empeltre en intensivo en Escatrón, ideada en principio para aceituna de mesa; en Alborge, por probar otra forma de producción, optaron por la arbequina en superintensivo, para recolectar con cosechadora y dedicarla al aceite. Llevaban a molturar a diferentes almazaras, pero con el paso de los años Ángel decidió que iba siendo hora de montar la suya; pensó en Escatrón, pero surgió la oportunidad en Albalate con un terreno ocupado por una almazara que no duró mucho; ya tenía la licencia de actividad y pudo adquirirla para comenzar allá".

Poco después, Almazara Artal sumó otra nave a la existente. "Yo era amiga de la familia, y me propuso llevar la gestión de la almazara; tiene otras empresas y no llegaba a todo. En cuatro meses se acabó de construir, el Ayuntamiento apoyó en todo; el 6 de noviembre de 2019 acabó la obra y el 7 ya estábamos molturando. Al poco de acabar la cosecha, allá por febrero, llegó la covid. Nos esperaba un año raro, pero más allá de los problemas lógicos pudimos trabajar bien en la extensión de la comercialización, tanto a granel como embotellado. En este 2021 se ha consolidado la apuesta, y además han llegado todos esos reconocimientos, aunque como dice un colega, el mejor premio es tener toda la bodega vendida cuando aún se está en cosecha; lo hemos conseguido".

Almazara Artal exporta a Italia, Francia y Portugal. "En noviembre estuvimos en la feria de Shanghái con varios aceites, hemos registrado la marca en Asia y la idea es ampliar por allá. Se han hecho ventas a particulares en otros países, pero no una exportación propiamente dicha como a los tres que te he citado. El futuro es prometedor, pero obviamente llegarán momentos y circunstancias difíciles. Lo bueno es que ponemos la calidad por delante, y entiendo que es el modo correcto de actuar; así seguiremos creciendo". 

Almazara Artal

Profetas en su tierra, en la tierra prometida y en el país de cierta capital a la que antiguamente llevaban todos los caminos. No para de triunfar la firma que ha crecido exponencialmente en Albalate del Arzobispo desde que decidió hacer menos kilómetros con sus aceitunas recién cosechadas, y producir en casa el oro líquido que ha dejado la impronta de ese metal dorado en los diplomas de sus paredes.

Se hace camino al andar

"Está siendo agotador y gratificante al mismo tiempo, pero me quedo con la parte positiva, claro"
Almazara Artal
Arantxa supervisa cada detalle del proceso.
Laura Uranga

Arantxa habla con una sosegada mezcla conceptual; una parte positivista de manual, dos de corrección formal y una de seguridad aplastante en el valor de su producto. "Ha sido un año de recoger el fruto del esfuerzo, personal y de todo el equipo, desde el campo a la almazara". Utiliza el mismo perfil de aproximación a su propio puesto en la empresa. "Lo de maestra almazarera llama mucho la atención, pero es simplemente la persona que se encarga de coordinar cada actividad aquí dentro, desde la molienda a generar las catas o decidir qué va a cada sitio; lo que viene a ser el antiguo trabajo del molinero, mezclado con el de un técnico de laboratorio".

Con esa misma rotundidad, aclara que "lo importante en este trabajo, sobre todo lo demás, es saber catar; todos los procesos son diferentes, pero en la cata puedes llegar a diferenciarte entre otros aceites de calidad".

La maestra almazarera recuerda que su aceite de empeltre tiene un rasgo especial. "Es de cosecha temprana, en verde; esta variedad suele recogerse totalmente madura, entre finales de noviembre y principios de diciembre, pero nosotros lo hacemos a principios de octubre; eso hace que el aceite tenga más aroma y polifenoles, más sabor y cuerpo; enriquecemos la variedad autóctona. Está permitido mezclar hasta un 20% de arbequina, es un recurso común, aunque en nuestro aceite premiado solo hay empeltre verde".

Arantxa confiesa que "está siendo una experiencia agotadora y gratificante al mismo tiempo, una mezcla de emociones, pero me quedo con la parte positiva, claro; he aprendido mucho. Contratamos un equipo sin experiencia ni, lógicamente, vicios adquiridos, a fin de formarlos y orientar nuestra actividad a la exportación y el oleoturismo. Ahora mismo, las circunstancias limitan este último segmento; hemos hecho cosas con clientes, amigos y grupos muy reducidos, pero la idea, en cuanto sea viable, es hacer visitas guiadas a las fincas y la almazara". 

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