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La escalada de precios acompaña a unas comidas festivas marcadas por la prudencia

Las compras de última hora animan el Mercado Central de Zaragoza, en el que se temen los efectos de la covid.

Ambiente de compras este 23 de diciembre por la mañana en el Mercado Central de Zaragoza
Ambiente de compras este 23 de diciembre por la mañana en el Mercado Central de Zaragoza
Francisco Jiménez

Entre comentarios sobre los planes de última hora para limitar el número de personas que se sentarán a la mesa estas fiestas y el número de contagios al alza, los aragoneses ultimaban este jueves sus compras para preparar los menús de unas celebraciones que van a ser mucho más reducidas de lo que se presumía hace un mes. La escalada de precios por la subida de la luz y el encarecimiento de las materias ha continuado en el último mes. La desconvocatoria de la huelga previa a Navidad ha evitado el desabastecimiento.

Así, productos tan típicos de esta fecha como la lubina y el rape han visto disparado su precio un 53% y un 23% respectivamente, en comparación con el año pasado. Por el contrario, la merluza se podía comprar este jueves a 16,9 euros, un 26% más barato que en las pasadas navidades, y el besugo costaba 59,9 euros, un 10,5% menos que hace un año y hace un mes.

"Hay pescados que se han mantenido, pero el marisco vivo ha subido mucho de precio por la demanda. Toda el mundo que puede permitírselo se espera a última hora para llevarse la nécora viva, el bogavante nacional, el buey y el centollo. Igual ocurre con la cáscara, como el berberecho a la almeja", explica José Luis López, de la pescadería José Luis. Una inflación que también atribuye "al temporal que se produjo hace una semana, aunque esta el tiempo ha acompañado y ha habido unas capturas mejores que otras". En este puesto, los bogavantes a 89,90 euros, de los que solo había "unos pocos", se habían agotado al mediodía.

En las carnicerías también escaseaban las paletillas de ternasco de Aragón. "Esta mañana hemos sacado 38 y nos quedan solo seis. Es algo que ocurre todos los años. El ternasco solo tiene dos paletillas y hay otros cortes más asequibles que no tienen tanto salida", apunta Antonio Langoyo, de la carnicería Antonio.

Según la vitrina donde se mirara los precios de esta codiciada pieza oscilaban entre los 24,80 y 26 euros. "Paletilla, lechal y jarrete es lo más demandado. De hecho, tampoco hay jarretes. El ternasco ya venía un 30% más caro", resume Lorenzo Sinusia, de Carnes Lorvi.

Comparativa de precios de distintos productos propios de estas fechas en el día previo a la Nochebuena
Comparativa de precios de distintos productos propios de estas fechas en el día previo a la Nochebuena
Heraldo.es con fotografías de Francisco Jiménez

Menos comensales

Este carnicero también cree que las ventas se están resintiendo de esta séptima ola de coronavirus. "Muchas familias se han echado hacia atrás a la hora de reunirse y han limitado los comensales, lo que también provoca que haya menos alegría a la hora de comprar", asegura. En su caso, además, la suspensión de comidas y cenas en restaurantes ha sido "el golpe más duro" y teme lo que pueda ocurrir de cara a fin de año "si se endurecen mucho las restricciones".

Desde su puesto de frutas y verduras, Julio Artigas opina que aunque el negocio "va a ir bien, llevamos muchos días con ambiente", la presencia de menos personas a la mesa va a hacer caer algo la facturación, aunque espera que el balance resulte mejor que en las navidades de 2020, cuando se desplomó un 30% respecto a un año prepandemia. "Hay clientes que nos comentan que como se han quedado los de casa no van a echar la casa por la ventana", comenta. Los que no renuncian a la tradición podían llevarse de aquí el "cardico de Zaragoza divino", como se especificaba en el cartel, a 1,99 euros, algo más caro que el año pasado (1,50). La uva blanca, a 3,59 euros, con un importante subidón respecto al año pasado en que estaba a 1,90, es ya de la variedad Aledo de Vinalopó, la más buscada para despedir el año.

A la subida de precios son ajenas personas previsoras como Gema Urgel, que desde hace un mes tiene congelado lo necesario para los menús. Lo que no ha podido evitar es reducir los convidados. "Vamos a estar los siete de la familia. Pensábamos juntarnos con tres parientes más pero lo hemos descartado al final", apunta.

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