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Cuando el 'juego' de la bolsa y las criptomonedas es adicción: "Perdí 85.000 euros en cinco años"

Pedro (nombre ficticio) es una de las personas en tratamiento en Azajer por su dependencia a las inversiones. “Yo no invertía, sino que jugaba”, matiza.

Pedro (nombre ficticio), en la sede de Azajer.
Pedro (nombre ficticio), en la sede de Azajer.
Francisco Jiménez

Empezó haciendo pequeñas inversiones online. Cuando quiso darse cuenta, estaba trasnochando para no perderse la apertura de la bolsa china a las 3.00 y, lo que es peor, tirando miles de euros. Pedro (nombre ficticio), zaragozano de mediana edad, ahora sabe que lo suyo “no es un problema”, sino que se trata de “una enfermedad”. “Yo no invertía, sino que jugaba”, admite. La llegada de las criptomonedas fue la guinda para una espiral que empezó en 2015 y que le ha hecho perder, en poco más de cinco años, unos 85.000 euros.

En 2015 Pedro tenía su trabajo y, con un compañero, se acercó a una charla de un bróker alemán en un hotel de Zaragoza. A cambio de una comisión, esta persona organiza las transacciones e inversiones de sus clientes. “Invertí 1.000 euros, me bajé al móvil la aplicación, empecé a comprar… Me gustaba mover el dinero desde el móvil, pero ahora me doy cuenta que ya entonces me generaba dependencia. Lo miraba en todo momento, también en el trabajo, no podía parar”, recuerda. Perdió los 1.000 euros en dos semanas y lo dejó durante casi un año.

Unos meses después, recuerda, le llamó otro bróker. “Le dije que había tenido una mala experiencia, y me convenció de que fue porque no estaba bien formado. Así que vi vídeos, aprendí técnicas… Pensaba que la teoría me la sabía bien, pero al final un ludópata, por mucha teoría que sepa, si no tiene control, lo pierde todo”, cuenta Pedro. Ahora, tras pasar por la ayuda de la Asociación Aragonesa de Jugadores de Azar en Rehabilitación (Azajer) habla con claridad de esos términos como “ludopatía” o “dependencia”. “He perdido todo lo que he perdido por no tener el control”, añade.

Lo adictivo del juego es que a veces se gana. Pedro lo hizo, ya que en pocas horas consiguió 2.000 euros con la compraventa de oro. “El problema es que nunca te plantas, nunca ves el techo. Perdí todo ese dinero en dos días”, relata. Con el paso de los años comenzó a pedir préstamos para poder jugar, lo que hizo que la bola de la deuda engordara. En 2017, con la irrupción de los bitcoins, comenzó a invertir en las criptomonedas, ese dinero digital que escapa del control de los organismos. “Me abrí cuenta en muchos brókers, seguí viendo vídeos… Entras en esa dinámica y ya no sales”, dice.

El inicio fue más o menos bien, pero llegó “el cripto-invierno” de 2018, con el desplome del Bitcoin y, con él, del resto de criptomonedas. Pedro cayó, además, en las inversiones con apalancamiento. Se trata de una modalidad mediante la cual se pueden multiplicar los beneficios… y las pérdidas. El inversor paga un dinero por las criptomonedas -o por cualquier otra inversión-, pero se le da una especie de préstamo para poder comprar una cantidad mayor. Con ello, el beneficio potencial es mucho más alto, pero las pérdidas también. “Pongamos que invertía 500 euros. En realidad compraba un contrato para jugar por valor de 50.000 euros. Si el valor sube, ganas rápido. Pero con que baje un 1%, ya has perdido los 500 euros y no se puede recuperar”, explica Pedro.

Esta adicción tuvo consecuencias para este zaragozano que fueron más allá de la ingente cantidad de dinero perdida. “Te aíslas, te encierras en ti mismo y pierdes contacto con todo”, señala. El confinamiento de la pandemia fue “el summun” para él. Cuando se dio cuenta de que había traspasado todos los límites, intentó dejarlo, pero no pudo. Pidió entonces ayuda a su familia para hacerlo, y acabó en Azajer. Ahora, recuerda que el último día que jugó fue “cuando llegó Filomena -el temporal-”, por lo que lleva casi un año limpio. 

En la asociación llevan un control de sus cuentas y le han alejado de todo lo relacionado con el juego. “Cuando te hablan de estas adicciones, siempre piensas en los casinos, en las tragaperras, en las apuestas… pero esto es igual de peligroso o más, porque tú puedes ver a una persona con el móvil por la calle que se esté jugando el dinero”, señala.

A la gente que se esté metiendo en este mundo, Pedro les recomienda que se preocupen “cuando vean que necesitan estar con ello todo el rato, que no pueden parar”. “Como consejo, les preguntaría si realmente lo necesitan. La respuesta seguramente será que no, así que lo mejor es buscar otra forma de aplacar su adrenalina, hacer otras actividades que les mantengan entretenidos”. Es lo que ahora hace él. Va al gimnasio, queda con sus amigos, está con la familia… Mientras tanto, por la calle, en el móvil o en el ordenador le entran “esos anuncios que están por todos lados de que invirtiendo 250 euros puedes ganar un segundo sueldo”. “Cuidado con eso”, advierte.

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