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Cuando el Sol cae, los castores y demás fauna toman las riberas de Zaragoza

En el momento en que el caudal baja y se queda el barro, se encuentra el rastro de la fauna que vive en los sotos del Ebro, Gállego y Huerva.

Cuando el caudal baja y se queda el barro, se encuentra el rastro de la fauna que vive en los sotos del Ebro, Gállego y Huerva.

Este miércoles dos pescadores capturaron un siluro de más de dos metros en el Ebro, a la altura del Puente del Voluntariado. Pero la fauna que viste escamas y aletas no es la única en los ríos. En un paseo por el entorno del Ebro, Huerva o Gállego –no lejos del centro urbano de Zaragoza- , se pueden encontrar aves, roedores o artiodáctilos, entre otros. Hace unas semanas, en la desembocadura del río Gállego se pudo comprobar la existencia de un castor, tal y como filmó Benjamín Sanz Navarro, especialista en mamíferos Ibéricos e interpretación del paisaje.

En el vídeo -que se puede ver al inicio del artículo-, grabado desde última hora de la tarde y hasta medianoche, se aprecia una pareja de castores entre la vegetación de la ribera. Buscan en el agua, arrastran y muerden una rama, se rascan y se acercan a la cámara, dejándose ver al detalle, como un primer plano de sus garras. "Viven en pequeños grupos familiares -explica Sanz Navarro-. Hay marcas de castor en todo el tramo del río". Pero en esta zona no solo de castores. Este rastreador, que imparte cursos en toda España, enumera corzos, tejones, jabalíes y jinetas. "Hace unos días filmé un zorro debajo del puente de Las Fuentes", añade. El soto de Cantalobos es uno de los refugios de la fauna zaragozana, ya que "es una zona menos frecuentada y, por lo tanto, más tranquila". El trabajo con mamíferos es complicado porque son "los grandes desconocidos", valora Sanz Navarro. La subida del caudal del Ebro es una alegría para Benjamín, ya que cuando baje se creará un barrizal en el que la fauna deja sus huellas.

Más en el núcleo urbano y como viene siendo habitual en los últimos años, un grupo de garcillas bueyeras se ha instalado en un árbol próximo al puente del Pilar, en la margen derecha. "Este tipo de concentraciones implican protección y vigilancia. Si lo hacen, por ejemplo 50 ejemplares, ven mucho más 50 pares de ojos que una garcilla aislada", explica José Antonio Pinzolas, de la Asociación Naturalista de Aragón (Ansar). Hay especies que vuelan durante kilómetros para llegar al dormidero donde están sus compañeros. "Son estrategias que tiene cada especie", lo define Pinzolas.

Que esté emplazado en el río no es casualidad por varias razones. Una de las claves es que está rodeado de agua. "Es como las grullas. En Gallocanta duermen en medio de la laguna porque los depredadores lo tienen más complicado. Vigilan y ante cualquier problema una da la alarma y pone en aviso al resto de los ejemplares", añade Pinzolas. Es en esta época, que comienza el frío, cuando se forman los dormideros, pero las garcillas están en Aragón todo el año. Por otro lado, también se localizan en los cauces de los ríos porque posiblemente ahí está su alimento.

Sobre su relación con los otros es habitual, "están acostumbrados". "Es común ver garcillas en rebaños de ovejas, caballos o vacas. Su nombre, bueyera, proviene de que se ponen al lado de las vacas y de los bueyes. Al andar estos animales, asustan a los insectos y las garcillas los cazan para comer", expone el ornitólogo. Además, se sitúan encima de las ovejas o vacas y las usan de oteaderos. "Incluso, si ven alguna garrapata, también se la quitan. Es una simbiosis, una ayuda mutua", agrega.

Sin embargo, esta no es la única especie que sigue esta "estrategia". "La lista es larga: cormoranes, milanos negros, alimoches... de todo”, apunta Pinzolas. Precisamente, este experto también menciona los milanos reales, que en esta época del año viven su mayor esplendor, como se puede comprobar si se observa el cielo.

Al margen de los dormideros, pero en la misma zona del río Ebro, en los últimos días también se ha visto un cisne de grandes dimensiones, tanto en la orilla como en el centro del cauce. "Posiblemente no se trate de un cisne salvaje, sino de uno de los ejemplares que se criaban en Ranillas", considera el ornitólogo. A todas estas especies se suman las aves marinas, que ascienden por el curso del río y cambian de ubicación en busca de comida. "De gaviotas hay varias especies, se pueden ver si ningún problema", añaden desde Ansar.

El fin del invierno también es sinónimo del adiós de los dormideros, se dispersan a su territorio en época de crías. A pesar de ello, hay especies que mantienen esta costumbre todo el año, es el caso del alimoche, que se concentran en un dormidero de la comarca de las Cinco Villas. "No desaparecen, pero descienden en población", concluye José Antonio Pinzolas.

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