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Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

"Mi hijo de 4 años le dijo a su profesor que su mamá se iba a morir"

Mariana (nombre ficticio) recuerda cómo los celos de su marido derivaron en un maltrato continuado. “Escondía un cuchillo bajo la almohada porque no sabía qué iba a pasar”, recuerda.

Mariana (nombre ficticio) en una sala de la Casa de la Mujer.
Mariana (nombre ficticio) en una sala de la Casa de la Mujer.
Toni Galán

Al mes y medio de llegar a Zaragoza desde el otro lado del charco, Mariana (nombre ficticio) conoció a “una persona maravillosa”. Se casó con ese hombre y tuvieron un hijo. Poco después, Mariana dormía con un cuchillo debajo de la almohada por el miedo que le causaba tener cerca a su marido, esa supuesta “persona maravillosa”. 

“Aprovechaba para agarrarme del cuello cuando estaba dormida, se me echaba encima y no sabía si iba a salir viva. Sentía sus pasos, su respiración… escondía un cuchillo bajo la almohada porque no sabía qué iba a pasar cuando dormía”, relata años después de todo aquello.

Entre medias, Mariana sufrió durante años un régimen de control y celos que cada vez se hizo más duro, hasta desembocar en un maltrato continuado. “Al principio era celoso, pero no en extremo. Yo me sentía muy dependiente de él porque estaba sola aquí, no conocía a nadie”, rememora. Poco a poco eso fue a más. Mariana solo salía de casa si era con él. Ni siquiera para ir a comprar. En casa le acompañaba hasta cuando entraba al baño y, por supuesto, apenas podía hablar con nadie que no fuera él.

El bebé trajo alegría a la casa, pero su marido perdió el trabajo y empezó a consumir drogas. Entonces comenzó el verdadero infierno, con insultos, amenazas, golpes, agresiones, paranoias… “Un día me llamó el profesor de mi hijo (el niño ya tenía por entonces 4 años) y me preguntó si pasaba algo en casa, porque lo veía triste y porque le había dicho que su mamá se iba a morir. Entonces me di cuenta que lo que pasaba en casa le estaba afectando y pensé que tenía que reaccionar”, relata.

Sin embargo, no lo hizo de inmediato, lo que estuvo a punto de costarle la vida. “Me controlaba el móvil. Un día vio que el día anterior me había llamado su mejor amigo. Me había llamado porque él no le cogía el teléfono y quería saber dónde estaba, pero mi marido se pensó que había algo más. Me cogió del cuello y me empezó a gritar ‘¡ahora sí te mato, ahora sí te mato!’. Mi hijo estaba delante. Aún no sé cómo me pude soltar y llamé a la policía”, cuenta Mariana.

Su marido salió corriendo, pero los agentes lo detuvieron horas más tarde. Logró una orden de alejamiento de 500 metros y le pusieron una custodia policial, pero Mariana seguía sintiendo en esa casa “una presión muy grande”. “Me llamaba por teléfono y me decía que me perdonaba, él a mÍ, por haber llamado a la policía”, recuerda. El día de su cumpleaños, solo dos semanas después de aquel violento episodio, su marido fue a visitarle para pedirle perdón con un enorme ramo de flores. Afortunadamente, unos vecinos le avisaron y volvió a ser detenido. Por todos estos hechos, acumulados durante años, fue condenado a cinco meses de cárcel, aunque no llegó a pisar la prisión por no tener antecedentes.

Más que la posible laxitud de la condena, para Mariana lo peor fue la reacción que se encontró al ir a los juzgados: “Lo primero que me preguntaron era si tenía papeles. Yo no tenía problema, porque llevaba años casada con un español, pero me hizo sentirme humillada”.

Tras la detención de su marido, esta mujer entró en contacto con la Casa de la Mujer. Estuvo en tres alojamientos para víctimas que le permitieron salir de su piso, un lugar donde “aún olía y sentía” la presencia de su maltratador. “Fue increíble poder salir de ese entorno, fue el primer paso para la superación”, reflexiona. Tras el contacto con las trabajadoras sociales, Mariana se dio cuenta de que no estaba sola en esto. “Me hicieron ver que estaba acompañada, que no me iba a quedar en la calle y que mi hijo iba a estar conmigo. Eso me aportó seguridad para poder salir afuera”, apunta.

Con esa base, Mariana ha podido salir adelante. Ahora, varios años después, ya puede decir que ha pasado página. Vive con su hijo, tiene trabajo y también ha encontrado pareja, algo que “no es fácil” después de una experiencia como la que vivió. A su hijo todavía no le ha contado todo lo que pasó. “Él tiene el recuerdo de que discutíamos, pero nada más. De momento no quiero meterle esa carga, quiero que sea libre de culpa, de odio y de rencor. Él tendrá una familia, y no quiero que arrastre aquello”, valora Mariana.

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