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Los médicos de Familia en Aragón, al límite por la lista de espera y jornadas de hasta 50 pacientes

Los facultativos advierten de que el retraso de más de siete días de media para pedir cita "rompe con la esencia de la accesibilidad" de los centros de salud

Arriba, a la izquierda, José Manuel Cucalón, en Pina; a la derecha, Belén Lomba, en el centro de Uteba. Abajo, José Antonio Bernad, médico de La Jota y Rosa Magallón, en el centro del Arrabal
Arriba, a la izquierda, José Manuel Cucalón, en Pina; a la derecha, Belén Lomba, en el centro de Uteba. Abajo, José Antonio Bernad, médico de La Jota y Rosa Magallón, en el centro del Arrabal
oliver Duch/ José Miguel Marco

El día a día de un médico de Familia en Aragón varía si trabaja en el ámbito urbano o rural. La realidad es diferente y la organización para prestar la asistencia sanitaria, también, ya que hay que adaptarse a las características del centro de salud, al tipo de población al que atiende o a la plantilla con la que cuenta. Y, a pesar de esta disparidad, los facultativos coinciden en la sobrecarga a la que se ven sometidos, con agendas completas, pacientes indemorables a los que deben forzar una cita, un aumento de procesos catarrales, el seguimiento de procesos covid... y cada vez menos personal. Una situación que, según critican, "se agrava sin solución". Las maratonianas jornadas se suceden sin descanso, con hasta 50 citas diarias por médico, más de la mitad presenciales, y sin perder de vista los casos de coronavirus, que no dejan de diagnosticar.

Belén Lomba, médica de Atención Primaria en Utebo, atiende 2.060 cartillas sanitarias. Una cifra muy elevada, pero que es la tónica en su centro de salud, que cuenta con seis facultativos y tres pediatras: "A diario tenemos muchos pacientes citados. La agenda parte con 40 enfermos por profesional, que suele subir a 50, porque en la franja final de la mañana vemos a los indemorables, personas que se tienen que atender en el día y no pueden esperar". 

Esta doctora acumula un retraso de entre tres y cuatro días, por debajo de la media, que está en una semana, aunque hay facultativos que tienen una lista de espera de 10 y hasta de 15 días. "Desde las 8.00 hasta las 16.00 vemos pacientes sin parar". Primero es el turno de las consultas telefónicas, "y muchas personas a las que llamamos tienen que venir para verlas en persona". Las citas presenciales suponen más de la mitad de la programación. Además, las plazas de compañeros de baja, o que se han jubilado, "están sin cubrir", por la falta de sustitutos, así que "hay que repartir las citas entre el resto del equipo. Aproximadamente son cinco pacientes más por día", concreta Lomba, también secretaria del Colegio de Médicos de Zaragoza: "Así es imposible abarcar el día a día".

José Antonio Bernad, médico en La Jota: "La burocracia es horrorosa, nos quita muchísimo tiempo. La situación es preocupante y el futuro lo veo muy negro"

Una sensación que transmite también Rosa Magallón, facultativa en el Arrabal: "Se están dando demoras muy elevadas, que rompen con toda la esencia de la accesibilidad de la Primaria". A partir de las 8.00, cuando abre el ordenador y consulta la agenda, llegan pacientes forzados, antes de iniciar la consulta media hora más tarde. De los 25 o 30 enfermos citados inicialmente acaba atendiendo al final de la mañana a 45 o 50. Estas citas forzadas, afirma, "muchas veces están justificadas, pero otras son derivadas por otros niveles asistenciales". "Los médicos estamos formados y capacitados para diagnosticar, acompañar, aliviar, cuidar… pero no para hacer papeles, y sobre todo de otros compañeros", añade.

Hasta las 13.30 alterna las consultas presenciales con las telefónicas, citas administrativas o indemorables y urgencias. A esa hora se cubren las visitas a domicilio, y una o dos veces por semana, hay una sesión clínica. "Y para organizarnos mejor tenemos un ‘pool’ de avisos, de 8.00 a 11.00". En el Arrabal hay 11 médicos (ocho por la mañana y tres por la tarde), y cada uno tiene una media de entre 1.500 y 1.800 tarjetas sanitarias. "El agotamiento es grande, así como la frustración de tener que atender un 20% de consultas administrativas que no corresponden a un médico, o en todo caso que otro compañero las tiene que gestionar", afirma Magallón, primera profesora titular de Medicina Familiar y Comunitaria de la Universidad de Zaragoza.

Belén Lomba, médica en Utebo: "La agenda parte con 40 enfermos por profesional, que suele subir a 50 porque en la franja final de la mañana vemos a los indemorables, que no pueden esperar"

"De aquí a Navidades nos quedan unos 80 días libres a los 11 compañeros", una situación que acarrea más de un quebradero de cabeza para reorganizar las agendas, ya que solo cuentan con el apoyo de una médica sustituta. El día 3 de noviembre, resume, pasaron por el centro 940 personas, y 426 requirieron atención médica.

Desde Las Fuentes Norte coinciden en que en una jornada normal cada facultativo llega a atender a una media de 45 personas, cuando lo normal sería, como mucho, entre 28 y 30. Este ambulatorio zaragozano, con 17 médicos (14 de Familia y tres pediatras) tiene unas 23.000 tarjetas sanitarias (cerca de 1.500 por profesional) y es, además, un centro docente que debe tener menor carga asistencial por la formación a residentes.

José Manuel Cucalón, médico en Pina de Ebro: "Nos seguimos ayudando de la cita telefónica, pero el grueso es en persona, donde más problemas se pueden resolver"

José Antonio Bernad, médico de Familia en La Jota, relata que atiende a unos 50 enfermos cada jornada. Las primeras citas, desde pocos minutos después de las 8.00, son telefónicas y, a partir de las 9.00 empiezan las presenciales que va combinando con otras telemáticas hasta las 14.00, momento en el que se realizan tareas administrativas y redacción de informes. "Cada médico organiza su agenda. La burocracia es horrorosa, nos quita muchísimo tiempo", reconoce. Al inicio de la mañana, poco más de la mitad de las consultas se prevén presenciales, pero muchas telefónicas derivan en un contacto directo: "La situación es preocupante y el futuro lo veo muy negro".

El ritmo de trabajo es continuo. En La Jota hay 18 médicos, 11 de mañana y siete de tarde, cinco pediatras (tres de mañana y dos de tarde) y tres médicos de atención continuada, para una población de unas 34.000 personas. El cupo que maneja Bernad es de unas 1.850 tarjetas sanitarias. Los sindicatos médicos Fasamet y Cesm Aragón, que han organizado desde hoy un congreso en Zaragoza, reclaman que cada médico atienda a 36 pacientes al día: "Pero en realidad, acabas con muchos más".

Rosa Magallón, médica en el Arrabal: "Muchas citas forzadas están justificadas, pero otras son derivadas por otros niveles asistenciales, y llegan a suponer hasta un 20% de las consultas administrativas"

Y en el caso de la Atención Primaria fuera del medio urbano, al habitual trabajo asistencial se suma el desplazamiento. Según José Manuel Cucalón, facultativo en el consultorio de Pina de Ebro y vocal de Atención Primaria rural en el Colegio de Médicos, un estudio revela que en Zaragoza unos 175 profesionales recorren unos 60 kilómetros diarios de media. "Estamos bastante saturados. Vamos alcanzando cifras de la nueva normalidad con medios estructurales, materiales y humanos escasos. Hay problemas para la contratación de personal y no hay sustitutos", dice.

Cucalón resume que "desde que ha bajado la incidencia por la covid" se retomó una mayor presencialidad, aunque el porcentaje varía mucho, del 50 al 80% e incluso más: "Nos seguimos ayudando de la telefónica, pero el grueso es en persona, donde más problemas se pueden resolver", y recuperando las tareas de prevención y promoción para la salud. En la zona rural se atienden a entre 20 y 25 pacientes cada día, y hasta 30 en los pueblos más grandes.

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