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La marcha nórdica coge ritmo a orillas del Ebro

Los parques de la ciudad se llenan de caminantes con bastones y las escuelas de esta disciplina perciben un importante auge tras el fin del confinamiento.

Algunos caminantes, esta semana, por un soto de Ranillas de lo más otoñal.
Algunos caminantes, esta semana, por un soto de Ranillas de lo más otoñal.
Más Que Pasos

En los años 80 causó furor el aeróbic. En los 90 llegó el yoga. Después arrasaría el pilates y hasta hace unos años era difícil escapar del ‘running’. En esta década son varias las nuevas disciplinas que tientan a los amantes del deporte -desde crossfit hasta acroyoga-, pero hay una que ha llegado para quedarse como se demuestra cada tarde en el parque Grande de Zaragoza o los pinares de Venecia: la marcha nórdica.

“Es tan sencillo y tan esencial como aprender a caminar bien”, explican los monitores de una práctica que surgió en Finlandia hace casi un siglo como método de entrenamiento en verano de quienes practican esquí de fondo. Lejos de lo que pueda pensarse no se precisa nieve y, de hecho, para emprender estas marchas Zaragoza emerge como un escenario idóneo: las orillas del Canal, el parque del Agua, el camino de La Alfranca, la ribera del Gállego, el soto de Juslibol y, sobre todo, los pinares de Venecia son localizaciones perfectas para recorrer con bastones pues tienen numerosos senderos de grava y también suaves desniveles. “Ni siquiera el cierzo que sopla estos días nos frena”, dice Reyes Isiegas, instructora de la asociación deportiva Más Que Pasos, que define la actividad como “agradable, saludable y de bajo impacto”.

Este club es uno de los más grandes de Aragón, de los que más actividades convoca y de los más fácilmente identificables pues sus integrantes suelen llevar camisetas verdes fosforitas que se dejan ver bien en cualquier parque o camino. “Desde la pandemia estamos creciendo de forma exponencial, es posible que se hayan multiplicado por cuatro el número de interesados en la marcha nórdica. Desde el pasado mes de septiembre también se nota un buen incremento, suponemos que por la vertiente tanto saludable como social”, explica Isiegas, que es también miembro del comité de marcha nórdica de la Federación Aragonesa de Montaña.

La marcha nórdica mejora las secuelas de la covid persistente

Esa vertiente social evoca a capazos y almuerzos que -aunque también los hay- han de quedar en un segundo plano tras el entrenamiento propiamente dicho. Y la parte saludable está tan a la orden del día que algunas escuelas colaboran con las asociaciones de covid persistente y en muchos países (no oficialmente en España) los sistemas de salud derivan a pacientes a practicar esta disciplina.

Caminar activamente incrementa el metabolismo, ayuda a quemar calorías, equilibra la musculatura de la espalda, relaja la zona cervical y los hombros, optimiza el trabajo cardiaco, refuerza el sistema inmunológico, descarga las articulaciones… Cuentan que al caminar se estimulan el 55% de los músculos, pero con los bastones se utilizan el 90%. Cuantos más músculos se muevan, más se activa el corazón, aumenta la oxigenación de los tejidos… Es todo un círculo pero no vicioso sino virtuoso. La marcha nórdica la pueden llevar a cabo quienes nunca han practicado deporte, o personas que quieren prevenir o solucionar problemas de espalda, osteoporosis u otras dolencias.

“Me empecé a interesar por la marcha nórdica durante el confinamiento. Necesitaba una actividad física que reuniese tres variables: que fuera al aire libre porque los gimnasios y las piscinas estaban cerrados, que no me machacara las rodillas y la espalda como el ‘running’, y que a mi edad (40 años) no me costase coger un nivel o fondo, que fuera fácil”, explica Óscar Aguarón, bastones en ristre. “Mis amigos me invitaban a jugar a pádel y a golf, pero no me veía empezando de cero a estas alturas”, añade. En sus primeros días, los profesores le tuvieron que corregir mínimamente la postura al andar (tendía a arquear la espalda) y le invitaron a disfrutar de la desconexión que ofrece la marcha. “Reduces el estrés porque estás en la naturaleza y vas controlando la respiración. Alcanzas un nivel premeditativo y de bienestar en general. En la academia griega se aprendían las lecciones caminando, y este acto de caminar ayuda a reflexionar y a que surjan mejores ideas”, argumenta.

Explicaciones en uno de los talleres en el Parque Grande.
Explicaciones en uno de los talleres en el Parque Grande.
Más Que Pasos

“Llevo desde el año 2006 como instructor y desde el 2007 practicando, sacando grupos, dando cursos… El número de alumnos suele ser bastante estable, a excepción del pasado mes de septiembre donde sí se experimentó un repunte que llegó hasta las 30 personas”, comenta Pedro Pallás, pionero de esta disciplina en Aragón. Pallas, responsable de Club Nordic Walking Zaragoza, considera que “es una actividad que de momento no va a dejar de crecer, de una forma no explosiva pero si paulatinamente”. Este especialista dirige un club con 130 socios, que retomaron las actividades el mes pasado tras el parón por la pandemia. El éxito de la marcha nórdica lo atribuye a que “es una actividad muy saludable, que no exige un aprendizaje difícil y tiene un coste económico muy bajo”.

¿Cuál es perfil de los deportistas que optan por la marcha nórdica? En las escuelas explican que “hay un poco de todo”: desde gente entre 50 y 70 años que descubren la disciplina por el ‘boca a boca’ hasta jóvenes de veintipocos que buscan un complemento a sus entrenamiento o un deporte menos lesivo. “Precisamente por esta circunstancia, por ser una actividad de bajo impacto, cerca del 70% de quienes participan en las andadas son mujeres”, explican desde Más Que Pasos, donde tratan de difundir por todos los medios el ‘nordic walking’ y han creado incluso en las redes sociales concursos de fotografía con el título ‘No sin mis bastones’,

Una última derivada es la competición de marcha nórdica que, aunque no es lo más conocido, también existe. De hecho, la Federación Aragonesa de Montaña trabaja por traer a Aragón alguna prueba de ránquin de la Copa de España, donde acuden los virtuosos de la marcha, que han de ser los más rápidos manteniendo siempre la técnica correcta (andar erguido, formar un ángulo entre el bastón y el suelo, adecuar el paso…) para no ser amonestados. “Es verdad que me cruzo con gente más mayor que me mira y se sonríe, pero nunca me adelanta”, bromea Aguarón, que como tantos otros caminantes comenzó con caminatas con instructores que suelen ser de 90 minutos, pero una vez ‘iniciado’ completa escapadas de tres y cuatro horas sin despeinarse. Cuando no hay cierzo, claro.

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