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El ukelele arrincona a la flauta en las aulas

La covid hizo que en las clases de música en muchos colegios se vetaran los instrumentos de viento y los docentes tuvieron que ingeniárselas para introducir nuevas fórmulas: el ukelele presume de convertirse en el nuevo rey.

Carlos Burguete, con uno de los ukeleles de su tienda Musicopolix.
Carlos Burguete, con uno de los ukeleles de su tienda Musicopolix.
Toni Galán

Algunos padres lo conocían lejanamente por Elvis Presley y por sus resonancias hawaianas, sin embargo, ahora, lo escuchan cada día en casa, tocado por sus más o menos hábiles retoños. El ukelele se está haciendo fuerte también a orillas del Ebro y en muchas otras ciudades de España por obra y gracia de la pandemia de coronavirus.

Con la vuelta a las aulas fueron muchos los centros docentes que pusieron la tradicional flauta dulce en cuarentena, precisamente, porque podía aumentar el riesgo de contagio: se trata de un instrumento de viento y el virus se transmite por aerosoles y micropartículas. Fue así cómo los profesores de música tuvieron que ingeniárselas y buscar alternativas a la tradicional flauta, con dos importantes condicionantes: que el nuevo 'artilugio' fuera barato y transportable. Ahí surgió el interés por el ukelele que, con todo su relumbrón, está haciendo melodiosos estragos entre los adolescentes.

“La flauta dulce siempre ha sido un poco rollo. Yo, de pequeña, la odiaba”, explica Gabriela Añaños, de la tienda Musicopolix, en la plaza de San Braulio, donde confirman que este curso han despachado a buen ritmo ukeleles para los escolares. “Desde hace tres años algún colegio, a título personal, se interesó por las posibilidades didácticas de los ukeleles, pero ha sido a partir de la covid cuando se ha puesto de moda y se ha consagrado como una opción más a elegir a la hora de estudiar música”, señala la experta.

Mauro Albero, profesor de música de Secundaria en los centros de Montearagón, La Milagrosa y San Antonio de Padua, explica que él se decidió a instaurar el ukelele porque “es un instrumento cómodo, pequeño, barato, fácil de transportar y mucho más versátil que la flauta. La flauta solo puede hacer melodías y, en estas circunstancias, da problemas de higiene. Pensé una alternativa también para que el alumnado pudiera seguir tocando después, hasta irse a la playa a con él, y por eso opté por el ukelele”, comenta Albero.

Otro de los colegios zaragozanos que ha adoptado el instrumento de cuerda pulsada es el La Salle Franciscanas, donde “la compra no era obligatoria, porque el centro ya hizo acopio de unos cuantos”, cuenta una madre, que, finalmente, y dado que a su hija le gustaba mucho el ukelele, ha acabado adquiriendo uno también para casa. La ventaja es que es “más moderno” que la flauta y los alumnos parecen más motivados. “A poco que hayas practicado, ya puedes hacer un par de acordes y enseguida se logra sacar una canción o se hacen versiones de temas conocidos”, explica la progenitora, que opina que es más agradable en cuanto a timbre que la flauta.

“Los instrumentos de viento tienen un sonido complicado si no se saben utilizar. Me parece sorprendente que durante tantos años hayan estado en las clases de primaria, usándose como un juguete”, cuenta Silvia Ladrero, vocalista del grupo Aura Límite. “Con el ukelele lo que ocurre es que hay más referentes en la cultura actual”, añade, ratificando el hecho de que muchos de los alumnos han visto a sus cantantes preferidos, desde Miley Cirus a Justin Bieber, apoyarse en las notas del ukelele. Otro punto a favor es que también tienen infinidad de tutoriales en Youtube para tocar sus canciones y que, incluso, en Aragón hay grupos que han hecho de este instrumento todo un signo de identidad: desde Bigott a Calavera, pasando por Copiloto, Elem o Modelo.

El director del Museo Pedagógico de Aragón, Víctor Juan, bromea con que “nos da por tocar el ukelele, que es una especie invasora, como el cangrejo americano o el siluro”, escribe en una de sus columnas en HERALDO. Juan apuesta antes por el guitarrico, instrumento aragonés, antiguo, de cuatro cuerdas, “que tiene una tesitura tan aguda que se escucha por encima de todos los demás”. “Por eso La Ronda de Boltaña canta que vale más un guitarrico valiente que un guitarrón”, añade el profesor.

Desde el Gobierno de Aragón ven con buenos ojos que algunos centros, dentro de su autonomía, hayan optado por utilizar instrumentos diferentes pero aclaran que no se ha vetado el uso de las flautas en las clases. Desde el Departamento de Educación explican que el año pasado por los protocolos covid hubo que eliminar la asignatura pero este curso ha vuelto con normalidad. En otras comunidades autónomas la tónica es la misma, entendiendo -además- que si cada alumno trae su propia flauta de casa no debería haber riesgo de contagio. En numerosos colegios de Castilla y León o de Cataluña también se está comenzando a imponer el ukelele, mientras que en Andalucía hay centros que han probado suerte con el cajón flamenco. 

Los aragoneses Modelo y DBrio, en una imagen promocional con ukelele.
Los aragoneses Modelo y DBrio, en una imagen promocional con ukelele.
Heraldo

“En muchos colegios, tanto públicos como privados, echan mano de los teclados o, incluso, de aplicaciones de la tablet que permite transformar las pantallas en una suerte de pianos”, comentan en las tiendas de instrumentos, donde también citan otras alternativas a la flauta que están adquiriendo mucha más presencia. “Estos meses se han vendido numerosos carrillones, de distintos modelos, casi agotamos el stock”, dicen en Musicopolix. Son, igualmente, instrumentos pequeños e individuales -que nadie imagine el carillón de campanas de la azotea de la DPZ- y parecidos a los antiguos xilófonos o a los nuevos metalófonos. “También, para alumnos más pequeños, se han vendido muchos triángulos y muchos huevos ‘shaker’”, esto es, una especie de maracas con las que seguir el ritmo. 

“Lo que sí parece confirmarse es que la flauta atraviesa tiempos bajos. En nuestro caso, no la hemos abandonado pero el alumno debe ejercitarse en casa, y no la debe llevar al colegio”, cuenta Pedro Gavín, que está valorando la posibilidad de comprar un ukelele para su hijo de 12 años. “Pero que no espere que le ayude, que a mí me da justico para dibujar una clave de sol”, bromea. Ukeleles los hay de todos los colores y los más básicos cuestan en torno a 30 euros. “Por 45 ya se puede encontrar un instrumento solvente, con buen sonido”, explican en las tiendas. Los precios van ascendiendo hasta los más de 500 que puede costar un ukelele eléctrico -y muy historiado- que en ningún caso es el recomendado para el aula.

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