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Matilde Rubio, una tatarabuela al frente de cinco generaciones y más de 50 personas

A sus 92 años, esta vecina de Zaragoza que ha sacado adelante a 11 hijos acaba de convertirse en tatarabuela gracias a Lucas, nacido el pasado 8 de octubre en Estados Unidos.

La tatarabuela Matilde, con su hija María Jesú
La tatarabuela Matilde, con su hija María Jesú
Camino Ivars

Una mujer de armas tomar. Así definen a Matilde Rubio, de 92 años, varios miembros de la familia que encabeza, que está integrada por más de 50 personas distribuidas en cinco generaciones. Y la verdad es que no es de extrañar cuando explica que ha sacado adelante a nada más y nada menos que a 11 hijos. Actualmente, a la saga familiar se suman sus 15 nietos, 20 bisnietos y, desde el pasado 8 de octubre, su primer tataranieto: Lucas, nacido en Estados Unidos.

Y es que la de esta familia es una historia peculiar, comenzando por el número de integrantes. “Para mi 90 cumpleaños vinieron casi todos a verme a Zaragoza, incluida la parte de la familia que vive al otro lado del charco”, rememora, divertida; al tiempo que muestra una fotografía de aquel día que recibe a sus visitas en el vestíbulo de su casa, a escasos metros del estadio de la Romareda. En ella vemos a un extenso grupo de personas en la plaza del Pilar de Zaragoza. “Siempre me he sentido muy querida”, asegura.

Nació el 5 de mayo de 1929 en Toledo, aunque ha vivido más de 60 años en la capital del Ebro. Al morir su hermana se casó con su cuñado, Nicolás Rivas, que por aquel entonces tenía tres hijos, Javier, Eduardo y Carlos. “Para mí son mis hijos, tanto como los ocho que tuvimos juntos después”. Habla de Francisco, Ana María, Eugenia, Roberto, Pilar, Paz, María José y Patricia. “Todos maños”, reivindica. Al poco tiempo de casarse, a su entonces ya marido, que era sargento de la Guardia Civil, lo destinaron a Zaragoza, ciudad en la que ha vivido durante 67 años.

Gran arte de la familia que encabeza la ahora tatarabuela Matilde, reunida en Zaragoza hace dos años.
Gran parte de la familia que encabeza la ahora tatarabuela Matilde, reunida en Zaragoza hace dos años.
HA

Trabajadora incansable, achaca su buen estado de salud al hecho de no haber parado nunca. “Con tan solo 10 años ya cosía en casa para ayudar a mi hermana, y pronto me mandaron a servir. A mí no se me caen los anillos por nada”, asegura. También pasó una temporada trabajando para un dentista y luego cinco años como auxiliar de Enfermería en Madrid, hasta que se casó.

“Todos los compañeros del cuartel de donde vivíamos querían venir a pasar la Nochebuena con nosotros porque lo pasábamos muy bien. Cantábamos, bailábamos. Aquello era un jolgorio”, recuerda. Y también un refugio para aquellos jóvenes guardia civiles que iban a pasar estas fechas solos y lejos de sus hogares. “Había sitio para todos en nuestra mesa”; añade Matilde.

Así lo recuerda también su hija, Ana María (64) que lleva 44 años viviendo en Pennsylvania donde ha fundado su propia familia. “Conocí a mi marido aquí, trabajaba en la base norteamericana que había aquí, y me fui con él en 1977”, explica. Tiene tres hijos, Cristopher (44), Ezra (41) y Chelsea (38), ocho nietos y, ahora, un bisnieto, el pequeño Lucas, hijo de su nieto Brandon -que vive en Texas- que ha convertido a Matilde en tatarabuela.

El tataranieto de Matilde, Lucas, que vive en Estados Unidos, nació hace unas semanas.
El tataranieto de Matilde, Lucas, que vive en Estados Unidos, nació hace unas semanas.
HA

Uno de los cuarteles en los que residieron más tiempo fue en el de Avenida Cataluña. En concreto, 14 años. Allí nacerían sus últimas cuatro hijas. “La gente se peleaba por cuidar a mis hijos cuando lo necesitábamos. Todavía guardamos relación con muchos de ellos y nos tenemos mucho cariño”, asegura la tatarabuela.

En cuanto a los recuerdos de su infancia, Ana María recuerda a su madre cosiendo la mayor parte del tiempo -de hecho, cuando eran pequeños les confeccionaba toda la ropa con sus propias manos-, y, sobre todo, bailando. “Le encanta la música y no puede estar parada ni un momento. Aunque si hay algo que le apasiona verdaderamente es leer. Pueden pasar horas y horas”, señala su hija.

A sus 92 años, Matilde recuerda perfectamente cuál fue el primer libro que leyó cuando era joven: Cumbres Borrascosas, novela de Emily Brontë. “Fue en Toledo todavía. Una vecina me veía todo el día con pequeños libritos que cogía de dónde podía. Entonces me dijo "Eso no es leer, te voy a traer un libro de verdad”". Todavía guarda aquel ejemplar que, asegura, le cambió la vida.

La tatarabuela Matilde Rubio, que presenta un estupendo estado de salud a sus 92 años, con su hija María Jesús
La tatarabuela Matilde Rubio, que presenta un estupendo estado de salud a sus 92 años, con su hija María Jesús
Camino Ivars

Cuatro generaciones nacidas el mismo día 

Otra de las peculiaridades de esta familia es que, el 5 de mayo -día que nació Matilde-, nacieron también uno de sus hijos -Javier, el mayor-; un nieto, Jorge, que es policía; y un bisnieto; Nicolás, que reside con parte de su familia en Valencia. También es una viajera incansable, de hecho; desde que enviudó tampoco ha parado, viajando a Estados Unidos en dos ocasiones; a Francia, Alemania y por toda España de la mano de sus hijos, los cuales no la dejan sola nunca.

“Soy muy afortunada, me siento muy acompañada y querida, sobre todo a raíz de la pandemia que me ha tenido encerrada en casa durante casi dos años”, asegura. Y recuerda a las generaciones venideras que se puede pasar muy bien, “pero sin hacer barbaridades ni meterse con nadie”. 

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