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Miguel Ángel Poveda, asesor laboral: "Sin los ERTE habría habido despidos directamente"

El presidente de la asociación que agrupa al colectivo en Aragón, AEAL, teme que ahora que hay menos expedientes de regulación de empleo por la covid se empiecen a presentar por la falta de semiconductores y la subida de la luz.

Miguel Ángel Poveda, asesor laboral, presidente de AEAL.
Miguel Ángel Poveda, asesor laboral, presidente de AEAL.
Guillermo Mestre

Miguel Ángel Poveda (Madrid, 1960) preside la Asociación empresarial de asesores laborales de Aragón (AEAL), que esta semana ha celebrado sus XVII Jornadas en las que ha analizado las cuestiones que han surgido a raíz de la pandemia de covid-19. Unas 200 personas de forma presencial y otras tantas a través de su retransmisión 'on line' han seguido el encuentro desde la Cámara de Comercio de Zaragoza. Graduado social de formación, es miembro de la junta y el comité ejecutivo de la patronal CEOE, del comité de expertos de Sofejea y profesor asociado de Seguridad Social de la Universidad de Zaragoza, además de colaborador en medios de comunicación.

Usted nació en Madrid, pero lleva toda la vida viviendo en Zaragoza. ¿Se considera maño?

Me considero aragonés totalmente. Llevo en Zaragoza desde los cuatro años. Solamente me queda un resquicio, que soy del Real Madrid (sonríe), pero por lo demás, maño total.

¿Es deportista?

He jugado al tenis toda la vida. Fui profesor muchos años. Empecé con el golf, pero mis problemas de espalda no me permitieron practicarlo. A mis dos hijos siempre les he inculcado el deporte porque aporta valores y es muy importante de cara a una empresa. Por ejemplo, en tenis estás solo y en mi profesión, cuando vas al juzgado también estás solo ante el peligro, estás acostumbrado a soportar la presión. Y los deportes de equipo te enseñan a trabajar con otras personas.

Como asesor laboral ha desarrollado su carrera en la capital aragonesa.

Sí. Estudié Graduado Social en la Universidad de Zaragoza y luego, hace diez años, hice el grado de Relaciones Laborales, cuando cambiaron la titulación.

Pensaba que solo era un cambio en el nombre de la carrera.

Sí. Lo hice voluntariamente. No me convalidaban todo y había que hacer un año de adaptación.

Le costaría volver a estudiar.

Sí, cuesta. Tenía 50 años y la cabeza no está como cuando tienes 20, aunque por nuestro trabajo no dejamos de estudiar nunca.

Le habrá venido bien cuando estalló la pandemia de covid el año pasado y empezaron a llover decretos del Gobierno, como los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) especiales para intentar sujetar la economía.

Ha sido la época que más hemos tenido que estudiar y la que más rápido. A las doce de la noche se publicaban decretos para entrar en vigor a las 00.01. Fue dramático. Los primeros días lo llevábamos muy mal porque la gente te llamaba al punto de la mañana y había que decirles que esperaran, porque admitían muchas interpretaciones. No es leer el decreto y ya está. Había que consultar y las administraciones tampoco lo tenían claro. Los políticos legislan pero no saben que luego hay que descender al terreno de la vida real.

"Los que no han podido arrancar lo tienen mal. Están abocados al cierre"

¿Hubiera sido peor la situación sin los ERTE covid?

No hubiera sido peor, hubiera sido absolutamente insostenible para empresas y trabajadores porque en vez de suspensiones de contrato o reducciones de jornada habría habido despidos directamente.

¿En qué momento estamos ahora, año y medio después y todavía con prórrogas?

Ya se están haciendo muy pocos ERTE y desde hoy que se abren las barras de los bares, entre otros cambios, esperamos que menos, pero los que no han podido arrancar lo tienen mal. Están abocados al cierre.

Una crisis se arregla pero empiezan otras. Ya hay ERTE por falta de microchips, ¿habrá también por la luz?

Sí. Hay empresas que ya están parando. Repercutir esos precios en los clientes podría desencadenar una espiral de inflación y salarios.

¿Cómo ve a las empresas y trabajadores que asesoran?

Muy preocupados. Las empresas están expectantes. Las de producción, a ver qué ocurre con la energía, y las de servicios, con la pandemia. A los trabajadores les preocupa lo mismo porque si su empresa no tiene trabajo, los tiene que despedir. Estamos deseando volver a la normalidad.

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