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Los municipios de Aragón se aferran a su independencia

En Aragón hay 731 pueblos y ciudades, y tres de cada cuatro tiene menos de 500 habitantes. Ninguno se ha sumado al plan de fusión de entidades lanzado en 2013. ¿Son viables todos ellos?

Calle de Villamayor
Villamayor de Gállego fue el último pueblo de Aragón que logró independizarse, en este caso de Zaragoza capital.

Los pueblos y ciudades de Aragón se resisten a perder su identidad. Desde que en 2013 el gobierno Central tratara de favorecer la fusión de municipios, ninguna entidad aragonesa se ha sumado al proceso. El plan de Montoro, entonces ministro, ha acabado en un sonoro fracaso, ya que desde entonces solo ha habido dos fusiones: la de Oza y Cesuras en La Coruña y la de Cerdedo y Cotobade en Pontevedra. El deseo de mantener su carácter propio, el miedo a perder ingresos y la presencia de las comarcas explican por qué en Aragón no ha habido iniciativas similares.

Ahora, las localidades extremeñas de Don Benito y Villanueva de la Serena van a hacer una consulta a sus vecinos para iniciar el proceso de fusión. Su objetivo es convertirse en la tercera ciudad de Extremadura, crear una universidad y atraer proyectos que generen empleo y mejoren la renta de los hogares. En Aragón no hay proyectos similares sobre la mesa, ni para localidades tan grandes (estas sumarían 63.000 habitantes) ni para otras más pequeñas.

El objetivo de aquella polémica Ley para la Racionalización y la Sostenibilidad de la Administración Local de 2013 era fomentar este tipo de uniones en un país con más de 8.100 municipios, muchos de ellos de tamaño pequeño. Aragón debía haber sido un territorio propicio para su aplicación, ya que aquí hay 731 municipios, de los cuales el 27% tiene menos de 100 habitantes, el 74% tiene menos de 500 y solo el 3,2% tiene más de 5.000 vecinos, que es la cifra que algunos expertos ponen de límite para fijar la viabilidad de estas entidades locales. 534 de los 731 municipios concentran solamente al 6,98% de la población aragonesa. Aragón tiene los mismos pueblos que Andalucía, pero con la sexta parte de su población.

Luis Zubieta, presidente de la Federación Aragonesa de Municipios, Comarcas y Provincias, cree que la supervivencia de los pueblos de Aragón se explica “por la presencia de las comarcas y las diputaciones”, que dotan de servicios al territorio. “Si no, los servicios sociales, la recogida de basuras o la seguridad serían inviables para ellos”, añade. Zubieta también motiva la supervivencia de los pueblos en el hecho de que “el sentimiento de identidad del municipio está muy arraigado en Aragón”.

En Aragón no solamente no ha habido fusiones en los últimos lustros, sino que la tendencia ha sido la contraria. Hace ahora 15 años, Villamayor de Gállego se segregó de Zaragoza, tras una larga reivindicación no exenta de tensiones. José Luis Montero, su alcalde, cree que la aventura ha sido “totalmente beneficiosa” para el pueblo. “Decían que perderíamos servicios y calidad de vida, pero no ha sido así. Hay mayor cercanía con el ciudadano, todo el pueblo tiene el teléfono de alcalde y no dependen de lo que pase en la plaza del Pilar de Zaragoza”, resume.

Montero recuerda que la lucha “contra la quinta ciudad de España” no fue fácil, y que “los primeros años fueron duros”. Ahora, el debate sobre la posibilidad de volver o no a Zaragoza “no está ni en la calle ni en los plenos”, asegura. Según su experiencia, las fusiones de municipios “no son positivas” para los pueblos. “Utebo está rodeada de Zaragoza, pero a nadie se le ocurriría plantear una fusión”, ejemplifica.

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Aunque pueda parecer que la realidad administrativa de los pueblos ha sido inalterable durante décadas, en el último medio siglo ha habido cientos de cambios de nombre, fusiones, segregaciones, incorporaciones, extinciones… En 1960, Aragón tenía 935 municipios, 204 más que ahora. Solo en los años 60 y 70 hubo 12 municipios que se fusionaron entre sí, y otros 120 que fueron absorbidos por pueblos más grandes. Aunque se ha intentado contener la creación de nuevos pueblos, desde 1980 la tendencia ha sido la contraria, ya que ahora hay siete municipios más que entonces.

Las fusiones y absorciones de hace medio siglo fueron un proceso más forzado que voluntario para estas poblaciones y escasamente motivado y justificado. Con el paso de los años, el resultado resulta dudoso para algunos de estos municipios. Enrique Pueyo, alcalde de Aínsa, lo califica directamente de “un auténtico desastre”. Ahora hay 26 núcleos urbanos de entre 5 y 100 habitantes que dependen de Aínsa. “Al final, todo acaba en el pueblo grande, como pasa con Madrid y España o con Zaragoza y Aragón”, señala Pueyo.

El alcalde lamenta que “siempre se esté pensando en centralizar”, en lugar de “en dar servicio a los pueblos”. Cuando se le pregunta si cree que sería posible la independencia de todas estas poblaciones, pasa al ataque: “¿Y es viable económicamente que Zaragoza tenga todo lo que tiene? Aquí pagamos más impuestos por persona que en Zaragoza, pero allí tenéis mejores servicios. Los pueblos estamos manteniendo a las ciudades, y aún así Zaragoza siempre quiere más”.

Un caso singular es el de Biel (110 habitantes) y Fuencalderas (20). Se fusionaron en 1975, en una decisión “del todo negativa” para el segundo municipio, según Carlos Arguís, su alcalde. “Se hizo a espaldas del pueblo; luego las subvenciones se las daban a Biel y aquí no llegaba nada”, recuerda. Por eso, lucharon por volver a separarse. No tuvieron éxito, pero a cambio lograron constituirse como entidad local menor. Pertenecen a Biel, pero tienen independencia para todo, salvo para vender patrimonio municipal. En las elecciones, sus habitantes votan al alcalde de Fuencalderas y también al de Biel. Esta figura administrativa es inusual en Zaragoza (solo son entidades locales menores Sofuentes, Ontinar de Salz y Fuencalderas) y en Teruel (Las Cuevas de Cañart), pero relativamente habitual en Huesca, donde hay 39.

Foto de Biel
Imagen de Biel, en las Cinco Villas.
Laura Uranga

Para el alcalde de Fuencalderas las fusiones son “negativas para los pueblos”, porque entonces “las subvenciones no llegan. Camilo Beza, alcalde de Biel, respeta la autonomía de Fuencalderas -“nunca nos han pedido ayuda ni consejo”, señala-, pero cree que “les beneficia formar parte de Biel” porque “cuanto más pequeño eres, más te cuesta conseguir las cosas”.

Aunque no es fácil sacarlas a la luz, hay más miradas que van en esa dirección. Ramón Salanova es experto en la estructura local y la organización del territorio de Aragón, ya que fue secretario de los ayuntamientos de Barbastro y Calatayud y de la DPH, así como director general de Administración Local y Política Territorial de la DGA durante casi una década, entre otros cargos. Ya jubilado, cree que “731 municipios en Aragón son insostenibles”. “Sé que es muy duro políticamente decirlo, pero no hay suficiente dinero para 731. El futuro de Aragón, desde un punto de vista de eficiencia, sería mantener las 33 comarcas y tener unos 100 municipios. Esto no quiere decir que la gente no viva en el resto de pueblos, pero para eso no hace falta que tengan una personalidad jurídica propia”, reflexiona.

Aún así, es consciente de que “los procesos de fusión provocarían tal número de traumas que igual es mejor mantener la mentira”. Con esto se refiere a “las falsedades del mapa municipal”, donde “la población real es menor a la que consta en los padrones”. “Si nos damos una vuelta por invierno por muchos pueblos, no hay luz en las ventanas, ya que no vive ni el alcalde”, señala. A su juicio, Aragón en su día “perdió la oportunidad de organizar la despoblación”, y ahora corre el riesgo de “no organizar bien la repoblación”. “Si el dinero de los fondos que van a venir se reparten entre los 731 no resolveremos los problemas de futuro”, afirma.

A su juicio, más que pequeñas subvenciones para obras o inversiones puntuales hay que tener “una visión supramunicipal”, en la que se prioricen “los sitios en los que hay más posibilidades de supervivencia”. “Hay que ver qué población tenemos ahora y cuál teníamos hace 50 años. ¿Toda esa gente se hubiera quedado en los pueblos si se hubieran dado subvenciones para pavimentar la calle? No lo creo. El problema es más profundo”, concluye.

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