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Xavier Corominas: "Las bicicletas no son un problema, son la solución"

Nació en 1961 en Salt (Gerona), localidad de la que fue alcalde. Ha presentado ‘Del amor y otros viajes’, libro a la venta en La Ciclería de Zaragoza.

Xavier Corominas, en el taller de La Ciclería de Zaragoza.
Xavier Corominas, en el taller de La Ciclería de Zaragoza.
Toni Galán

Toda la vida ha tenido una bicicleta muy cerca, ¿cuál es su primer recuerdo?

Con un triciclo, con mi hermano empujándome en una cuesta. Creo que es mi primer recuerdo de la vida en general. Luego mi padre me regaló una bici con 7 años. Llegué a la escuela con ella y los profesores me dijeron que fuera la última vez que iba en bici al cole.

¿Cuál es la clave para que esa ilusión perdure de adultos?

Hay un papel fundamental de papás y mamás, que deben enseñar y acompañar a sus hijos en bici. Y hay que acabar con esa idea que existía y que sufría yo, que parecía que si tenías bici eras pobre y si tenías moto eras más.

¿Aún ocurre?

Sí, pero mucha de esta gente luego ve las ventajas de la bicicleta. En las ‘carreras’ de movilidad por la ciudad, ganamos las bicis.

Ha visitado decenas de países en bici. ¿Cómo estamos en España en el fomento de las dos ruedas?

Estamos mejor que antes, pero aún no nos podemos comparar con algunos países. La gente no lo sabe, pero en Japón la bicicleta es tremenda. Ves a abuelitas de 80 años que van por la acera al paso de las personas suavemente, con un parasol anclado con un soporte. Australia, Estados Unidos, no hablemos del norte de Europa... Hemos avanzado, pero nos falta. Las alcaldías deben primar el uso de las bicicletas.

A veces las bicicletas se ven como un problema para la ciudad.

Creo firmemente que son parte importante de la solución a muchos de los problemas que tienen.

¿Cómo ve Zaragoza?

Las primeras veces que vine apenas había bicicletas. La ciudad dio un paso muy importante hace unos años, pero ahora debe dar otro más.

¿Cuál?

Quitar coches. Las calles 30 ya están, pero hay que dejar que las bicicletas puedan ir contrasentido por ellas. En Francia lo permiten por viales que aquí nos parecería imposible, y no pasa nada.

Hay quien pone la excusa de las cuestas, el viento, la lluvia…

No hay excusas. No las hay. ¿Cuestas? Hay cambios de marchas. ¿Frío? Que vayan a Copenhague a ver cómo pedalean con nieve. No una persona, ¡todos! No te digo que algún día haya que dejar la bici, pero es cuestión de probarlo.

¿Pero ve realista que se implante una cultura ciclista como, por ejemplo, en los Países Bajos?

Es que tendremos que llegar ahí. Para muchos puede parecer difícil hacer el cambio, pero se puede. Ha habido gente que ha vuelto a la bici gracias a las eléctricas, y a partir de ahí ven los beneficios: es más barato, más saludable...

Ha viajado en bicicleta por Europa, por el Magreb, por América, fue desde Cataluña hasta Japón... Alguna anécdota tendrá.

En Colombia, cuando llegué a Cali leí que en la zona a la que iba operaban 185 bandas criminales. Te tienes que pensar qué haces, porque son muchas (ríe). Salí con la bici a las 5.30 de la mañana pensando que a lo mejor las 185 bandas estaban durmiendo.

Cuente más.

En la parte positiva, viajé a Japón en solitario y, tras subir una cuesta muy dura, en silencio, me giré y vi que había 20 o 30 coches detrás. Nadie tocaba el claxon.

¿Los sitios se ven distintos sobre una bicicleta?

Desde luego. Por los olores de las calles, la naturaleza, los animales, los paisajes, la gente… Esto último es muy importante, porque el turismo de consumo olvida que una parte fundamental de los viajes es hablar con la gente. He encontrado personas en China o Australia con las que empecé a hablar y que al final me abrieron su casa para dormir.

Pero lo suyo tiene truco.

Sí, me metía una paellera en las alforjas para hacerles una buena paella. Nunca falla.

Hay quien dice que lo importante es el viaje, no el destino.

Sí, pero también creo que hay que tener un objetivo. Si digo que voy desde mi casa a Tokio, el objetivo es llegar. Lo contrario sería ir como un nómada. Hay un amigo mío que dice que va en función del viento, pero solo si va a favor.

¿La preparación de la ruta también es un viaje?

Sí, planeando te lo puedes pasar pipa. Yo lo preparo todo, pero solo más o menos, porque nunca sabes dónde vas a tener una avería, o dónde te vas a quedar varios días porque el sitio te ha gustado mucho. Sé dónde voy a dormir los dos primeros días, luego ya no.

En su libro cuenta que en sus viajes también tiene cabida el amor.

El amor a partir de los 60, además. En la pandemia ha habido discriminación por la edad, nos han metido a todos en el mismo saco. La palabra vulnerable a mí me ha hecho mucho daño. Yo era vulnerable, pero en plena pandemia me hice las ocho Islas Canarias solo en bicicleta sin problema.

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