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economía

Calzados Tello, una empresa centenaria en San Sebastián con raíces aragonesas

Miguel Tello era natural de Lechago. Hoy, sus bisnietas Ariadna (47) y Estíbaliz (46), continúan al frente del negocio familiar: “Fue un emprendedor y un visionario”.

A la izquierda, Miguel Tello Martín y Domingo Tello Ferrer. A la derecha, Manuel Miguel Tello Arnaiz, con las majas de las fiestas de Lechago. A la derecha, Ariadna y Estíbaliz Tello, en la tienda actual.
A la izquierda, Miguel Tello Martín y Domingo Tello Ferrer. A la derecha, Manuel Miguel Tello Arnaiz, con las majas de las fiestas de Lechago. A la derecha, Ariadna y Estíbaliz Tello, en la tienda actual en San Sebastián.
Cedidas por la familia Tello

Hoy en día, que una empresa supere los cien años se ha convertido en toda una hazaña. Por eso desde hace tiempo Calzados Tello ha protagonizado numerosas apariciones en medios locales. Una empresa familiar radicada en San Sebastián pero que cuenta con raíces aragonesas, en concreto turolenses. Fue Miguel Tello Martín, nacido en Lechago en 1864, quien abrió la primera de estas tiendas en el año 1903 en el número 3 de la calle Arroca.

Hoy son Ariadna (47) y Estíbaliz (46) Tello, sus bisnietas, quienes encabezan la cuarta generación de zapateros de esta saga familiar. “Con 12 años, nuestro bisabuelo se fue a Zaragoza a aprender un oficio para ayudar en casa. Se hizo curtidor y volvió a casa”, relata Ariadna. Con 24 conoció a la que pronto sería su mujer, Gregoria Ferrer, natural de la capital aragonesa y con la que tuvo nueve hijos. Tras vivir una temporada en Pamplona y luego en Tudela, donde montó un taller de fabricación de calzado llamado ‘Suizo’, pronto vio la oportunidad que una ciudad como San Sebastián le ofrecía.

“Allí abrió un taller de curtidos en la calle Urbieta. Poco después, puso en marcha una pequeña fábrica de calzado en la calle Arroca, que pasó de diez a un centenar de trabajadores en dos décadas”, rememora su bisnieta, orgullosa. Sin embargo, la llegada de la Guerra Mundial supuso un duro golpe para la economía española. “Mi abuelo siempre nos contaba que, dentro de lo malo, tuvo suerte porque le encargaron la fabricación de los zapatos de descanso del ejército francés, llegando a fabricar más de 25.000 pares”, rememora.

Con el tiempo, el aragonés llegó a aglutinar cuatro tiendas, una fábrica de calzado y un negocio de encurtido, así como un garaje con capacidad para 250 coches. “Fue una persona muy emprendedora y un visionario para la época que le tocó vivir”, afirma Ariadna. En 1935, el turolense falleció y cedió el testigo a su mujer e hijos, los cuales se vieron obligados a hacer frente a la Guerra Civil Española, otro duro golpe.

La mayoría de sus hijos huyeron a Francia, salvo Domingo, abuelo de las actuales dueñas del negocio familiar, y una hermana pequeña. “Durante este periodo, el Ejército se quedó con la fábrica y ya nunca la recuperaron. Después de esta etapa, la familia regresó a hacerse cargo de los diferentes establecimientos, aunque ya nada fue lo mismo”, reconoce.

Su bisabuelo, Miguel Tello, siempre procuró mantener el contacto con Lechago. Tanto que, durante mucho tiempo, realizó aportaciones para reformar la iglesia o la Casa Consistorial, y donó una importante cantidad de libros a la biblioteca municipal. Un amor que logró transmitir a sus hijos, entre ellos a Manuel Miguel Tello, padre de las actuales gerentes. “Era algo muy importante para él, a pesar de vivir tanto tiempo fuera siempre reivindicó sus orígenes turolenses”, admite Ariadna.

Además, su padre, llegó a ser pregonero de las fiestas de Lechago en el año 2003. “Cada mes de agosto iba a sus fiestas y cuando viajábamos a Alicante por negocios, la parada en el pueblo era obligatoria”, admite, entre risas.

“Durante estos años se produjeron diversos cierres, manteniendo siempre la tienda de Urbieta 34, la original. Al tiempo, mi padre decidió abrir una nueva zapatería con un concepto más modernizado. Fue en la calle Fuenterrabía, número 12, donde seguimos hoy en día”, explica Ariadna.

Fue en el año 1981 y llegaron a sumar una decena de tiendas. Sin embargo, una nueva crisis, la de 2008, volvió a traducirse en nuevos cierres. “Hoy mantenemos dos puntos de venta, uno en San Sebastián y otro en Irún”, relata. Y no, aclara que estas tiendas no tienen nada que ver con las Tello de la capital aragonesa: “Nos lo pregunta mucha gente, pero es casualidad”.

El amor por la tierra, inolvidable

Esta apertura se produce en un momento clave para el sector del calzado, en el que se pasó de un producto realizado de manera artesanal y casi a medida a un calzado más económico, accesible y, sobre todo, cambiante. “Mi abuelo prácticamente fabricaba lo que venía. Se buscaba un zapato que durase, a medida y de alta calidad. Hoy eso no existe”, explica Ariadna. La llegada al mercado de grandes cadenas cambió por completo los modelos de consumo tradicional. Algo que su padre fue capaz de ver a tiempo.

“Seguimos defendiendo la filosofía de mi bisabuelo, del calzado de piel fabricado en España, pero con producto más asequible y de temporada. Somos fieles a nuestras raíces”, reflexiona la empresaria. Sobre el turolense, al cual no pudo conocer, asegura que siempre lo tienen muy presente: “Ha estado en todas las conversaciones. Fue un hito todo lo que hizo. Viniendo de una familia humilde, empezando de cero y siendo tan valiente. Para nosotras ha sido y es un ejemplo. Tuvo una mente muy adelantada a su época y fue capaz de meterse donde no se metía nadie”, admite.

De hecho, los hijos de las actuales dueñas de calzados Tello han pasado por el manto de La Virgen del Pilar. “Hay cosas que no se pueden olvidar y ese amor que nos han transmitido hace que sintamos Aragón como una segunda tierra”, concluye. 

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