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Tercer Milenio

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Celia Cantín: "Cuando vives fuera valoras el lujo de comer un melocotón al día"

Celia Cantín (Zaragoza, 1981) es investigadora Araid en el CITA. Experta en fruticultura, trata de mejorar la variedad del melocotón de Calanda y divulga la importancia de consumir productos naturales.

Celia Cantín, en la finca de melocotoneros del CITA, en el Aula Dei de Montañana. oliver duch
Celia Cantín, en la finca de melocotoneros del CITA, en el Aula Dei de Montañana. oliver duch
Oliver Duch

Un campo de melocotoneros como este no es la imagen de laboratorio que todos tenemos en nuestras cabezas.

El campo para nosotros es esencial, porque aquí vemos cómo se comportan las variedades que hemos obtenido. Somos investigadores de bata y también de botas. Hay que ir al campo a controlar la fruta, ver qué hace el agricultor, cosechar las muestras…

¿Qué aporta la ciencia a un trabajo tan tradicional como el campo, basado en siglos de experiencia?

Rapidez. Las mejoras siempre se han hecho con el paso de cientos de años, con cruzamientos que hacía un agricultor con algún ejemplar que le daba mejor resultado… Con las técnicas moleculares, nosotros podemos acelerar cien años en unas horas.

¿Con qué objetivo?

Por ejemplo, podemos detectar entre 3.000 plantas cuáles van a tener los azúcares que buscamos, sin siquiera ver el fruto que dan.

¿Cómo reciben los agricultores sus aportaciones?

Si es útil para ellos, muy bien. Pero a veces nos vamos a la parte de la investigación pura y dura, y los artículos que escribimos –y por los que se nos valoran– son de otro mundo. Hablamos de marcadores moleculares, de capacidad enzimática... cuando les llevas eso, les importa un pepino.

¿Pero esos estudios se reflejan luego en las cajas de frutas que ellos sacan de los campos?

Claro, la mejora genética nos ha permitido, por ejemplo, hacer plantas más resistentes a las enfermedades. También les aconsejamos sobre cuándo es mejor regar, sobre la mejor forma de podar para recibir más luz...

Estamos en plena campaña del melocotón de Calanda, una fruta que conoce muy bien.

La calidad que tiene es excelente. Es la única denominación de origen de melocotón del mundo, es una joya que tenemos ligada al territorio y a la tradición que tenemos que mimar y que estamos tratando de mejorar.

¿De qué manera?

Hay características que a los agricultores les dan quebraderos de cabeza, como la heterogeneidad de los frutos de un mismo árbol. El objetivo es que todos sean más o menos iguales. También buscamos que sean más dulces o que se conserven mejor con el paso del tiempo.

¿Valoramos en Aragón la fruta que tenemos? Y, sobre todo, ¿lo demostramos cuando vamos al supermercado o la frutería?

No. Junto con Cataluña, somos la huerta de frutales de España, tenemos fruta de muchísima calidad, pero a veces cuesta verla en nuestros propios supermercados. A veces aquí compras fruta de Aragón que ha pasado por Madrid y ha vuelto. Eso va en detrimento de la calidad.

¿Se valora más fuera que aquí?

En ocasiones, así es. Hay productores que venden su cosecha íntegra al extranjero antes de producirla. Cuando vives fuera te das cuenta del lujo que es poder comer un melocotón fresco al día.

¿Qué importancia tiene la fruta en la alimentación?

Uno de mis objetivos en la divulgación es conseguir que los niños aprecien la fruta. Que sepan lo que les aporta, que sepan que está ligada a la naturaleza y que evita que coman alimentos procesados.

Igual también hay que hablar con los papás y las mamás...

Me cuesta entender a los que dicen que sus hijos no quieren comer frutas de primeras, sobre todo si les has dado buena fruta desde pequeños. Otra cosa es que le quites los procesados con 40% de azúcar para darles fruta.

Es mujer y científica. ¿Queda mucho camino por recorrer?

Mucho. Como estudiantes casi hemos alcanzado el objetivo, porque ya somos más mujeres que hombres en carreras de ciencias, excepto en las ingenierías. Pero sigue existiendo la llamada ‘tubería que gotea’: hay más estudiantes, más mujeres que acceden al doctorado... pero cuando se sigue subiendo y llega la época de la maternidad nos quedamos paradas.

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