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Música y poesía para personas sin hogar: un poco de ocio para quienes no tienen nada

El proyecto pionero y anónimo ‘Soy alguien, soy hogar’ completa una semana de programación cultural para sintecho en Zaragoza con el objetivo de visibilizar su situación.

Macarena Jiménez, que vivió varios años en la calle, en uno de los conciertos de esta semana.
Macarena Jiménez, que vivió varios años en la calle, en uno de los conciertos de esta semana.
Heraldo

Leer una poesía o asistir a una exposición quizá no sea la máxima prioridad para quien no tiene nada. Sin embargo, las actividades culturales pueden convertirse en un medio para acercarse a las personas sin hogar y para visibilizar su situación. El proyecto ‘Soy alguien, soy hogar’ ha completado este lunes en Zaragoza una semana de programación cultural centrada en este colectivo con un doble objetivo: tratar de integrar a estas personas en el día a día de la ciudad y llamar la atención a la sociedad sobre el problema social de los sintecho.

La agenda cultural ha incluido exposiciones itinerantes de fotografía, intervenciones artísticas, conciertos, ‘liberación’ de libros por las calles… Siempre con el objetivo de provocar una reflexión sobre el ‘sinhogarismo’ a través del arte y de la cultura. Los promotores de la iniciativa admiten que no es fácil atraer a las personas sin hogar a este tipo de actividades, ya que “ellos mismos no se sienten capaces o legitimados a participar”. Sin embargo, valoran lo que se ha aportado a quienes sí han acudido y no descartan volver a programar en el futuro actividades que se han quedado pendientes.

Los organizadores, que prefieren permanecer en el anonimato, trabajan en el ámbito de la atención social de Zaragoza, y observan que el problema de los sintecho “va al alza” en la capital aragonesa. “La brecha social se está haciendo más amplia, y eso se nota en la calle”, reflejan. La pandemia y la crisis han hecho que aumente el número de personas sin hogar, pero también “la gente que vive bajo un techo precario”. 

Sobre el perfil de quienes viven en la calle, observan “un claro incremento de mujeres”, un colectivo que sufre “una doble vulnerabilidad”. Pese a ello, el perfil más típico suele ser el de un “varón español de unos 50 años”, al que se le han acumulado “seis o siete acontecimientos dramáticos” que, sin una red de apoyo, le han empujado a esta situación.

Macarena Jiménez vivió varios años en la calle, y esta semana ha participado en varios de estos actos. Desde su experiencia, cree que pueden venir bien “para que las personas sin hogar se distraigan y vean las cosas de otra manera”. De su época en la calle recuerda que su día a día era “pedir en la avenida de Goya, sacar algo para el tabaco y encerrarme por la noche en un cajero con miedo a que me pasara algo”. 

Ahora, gracias al programa ‘Housing first’, vive en un piso del Casco Histórico. “Creo que la gente sí que conoce más o menos la situación de quien no tiene hogar, pero el problema es que no hacen nada”, cuenta. A su juicio, la mirada de la sociedad hacia quien vive en la calle es la de que “si están ahí es porque algo han hecho mal”.

En su caso, vino de Sevilla a Zaragoza, se quedó sin trabajo y sin dinero y entró en un bucle peligroso de calle y adicciones. “Gracias a mi amigo Pepe -Fernández-, que me llevaba a Proyecto Hombre, me quité del alcohol y ahora llevo dos años sin beber”, señala.

El de las adicciones es uno de los prejuicios que los promotores de ‘Soy alguien, soy hogar’ quieren combatir. Aunque son conscientes de que “el porcentaje de trastornos adictivos entre las personas sin hogar supera con mucho al de la población en general”, también apuntan que hay que “evitar pensar que ese es el motivo por el que están en esa situación”. Por eso, invitan a la población a que no se queden con la primera impresión y traten de “llegar a conocer a las personas y sus historias”.

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