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Militares de la Base de Zaragoza, tras su misión en Afganistán: "Ver familias rotas y niños perdidos en Kabul toca el corazón"

Los militares del EADA de la Base Aérea de Zaragoza desplegados en el aeropuerto de Kabul describen la experiencia vivida durante la misión de evacuación.

Un grupo de militares del EADA, en la Base Aérea de Zaragoza
Un grupo de militares del EADA, en la Base Aérea de Zaragoza, tras su misión en Kabul: el cabo José M. Santamaría con el perro Harpo, el capitán Joaquín González, el cabo primero Alexis Vázquez, el sargento primero Roberto Moya, la sargento Rebeca Sánchez, el brigada Óscar J. Ochoa, el cabo primero Christian Ramírez, el soldado Carlos Utrera, el soldado Enrique Illanas y el soldado Víctor Segura
Toni Galán

Miraron cara a cara el drama y protegieron al más débil en uno de los lugares más peligrosos del planeta. El Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo (EADA) hizo honor de su lema (Obviam Primus) de ser el primero que llega a los lugares en conflicto y el último que se va. Sus integrantes aterrizaron en Afganistán el 22 de enero de 2002 procedentes de la Base de Zaragoza, junto a la Brigada de Montaña de Jaca. El pasado 16 de agosto, 19 años después, 54 militares desplegados entre Dubái y Kabul partieron de Zaragoza a una de las misiones más difíciles de sus carreras: salvar las vidas de entre 400 y 800 afganos que habían colaborado con las Fuerzas Armadas españolas durante estas dos décadas. Al final, junto a sus compañeros del Ala 31, sacaron a bordo de tres aviones A400M a 2.200 afganos en apenas nueve días. Completaron una gesta histórica.

El capitán Joaquín Lázaro, uno de los militares del EADA destinado en Dubái, describe lo que experimentaron los militares entre el 19 y el 27 de agosto en los alrededores del aeropuerto de Kabul. "Vivimos un éxodo brutal de un país, Afganistán, al que abandonaron muchos de sus ciudadanos con lo puesto encima", resume.

La sargento Rebeca Sánchez Juan cuenta su experiencia en Afganistán ante el monumento a los héroes de su unidad, situado en la zona sur de la Base de Zaragoza. Desde allí, al otro lado de la pista, se contemplan las aeronaves con las que lograron escapar de Kabul. Parece que todavía se encuentra mentalmente en el aeropuerto de la capital afgana. "Ha sido un privilegio que me hayan elegido para esta misión por haber ayudado a tanta gente. Significa mucho para mí", añade.

Los militares del EADA
Los militares del EADA. De izquierda a derecha, el cabo Christian Ramírez Cabrera, el capitán Joaquín González Lázaro, el brigada Óscar J. Ochoa Flórez, la sargento Rebeca Sánchez Juan, el sargento primero Roberto Moya López, el cabo primero Alexis Vázquez Perianes, el soldado Enrique Illanas Vela, el soldado Carlos Utrera García y el soldado Víctor Segura Callejas. Caminan por junto a las instalaciones del EADA, en la Base Aérea de Zaragoza. Llevan dos banderas de España que usaron en el aeropuerto de Kabul para identificarse ante los afganos que colaboraron con las Fuerzas Armadas y que se han convertido en el símbolo de la misión
T. G.

En esos días de vértigo, la protección de las mujeres fue una de las prioridades. El jefe de la unidad, el teniente coronel Carlos Forcano, explica que tuvo claro que necesitaba enviar a mujeres del EADA para emprender los cacheos de las madres y abuelas afganas y sus hijos, antes de subir en el avión de rescate.

Eligió a dos militares, entre los 37 del aeropuerto de Kabul, una de ellas Rebeca Sánchez, madre de un chico de 20 años. Le acompañó en el trabajo la soldado Beatriz Lasheras Chicano. "No había estado antes en Afganistán. Entré en el Ala 15 en el año 2007 y en el 2014 me vine al EADA", relata Sánchez.

Rebeca Sánchez
Rebeca Sánchez, sargento
T. G.
"No sabíamos lo que nos íbamos a encontrar allí, con la desesperación humana y la tristeza en las familias. Ha sido un privilegio que me hayan elegido para esta misión por haber ayudado"

Rebeca Sánchez, militar del EADA: "Hemos visto familias rotas y niños perdidos. Para eso no hay entrenamiento"

60% de afganos, mujeres o niños

La sargento y su compañera explican que el 60% de los afganos rescatados eran mujeres y niños. Su objetivo era "transmitirles tranquilidad" y confirmar el vínculo familiar que tenían con los colaboradores afganos de los militares españoles. "Las mujeres lo vivían todo de otra manera. La situación afectaba a su maternidad, porque además de dejar su hogar veían a sus hijos con miedo", relata la oficial.

"Tenían que entender que en el aeropuerto ya estaban bien y que el siguiente paso era viajar a España para empezar su nueva vida, aunque lejos de su casa", precisa Sánchez. "Con palabras de apoyo y la mirada les decíamos que estaban a salvo, que solo les quedaba coger el avión", recuerda.

Alexis Vázquez, cabo primero
Alexis Vázquez, cabo primero
T. G.
"Nos esperábamos el atentado porque nos llegó información de la inteligencia española, de los ‘marines’ norteamericanos y los británicos. Fue muy duro porque conocíamos a los 13 que murieron. Estábamos juntos allí"
Alexis Vázquez, militar del EADA: "El atentado fue duro. Conocíamos a los 13 norteamericanos que murieron"

El hijo de la sargento Sánchez, Kevin, no lo ha pasado muy bien durante la misión. Desde Zaragoza, seguía mucho las noticias y era consciente del peligro que acechaba a su madre. No en vano, la puerta Abbey del aeropuerto, donde se produjo el atentado que causó 170 muertos el 26 de agosto, era la misma por la que salía Rebeca Sánchez todos los días a recoger a los afganos que querían escapar de su país.

"Esperábamos el atentado"

Junto a la sargento, salía también por aquella fatídica puerta el cabo primero Alexis Vázquez, nacido en Irún (Guipúzcoa). Entró en la unidad en 2008 y era la tercera vez que viajaba a Afganistán (antes estuvo en Herat y en el aeropuerto de Kabul). "Nos esperábamos el atentado, porque teníamos información de la inteligencia española, de los ‘marines’ norteamericanos y de los británicos. Pero fue muy duro, porque conocíamos a los 13 militares norteamericanos. Estábamos todos juntos allí", señaló.

Diez minutos antes de la explosión, la sargento Sánchez y el cabo Vázquez habían estado allí, porque era donde sus compañeros localizaban a los afganos vinculados a España. "El atentado nos pilló alejados. Sabíamos que algo había pasado, nos preparamos y fue un susto", reconoce Raquel Sánchez. Afirma que no sintió el "miedo", porque los militares de escuadrón están preparados para "tomar decisiones en momentos de estrés" como fue ese. Aquella trágica jornada lograron salir del aeropuerto a las 2.00 de la madrugada del día siguiente a la explosión.

Joaquín Lázaro, capitán
Joaquín Lázaro, capitán
T. G.
"En Dubái había dos tipos de lloros: unos de júbilo porque sabían que tenían una segunda oportunidad fuera del país y otros por dejar familiares detrás sin saber qué les puede pasar"

Sin embargo, el cabo primero asume que el atentado, cometido por un terrorista suicida cargado de explosivos que se mezcló entre la marabunta, le hizo "conocer" el efecto del miedo. Aun así, sostiene que en esta situación de peligro extremo vivida desde la pista del aeropuerto, los compañeros de su unidad "son los mejores de las Fuerzas Armadas y me cubren".

Los 37 militares del EADA destinados en el aeropuerto de Kabul se dividieron en dos equipos que controlaban el acceso por la puerta de Abbey, aunque en los primeros días también utilizaron la del oeste. Otro grupo se ocupaba de acompañar a los refugiados afganos hasta el avión A400M, que solo podía permanecer en la pista una hora. Por eso, mantenía los motores en marcha.

Para hacerse visibles entre la muchedumbre, ondeaban "banderas españolas, banderitas de papel o el móvil", relata la sargento. De hecho, el grupo de diez militares de la misión que estaban en el EADA el pasado miércoles, cuando atendieron a HERALDO, mostraron las dos banderas españolas que utilizaron en el aeropuerto para localizar a los afganos como un símbolo de esta misión.

La sargento describe su papel para ayudar los refugiados afganos: "Cuando estaban a nuestro alcance, comprobábamos su documentación, los sacábamos de la puerta y los llevábamos a otro lugar alejado, donde se reiteraba la comprobación. Les dábamos agua y comida en un sitio para que descansaran. Venían exhaustos. Desde allí los bajábamos al lugar de la terminal, desde donde se subían definitivamente al avión".

Una vez en el interior del aeropuerto, los militares les hacían entender que ya podían considerarse libres de sufrir cualquier daño por parte de los talibanes y los yihadistas que estaban en el exterior. Podían esperar seis horas o un día entero a coger el avión, pero estaban bajo la protección de las tropas de la OTAN. Aun así, la sargento reconoce que había mucha gente que no cumplía el requisito de tener relación con España.

"No podías hacer nada"

Ese era uno de los momentos más duros: cuando había que sacar a las familias del aeropuerto por no tener sus vínculos con España. "Tenías que dejarles fuera, aunque también estaban huyendo del país porque no querían vivir en esas condiciones", dice. La sargento recuerda "la desesperación humana y la tristeza de las familias", con casos de niños hambrientos, sin ropa, sedientos y hasta golpeados. "No podías hacer nada, aunque hubiéramos querido ayudarles", señala.

La militar rememora "a las familias rotas y niños perdidos" que se encontró en la entrada del aeropuerto. "Para eso no había entrenamiento", comenta. "Tienes que llevarlo como puedas, con momentos de bajón, en los que te toca mucho el corazón", asume Rebeca Sánchez.

La fortaleza de los niños

Por su parte, el cabo Alexis Vázquez también describe los momentos de emoción que vivió cada uno de los nueve días "con las niñas y los niños pequeños" que conoció. "Han demostrado que ellos son más fuertes que los mayores para escapar de allí. Al final, había que sacarlos y jugar con ellos para lograr que se evadieran de la realidad, porque era muy lamentable lo que sucedía", relata el cabo irundarra.

Tras embarcar en Kabul en el avión A400M y aterrizar tres horas después en Dubái, los afganos llegaban "totalmente descolocados", tal y como describe el capitán Joaquín Lázaro. "No sabían si habían llegado a España, a Estados Unidos o, en realidad, a Emiratos Árabes. Había que tranquilizarles y hablarles de la segunda oportunidad que suponía viajar hasta nuestro país", indica.

La función del capitán era completar su traslado desde la plataforma militar hasta la civil, donde iniciaban su viaje definitivo hasta la Base de Torrejón. No era fácil convencer a los afganos que se separaran de sus pertenencias, para dejarlas en la bodega de los aviones Air Europa que contrató Defensa. El oficial explica que los afganos se agarraban "con uñas y dientes" a su equipaje. Era toda su vida.

El capitán Lázaro describe que había dos tipos de lágrimas en Dubái: "Unas eran de júbilo porque sabían que tenían una segunda oportunidad fuera de su país y otras eran por dejar a familiares atrás sin saber qué les iba a pasar". Pero la única salida era escapar.

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