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Opinión

Una huida desesperada

OPINIÓNACTUALIZADA 26/08/2021 A LAS 05:00
Refugiados afganos que viajan hacia España en el segundo vuelo del Ejército
Refugiados afganos que viajan hacia España en el segundo vuelo del Ejército
EFE

El tiempo se agota. La esperanza de escapar de Afganistán a salvo, también. La huida es desesperada. Lo cuentan al llegar a Aragón, exhaustos y aterrorizados, los refugiados que guardan en bolsas de plástico los rescoldos de su antigua vida. Esa que se pierde bajo el yugo talibán y que nunca más volverán a disfrutar.

Sin descanso buscan los militares españoles a voz en grito a sus antiguos colaboradores en los aledaños del aeropuerto de Kabul. Muchos llevan prendas rojas, como pidió la ministra Margarita Robles. Pañuelos que sirven como salvoconducto para escapar del infierno. Si hay suerte. La mayoría seguirá en Afganistán encerrada por los integristas talibanes, en la constatación de un fracaso colectivo que dejará millones de mujeres oprimidas e invisibilizadas en una pesadilla de la que no lograrán despertar.

Occidente sale al rescate. ¿Hasta cuándo? Las olas de solidaridad vienen y van, como las mareas, y pronto olvidamos quiénes son los asilados y por qué les debemos ayudar.

Mientras los talibanes arrastran a Afganistán a la más profunda oscuridad, en España agotamos la luz natural para esquivar el saqueo de las eléctricas. Evita Pedro Sánchez dar explicaciones en el Congreso sobre una crisis humanitaria mundial. Nada nuevo en la vuelta de vacaciones a una realidad de colegios con mascarillas, botellones insolidarios e inciertas terceras dosis. Y la luna azul ya no está. Charlie Watts se ha ido tras ella, llevándose consigo el sueño de los que esperábamos ver en directo a los Rolling Stones una vez más.

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