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"Veinte años después algunos compañeros aún sufren secuelas"

La cumbre del G8 en Génova en julio de 2001 acabó con quince aragoneses apaleados y encarcelados. Alberto Lorente y Adolfo Sesma recuerdan aquella pesadilla, que les ha llevado años y años de juicios.

Sesma y Lorente, fotografiados esta semana en Zaragoza, con los recortes de prensa de 2001.
Sesma y Lorente, fotografiados esta semana en Zaragoza, con los recortes de prensa de 2001.
José Miguel Marco

Cuatro noches con el alma en vilo, incluso temiendo por la propia vida, no se olvidan fácilmente. Ni aunque pasen veinte años. Alberto Lorente y Adolfo Sesma (también conocidos como 'Loren' y ‘Fito’) fueron dos de los quince aragoneses que en julio de 2001 sufrieron una detención ilegal -así se ha demostrado en juicios posteriores- y acabaron con sus huesos en la cárcel, no sin antes ser víctimas de palizas y violencia policial, también acreditada en numerosos pleitos. Las secuelas físicas, los traumatismos y las costillas rotas quedaron atrás, pero “muchos de los compañeros sí siguen teniendo secuelas psicológicas”, aseguran.

Alberto y Adolfo son ahora ambos son ahora felices padres de familia y, sin embargo, creen que todavía no ha llegado el momento de contar a sus hijos el detalle de todo lo que pasó. “Evidentemente saben cosas, nos han acompañado a viajes a Génova para los juicios o han visto fotos, pero no saben realmente todo lo que sucedió”. “Mi hija alguna vez me ha preguntado: ‘Papá, ¿has estado en la cárcel?’. Y tengo que decirle que sí, pero que -simplificando mucho- me metieron por defender a la mayoría de la gente contra los ricos”, cuenta Lorente.

Toca retrotraerse veinte años atrás. El movimiento antiglobalización estaba en alza y en Génova se reunían los hombres más poderosos del planeta para debatir sobre economía. Manifestantes de un centenar de países se dieron cita en la ciudad italiana, al tiempo que Berlusconi advertía de que no tendría precisamente “mano izquierda” con quienes no protestaran de forma pacífica. La brutalidad y la represión se desató de tal forma que terminó con 300 heridos, 93 detenidos y un joven de 22 años muerto por un disparo en la cabeza efectuado por un agente.

Sesma y Lorente, en una página de HERALDO de julio de 2001.
Sesma y Lorente, en una página de HERALDO de julio de 2001.
Heraldo

Loren y Fito fueron arrestados sin mediar palabra durante una de las marchas y acusados en falso de portar cócteles molotov y barras de hierro. “Cuando nos metieron en la furgoneta de la Policía había una barra por ahí dando vueltas a la espera de encontrar un cabeza de turco”, recuerda Sesma.

Tras estar más de cuatro horas tirados en el suelo de un vehículo policial con las manos esposadas con bridas, los dos zaragozanos pasaron la noche en un antiguo cuartel habilitado como centro de detención, donde recibieron no pocos golpes. Al día siguiente, la Policía irrumpió en la Escuela Díaz, que el ayuntamiento genovés había habilitado para los activistas extranjeros y allí arrambló con todo (buscaban vídeos que recogieran actuaciones irregulares) y detuvo a otros trece aragoneses, dos de los cuales acabaron en el hospital con traumatismo craneoencefálico. El cónsul de España en Génova (Miguel Caserza) vivió unos días de intensa tensión diplomática, más aún cuando corrió el rumor de que el joven abatido por un disparo en las calles era de origen español, pero finalmente resultó ser Carlo Giuliani.

“Lo sucedido es algo que no está presente todos los días pero que también es difícil de olvidar porque el proceso judicial terminó ahora hace dos años. Nos ha tocado ir doce o catorce veces: primero las acusaciones contra nosotros que se desestimaron, luego un juicio por malos tratos y abuso de poder en la comisaría, otro por la detención ilegal y por falsedades y calumnias en los atestados de la Policía…”, explican. “También abrimos un juicio contra el estado italiano, a petición de los movimientos sociales de aquel país, para que se reconociera que habían existido torturas y el Tribunal de Estrasburgo condenó finalmente a Italia. De hecho, el país aprobó en el año 2017 Italia aprobó una ley contra la tortura como delito específico. Luego tuvimos que ir por lo civil para procurar indemnizaciones, así que llevamos veinte años de proceso”, comenta Sesma. “Yo la última declaración ante el juez la hice en italiano, sin haber estudiado el idioma nunca. Oye, que me ahorré 300 euros de traductor”, añade Lorente.

Estos dos zaragozanos pasaron una noche de pesadilla en el centro de detención Bolzaneto, donde incluso les raparon parte de la cabeza para conservar el pelo como un trofeo. Después, ingresaron en la cárcel de Alesandría, a unos 60 kilómetros de Génova. En las crónicas de HERALDO de entonces relataban que llegar a la cárcel y ver unos barrotes entre ellos y los policías fue todo un alivio porque ahí dejaron de pegarles. Verdadero miedo pasaron en el traslado, sin explicación alguna, a las cinco de la mañana del centro de detención a la prisión. “Había muchas encerronas y mucha información falsa. Un carabinieri nos dijo que habíamos matado a un compañero suyo, lo que no era verdad, pero supongo que la policía utilizaba tretas para azuzar a los suyos. Cuando nos metieron en el autobús a las cinco de la mañana no sabíamos dónde íbamos y podía pasar cualquier cosa”, recuerda Sesma.

“En este tiempo hemos conseguido condenas a treintaytantos mandos policiales, pero ninguno de ellos ha entrado en prisión por indultos, prescripciones, etc. Sin embargo, hubo diez activistas a los que impusieron condenas severas y han estado años en la cárcel. Ellos por romper cosas, mientras que la policía rompió cabezas, huesos y mató a un chaval”, apuntilla Lorente.

Las protestas en Italia en julio de 2001 tras las redadas policiales.
Las protestas en Italia en julio de 2001 tras las redadas policiales.
Heraldo

Para ambos “el recuerdo está vivo pero la parte amarga, la angustia, se ha desvanecido. Pero no es el caso de todo el mundo. Hay gente que psicológicamente está tocada”. ¿La experiencia tuvo alguna cosa buena? “Sirvió para establecer un vínculo afectivo fuerte con gente de Génova y con la propia ciudad. También para no poner en duda cuando veo noticias sobre violencia social, sé que es una realidad que existe, lo tenemos comprobado”, afirma Lorente.

Estos días se están llevando a cabo en Génova actos con motivo del 20 aniversario de aquellas protestas y, entre otras actividades, se hace un recorrido nocturno de los escenarios de la violencia policial. Aunque hace 20 años había activistas de más de 90 países, esta conmemoración es principalmente italiana porque “con la covid las restricciones para viajar son complicadas. De Zaragoza no hemos podido ir ninguno”, comentan.

Algunas de las víctimas zaragozanas muestran sus moratones.
Algunas de las víctimas zaragozanas muestran sus moratones.
Heraldo

Visto desde la distancia, tanto Sesmas como Lorente creen que las protestas de Génova estuvieron en el origen y fueron la semilla de muchos otros movimientos posteriores. “Es posible que ahora las marchas contra el G7 hayan bajado de intensidad porque durante unos años los políticos prefirieron no repetir la historia y hacerlas en las montañas rocosas de Canadá o en castillos alejados e inaccesibles para la gente”, dicen.

“No obstante, estas movilizaciones fueron el germen de muchas otras luchas. Entonces no había alternativa al modelo de capitalismo salvaje y esto fue la primera ola de impugnación tras la caída del muro de Berlín. Luego sí han surgido contrapesos y alternativas, y nuevas protestas llevaron en sí la huella de las de Génova: las movilizaciones de la guerra de Iraq, las primaveras árabes, los antidesahucios, el Occupy Wall Street, incluso, el 15-M adaptó al territorio la protesta antiglobalización”, opina Lorente. Después llegarían las mareas, la movilización por el clima, las marchas por la dignidad... “Y mucho trabajo desde lo local”, en cooperativas y organizaciones sindicales, vecinales, feministas, ecologistas…, en las que siguen involucrados los dos zaragozanos.

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