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Las obras de desmontaje avanzan y llegan ya al 'corazón' de la central térmica de Andorra

De los 110 trabajadores actuales se pasará a 140 a final de agosto y a 180 en el último trimestre del año. Los trabajos en la zona de calderas empiezan ya, y en septiembre terminan en la campa de carbones.

La imponente chimenea de la térmica sigue dando la bienvenida desde lejos a quienes se acercan a Andorra. Sin embargo, a su alrededor todo comienza a ser un poco distinto. Aunque las estructuras más grandes siguen en pie, las obras de desmantelamiento de la central resultan ya evidentes en este enorme recinto de 469 hectáreas. Y cada vez lo serán más, cuando a partir de esta semana comiencen los trabajos en la zona de calderas y de turbinas, que conformaban el auténtico ‘corazón’ de estas instalaciones, que cerraron hace poco más de un año tras más de cuatro décadas de servicio.

Actualmente hay 110 personas empleadas en su desmontaje, repartidas entre las obras en el parque de carbón, en la descontaminación de las torres de refrigeración, en el parque de calizas y en el mantenimiento de las instalaciones, fundamentalmente. A finales de agosto habrá un repunte de empleo y se llegará a los 150 trabajadores, que –según aseguran desde Endesa– podrían llegar a ser 180 en el último trimestre del año, por encima de las previsiones que se hicieron en su día.

Según apunta Ignacio Montaner, director general de Endesa en Aragón, lo primero que se hace es "controlar de dónde viene el personal", para primar el empleo local en una región especialmente dañada tras el cierre de la central. "El plan de desmantelamiento es flexible, como pasa siempre con trabajos tan grandes como estos, por lo que la demanda de trabajadores puede mejorar respecto a lo que previsto", señala a pie de obra José Luis Villabrille, jefe de proyecto de ingeniería encargado del desmontaje de la central.

Estos trabajos los ejecuta la UTE Moncobra-Rehbilita por encargo de la compañía eléctrica, y se iniciaron en febrero con unos 40 empleados. Cinco meses después, con más del doble de trabajadores, de momento se están cumpliendo los plazos previstos, que probablemente llevarán las obras hasta 2024.

Hasta ahora buena parte de los esfuerzos se han centrado en lo que en su día fue una gran campa de almacenamiento y transporte del carbón. Allí se mezclaba el material que se traía de las minas de la zona –que llegaba en camiones– con el de importación –que lo hacía en tren–. En la explanada había varias edificaciones y kilómetros de cintas por las que se transportaba el combustible para llevarlo de un sitio a otro. De todo esto apenas queda nada, salvo una estructura que esta pasada semana se estaba terminando de ‘machacar’, la rampa que elevaba el carbón hasta las calderas y una fina capa negra de restos de carbón que se eliminará próximamente. Más tarde, se analizarán los suelos para certificar en qué estado han quedado.

Sobre ellos se va a instalar un parque fotovoltaico hacia mediados del año que viene. Una de las singularidades de estas obras –además de su mastodóntico volumen– es que se va a simultanear el desmontaje de la central de carbón con la instalación de parques de renovables en el mismo emplazamiento. Parte de estas plantas se ubicarán en las 65 hectáreas de campa en la que hasta hace poco se acumulaban los carbones que quemaba la térmica. "Creemos que para mediados de junio estaremos poniendo placas solares aquí", señala Montaner.

Esta es solo una de las patas del proyecto, que incluye 1.700 megavatios de potencia de energías renovables en Andorra y su entorno, entre placas y molinos. El primero en iniciarse será el de Valdeserrana, unos terrenos anexos a la central térmica, y donde se comenzarán a instalar las placas solares a finales de este año, según las previsiones de la compañía.

La parte más importante del plan procede del megaconcurso que tiene que sacar el Ministerio de Transición Ecológica con los 1.300 megavatios de potencia eléctrica que dejó libre la central. Endesa ya ha anunciado que se presentará, y diseña "un proyecto muy completo" para concurrir a la subasta, según Montaner.

La zona de calderas

El final de las obras de desmantelamiento de la explanada de carbones llegará el septiembre, lo que supondrá el primer pequeño hito del desmontaje de la central. Pero antes, en principio esta misma semana, se avanzará hacia el corazón de la térmica: la zona de calderas y turbinas. Se va a comenzar con un trabajo de limpieza para eliminar las escorias, combustibles y aceites que pueden quedar en sus conductos. Poco a poco, se irán quitando los recubrimientos de aislamiento térmico que tienen las tuberías y los equipos, en un proceso denominado descalorifugado.

Es un trabajo lento, que puede durar un año aproximadamente, debido a la ingente cantidad de metros cuadrados de superficie que hay que ir ‘pelando’. Con las estructuras ya limpias, se desguazarán con el objetivo de recuperar el máximo material posible. "El acero puede acabar siendo la chapa de un coche, el cobre será otro objeto de cobre… La idea es reaprovechar el 90% del material que salga de aquí", apunta Montaner.

Casi para el final, hacia el año 2023, quedará el derribo de las estructuras más grandes, las tres torres de refrigeración (101 metros de altura) y la chimenea. Con sus 346 metros, es la estructura industrial más grande de España, solo superada por la de la central de As Pontes (La Coruña). Aunque hay quien lamenta el valor sentimental que tiene para el paisaje de Andorra, desde Endesa señalan que ha superado su vida útil y que el coste de su mantenimiento es millonario. Pese a ello, su caída será el último símbolo del fin de una época en la comarca.

"Necesitamos una solución alternativa"

os trabajadores de Endesa y de sus contratas reclaman "un plan alternativo" que supla la pérdida de empleo que supuso hace poco más de un año el cierre de la central. Alejo Galve, presidente del comité de empresa, señala que entonces "había casi 300 personas trabajando en las subcontratas", y que ahora "se habla de picos de 180". "Endesa está cumpliendo con el plan de desmantelamiento, pero los picos de trabajo serán eso, picos. Luego no tenemos nada alternativo hasta que por fin se decida el nudo energético que tanto anuncian, pero que ya llegará como pronto en 2022".

Según apunta el presidente del comité, la pandemia "paró proyectos que podían haber venido" a la zona, por lo que urge buscar medidas que supongan una alternativa a unas obras de desmontaje que durarán lo que duren. "Es muy importante que la empresa que se quede con el nudo energético –la capacidad de evacuación de energía de la central térmica que tiene que asignar el Ministerio de Transición Ecológica– venga con planes de acompañamiento para la zona que sean reales", señala.

Galve añade que hay compañeros que "van encontrando trabajos en Calanda o en La Puebla", y otros que están pendientes "del montaje de los parques de energías renovables" proyectados. "Han sido muchos años, mucha lucha, la única alternativa no puede ser el desmantelamiento", insiste.

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