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Cumplir 103 años, de pandemia en pandemia

Ana Lorao Viñuales nació el 25 de julio de 1918 en Alagón, el año de la Gripe Española: "Hay que vivir la vida, que solo hay una, pero sin hacer daño a nadie".

Ana, con sus 103 años, comparte la celebración con Mari Carmen (64) y Coral (3).
Ana, con sus 103 años, comparte la celebración con Mari Carmen (64) y Coral (3).
Heraldo

Domingo, 25 de julio de 2021. A su paso, todo el mundo de Alagón se pone en pie y se acerca a felicitarla. No en vano, Ana Lorao Viñuales cumple 103 años. Se trata de la mujer más longeva del pueblo. Eso sí, su sentido del humor y sus ganas de disfrutar de la vida parecen inagotables.

“¡Hoy el plato fuerte soy yo!”, bromea mientras accede al Asador Lisboa del municipio donde celebra su cumpleaños. A su llegada, un grupo de vecinos le canta el cumpleaños feliz. Se trata de la segunda fiesta pues ya el sábado, 24 de julio, tuvo otra reunión con familiares y amigos en El Tomillar, también en Alagón. Tras un año en el que la pandemia le dejó sin celebración, este 2021 bien lo merecía.

“Nací el año de otra gran pandemia”, reivindica. En concreto un caluroso 25 de julio de 1918. A pesar de su edad, Ana goza de una memoria intacta y de una salud envidiable. “No conozco a los médicos del pueblo, ni falta que hace”, espeta. A la pregunta de cómo se siente en su 103 cumpleaños, lo tiene claro: “Vieja. No me pensaba yo que iba a llegar a tanto”. Y eso que viene de una familia de mujeres longevas. De hecho, tanto su hermana como su abuela superaron los 100 años. “Mi madre no, pero casi”, asegura.

La vecina del pueblo zaragozano de Alagón celebró este domingo sus 103 años rodeada de su familia.

Sobre los trucos que ha seguido para llegar con tan buena salud a esta edad, afirma que no ha hecho nada diferente. ¿Lo más importante? “Comer de todo. Judías, garbanzos, pimientos…y hacer siempre lo que me ha apetecido. Afortunadamente nunca me ha faltado de nada”, advierte. El menú de este día tan especial han sido langostinos, ternasco con pimiento y un helado. Como broche, un café solo. “Me encanta el café, me recuerda al puchero que preparaba mi madre cada día”, explica.

Eso sí, su plato favorito son los huevos fritos con patatas, algo que cena habitualmente. “Dos huevos fritos, que con uno no me basta. El que come escapa, pero hay que comer bien”, bromea. ¿Otro consejo?: Es importante aprovechar el momento y vivir la vida. “A los jóvenes de hoy en día les diría que aprovecharan. Hay que vivir la vida, que solo hay una, pero sin hacer daño a nadie”, explica.

Su padre murió a los 33 años -cuando ella tenía 3 meses- a causa de la Gripe Española. Fue entonces cuando su madre decidió ponerse a preparar churros en casa, los cuales vendían en la misma puerta, ubicada en la plaza de España. “Podría decirse que nací en la churrería familiar pues mi madre me tenía allí con ella, en un banasto, todo el día. Cuando éramos mayores, mi hermana se iba a vender a la estación y yo a la fábrica de remolacha, a la entrada y salida de los trabajadores”, rememora.

Ana Lorao celebra su cumpleaños: nació en 1918 en Alagón.
Ana Lorao celebra su cumpleaños: nació en 1918 en Alagón.
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Por eso, en el pueblo se les conoce como ‘Las churreras’. Trabajo que dejó a los 32 años cuando se casó con el que fue el único amor de su vida. “Mi padre le dijo, toda la harina que tengas gástala hoy y regala todos los churros que quedan, que no vas a tener que trabajar más”, explica Mari Carmen Calvete (64), su hija. Y así fue pues decidió dedicarse en cuerpo y alma a su hogar. En casa tenían gallinas y pavos, algo que reconoce que le encantaba, casi tanto como tener bien cuidada su casa. “Ahora ya no hace nada, que se ha jubilado por completo -risas-, pero es totalmente autosuficiente”, afirma su hija.

Hacerlo bien en la vida

Aunque ha pasado casi toda la vida en Alagón, residió una temporada en Figueruelas donde su marido trabajó como administrativo en la fábrica de harina hasta su cierre, hace 46 años. Tras una temporada en Alagón, en 1981, al enviudar, se mudó con su hija. Desde entonces siempre han estado juntas. “En casa siempre fui la que gobernaba. Administraba el dinero del hogar y siempre guardaba porque habíamos vivido muchas penurias. Ahora lo llevo de otra forma. A la tumba no me lo voy a llevar, así que…”, reflexiona.

También le gusta mucho cuidarse y su familia reconoce que es “muy presumida”. Cada dos meses va a la peluquería a teñirse de castaño claro. “No me gustan las canas, que me hacen muy vieja”, afirma entre risas. No deja de reír ni un segundo durante el tiempo que dura la entrevista, su buen humor y la forma que tiene de ver la vida han logrado que esta mujer haya logrado ser una de las vecinas más queridas. “Me hace ilusión que la gente me tenga tanto cariño. Es muy emocionante. Eso es que lo he hecho bien en la vida”, concluye.

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