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El Ebro consigue 13 millones de euros de cofinanciación europea contra las riadas

El Life Ebro Resilience ha superado todas las fases y está ya a la espera de firma.

Imagen del taller participativo del tramo Osera-Fuentes de Ebro, celebrado de forma ‘online’ por la covid.
Imagen del taller participativo del tramo Osera-Fuentes de Ebro, celebrado de forma ‘online’ por la covid.
Heraldo

El Ebro ha conseguido 13 millones de euros de cofinanciación europea para combatir los efectos de las riadas. La estrategia Ebro Resilience –encabezada por el Ministerio para la Transición Ecológica junto a la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) y las comunidades autónomas de Aragón, Navarra y LaRioja–, ha sido seleccionada para su ejecución dentro de la convocatoria del Programa Life 2020. La firma se producirá, previsiblemente, antes del día 30, pero el acuerdo es ya total.

El Ebro Resilience ya intentó obtener financiación en 2018, pero entonces no pasó el ‘corte’ de Bruselas. El Ejecutivo volvió a intentarlo en 2020. Este mes de julio se ha ultimado toda la tramitación. «Nos han pedido una explicación más detallada sobre determinadas partidas; cuantías que podían afectar a un 2% o un 3% del montante global. La cifra redonda, los 13,3 millones de euros, está prácticamente confirmada», explicaron Carlos Arrazola, comisario de Aguas de la CHE, y David Gargantilla, técnico de la Confederación y coordinador de la estrategia.

Las señales recibidas en los últimos meses llevaban a pensar que, esta vez sí, la iniciativa «llegaría a buen puerto». En el tramo aragonés, contempla una actuación piloto inédita en Europa. Se desarrollará entre Osera y Fuentes de Ebro y permitirá «adaptar una las márgenes, marcadas por un terreno agrícola intensivo, al paso de las inundaciones». El objetivo es reducir los daños en fincas, infraestructuras de riego y defensas, así como permitir «un desagüe eficiente, rápido y sin daños de las aguas acumuladas».

La intención es implementar «zonas de amortiguación»; elementos que permitan «una preinundación controlada de la superficie cultivable» para evitar daños tan cuantiosos como los registrados en 2015 y 2018.Esta actuación haría «de colchón» y reduciría las erosiones y los arrastres sobre las fincas. También se construiría un cordón de cierre en el punto original por el que comienza el desbordamiento para controlar los caudales y limitar la entrada prematura de las aguas, entre otras acciones.

Según los estudios de la CHE, los cambios permitirían retrasar el desbordamiento inicial, que no se produciría con 1.600 metros cúbicos por segundo, sino con 1.800. Además, darían una mayor estabilidad a las defensas y reducirían posibles enterramientos de las acequias.

Una vez confirmada la cofinanciación, el proyecto se ejecutaría en aproximadamente cuatro años. «Posteriormente, habrá un periodo de dos para estudiar el comportamiento. Hay que tener en cuenta que lo que se está planteando en Aragón no se ha hecho nunca, lo que obliga a hacer un seguimiento intensivo para ver cómo funciona y sacar conclusiones», señaló Gargantilla.

El trabajo desarrollado en los últimos meses ha permitido avanzar el correspondiente estudio de detalle y realizar un taller de participación pública, otra de las señas del Ebro Resilience. «Tenemos todo bastante adelantado en cuanto al trato con los particulares y la explicación de las actuaciones. Al estar ya más o menos definidas pasaríamos directamente a la redacción del proyecto y la evaluación ambiental. Es decir, que todos los trámites que se pueden avanzar –que son casi todos los que no requieren de un desembolso económico importante– se están adelantando», agregaron.

La firma del acuerdo será el pistoletazo de salida. «Apartir de ahí tendremos que constituir el núcleo de gestión, que tendrá un participante por parte de cada uno de los socios, y empezar a organizar los trabajos para ponerlos en marcha lo antes posible», expusieron.

La estrategia busca ser «lo más abierta posible», de ahí que se estén programando talleres participativos en cada uno de los tramos. «Inicialmente hacemos una toma de datos de campo, con los que elaboramos los estudios que, posteriormente, se presentan a los ayuntamientos y al público en general. A partir de ahí se abren los talleres para escuchar a los implicados, recabar opiniones y hacer los cambios necesarios», dijeron.

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