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Guardianes de vuelo bajo y mirada larga

La DGT extiende su red de drones por todo el país, dos de los cuales vigilan y regulan las carreteras de Aragón. Detectan infracciones y previenen accidentes.

Imagen captada por un dron en la que un conductor emplea un teléfono móvil.
Imagen captada por un dron en la que un conductor emplea un teléfono móvil.
DGT

Las carreteras secundarias ya no son lugares seguros... para quienes pretender saltarse la ley y poner en peligro al resto de automovilistas. Porque desde el aire, como los mejores justicieros, puede haber unos ojos que vigilen lo que ocurre en el asfalto. La DGT ha extendido una red de drones con los que controlar los puntos y trazados que considera más peligrosos. Y con ellos planea evitar las peores prácticas, como los adelantamientos prohibidos, circular sin el cinturón puesto o los ‘whatsapps’ entre curva y curva.

En estos momentos hay dos guardianes en el cielo de Aragón, si bien cada uno de ellos tiene unas funciones bien definidas. El más pequeño, el Phantom 4, que pesa 1,4 kilos, se ocupa de regular el tráfico. «Cuando hay problemas de tráfico, como por ejemplo una retención a la salida de Motorland, se manda y se informa a la Jefatura en tiempo real de lo que está ocurriendo. Sirve, además, para aprender de cara al futuro», instruye Juan Carlos Pérez, jefe de la patrulla de Medios Aereos de la DGT. El dron que ejerce de hermano mayor, con un peso de 6,2 kilos, se llama Thyra V109 y tiene otro oficio. «Es el que lleva menos tiempo en funcionamiento. Se ocupa de vigilar, de hacer un seguimiento de las infracciones, que graba con su potente cámara», detalla el especialista. Estas imágenes, que literalmente «entran en los coches», pueden ser usadas como pruebas en un proceso penal o al proponer una sanción.

Este aparato lo manejan dos personas de forma simultánea. Mientras una pilota el vuelo en sí, la otra dirige el tiro de cámara, el zoom digital con seis aumentos... Los pilotos son los mismos que los de los helicópteros de Tráfico, y en estos momentos el equipo con base en la capital aragonesa lo conforman tres aeronautas y otros tantos operadores de cámara.

Los objetivos de la unidad «no son puntos grandes, sino concretos». Por ejemplo, una de las zonas que visitan con frecuencia desde el espacio aéreo es la nacional N-330 en su tramo entre Zaragoza y Botorrita, donde habitualmente entrenan cientos de ciclistas. «Acudimos algunas horas en fin de semana, porque es una zona que, por el tipo de usuario, entendemos que resulta delicada. Lo mismo en algunos puntos de concentración de accidentes», razona el responsable de los Medios Aéreos de Tráfico.

Los guardianes de la DGT tienen un margen de movimiento de unos 3 kilómetros de diámetro desde el punto en que está el piloto. Puede captar matrículas a 120 metros de altura y hasta medio kilómetro en línea recta. «Con ellos se ve perfectamente qué hace el conductor. Hemos visto de todo, desde mirar un mapa... hasta leer el periódico», revela Pérez. Una de las funciones más curiosas es que son capaces de reconocer colores concreto.

Y, en clave local, uno de los aspectos más llamativos es su mala relación con el cierzo cuando sopla con especial fuerza. «El Thyra aguanta hasta 20 nudos (unos 37 kilómetros por hora), pero el pequeño, el de regulación del tráfico, tiene que quedarse en el hangar con 15 nudos», explica

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