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agricultura

El sector del campo valora la vacunación de sus trabajadores: "La situación es radicalmente distinta a la de 2020"

Con un porcentaje de vacunación del 80% y unas normas que han dado "mayor fluidez" a la campaña, hay comarcas que incluso prevén récord de contrataciones.

Las previsiones de las organizaciones agrarias e instituciones públicas se han cumplido en las comarcas frutícolas del Aragón oriental. La caída de la producción –se estima hasta un 50% menos de cosecha en los cultivos de La Litera, Bajo Cinca y Medio–, que ha reducido también a la mitad las necesidades de mano de obra, y las vacunas suministradas a los temporeros han logrado mantener a raya al coronavirus.

De hecho, y hasta el momento, el centro del área de salud de Fraga no ha contabilizado ni un solo positivo entre trabajadores temporales del campo. Todo lo contrario a lo sucedido el pasado año, cuando varios brotes relacionados con el sector de la fruta obligaron a dar marcha atrás en la desescalada y la Comunidad se vio sumida en una segunda ola de contagios, que no se vivió al mismo tiempo en el resto de autonomías del país.

Los primeros casos aparecieron en una importante empresa frutícola situada en la localidad de Zaidín. Y, después, se extendieron por el resto de la comarca hasta alcanzar la temida transmisión comunitaria. Los casos contabilizados alcanzaron el millar a lo largo del verano, obligando a las autoridades de la capital del Bajo Cinca a abrir de urgencia un pabellón –bajo la supervisión de un equipo del centro de salud– para acoger a temporeros que dieran positivo en covid, así como un albergue, gestionado por Cruz Roja, con 50 camas para temporeros sin techo que hasta entonces dormían en la calle y entre cartones, amontonados sobre todo en torno a la estación de autobuses.

En la actualidad, la situación es radicalmente diferente. Ni han aparecido casos entre temporeros ni ha sido necesario abrir el albergue para trabajadores sin techo. "Ha llegado alguna persona sin contrato y sin alojamiento, pero han sido casos aislados que hemos podido solventar con las infraestructuras ya en marcha o derivándolas a los Servicios Sociales de la Comarca", detalla la alcaldesa de Fraga, Carmen Costa.

"La situación está muy tranquila y en un principio, nadie prevé que cambie"

La explicación está en la falta de trabajo y en la vacunación. Las heladas del pasado mes de marzo acabaron con la mitad la cosecha en la mayoría de los municipios del Bajo Cinca, lo que ha reducido de forma drástica la actividad en fincas y almacenes. En total, se han destruido unos 3.000 puestos de trabajo. "Al final, lo que ha ido mal para el productor ha ido bien para la propia contención de la pandemia. No hay trabajo y, por lo tanto, ha llegado muy poca gente", reconoce el alcalde de Zaidín y presidente de la comarca del Bajo Cinca, Marco Ibarz. "La situación está muy tranquila y en un principio, nadie prevé que cambie", añade. De hecho, tan solo faltan unos días para que se alcance el punto álgido de la campaña, que tendrá lugar entre el 15 y el 20 de julio.

Los productores también han jugado un papel importante. Fueron los primeros en informar de la falta de trabajo a las cuadrillas que emplean cada año, con el fin de evitar que llegaran a la zona y darles la oportunidad de que buscaran otras alternativas. Además, han realizado una importante labor de concienciación con aquellos a los que han podido dar trabajo, especialmente animándoles a vacunarse. "Más de uno hemos ido con ellos y hemos pasado los primeros, con el fin de dar ejemplo y disipar miedos", explica Óscar Moret, fruticultor y responsable del área de fruta en la organización agraria UAGA.

Temporeros recogen cerezas en un campo de Aniñón.
Temporeros recogen cerezas en un campo de Aniñón.
MACIPE

"Hay menos caos y todo el mundo sabe cómo actuar"

La diferencia entre este año y el pasado ha sido grande, porque esta vez estaba todo más claro, se ha hecho pronto y la gente ha acumulado experiencia", señala Óscar Joven, responsable de fruta en UAGA en la comarca Comunidad de Calatayud. Asegura que no le constan brotes en la zona y reconoce que los daños causados por las heladas de primavera han reducido las expectativas de contratación, lo que ha ayudado a ajustar oferta y demanda de mano de obra temporal.

"De normal llevamos entre 7 y 10 trabajadores, y este año será solo uno" 

Lo sabe bien Fina Martínez, cuya explotación entre Torrijo de la Cañada y Moros sufrió el impacto del desplome del mercurio. "De normal llevamos entre 7 y 10 trabajadores, y este año será solo uno. Como remedio, hemos apostado por la coliflor, el tomate y la calabaza", detalla. En el valle de Ribota, José Manuel Sebastián Liñán, joven agricultor de Aniñón, que emplea a 10 personas para la recogida de la cereza, reconoce que esta temporada es "más de lo mismo". "Intentamos que se repartan y haya espacio entre ellos, muchos ya están vacunados y es un espacio al aire libre", justifica. Uno de esos trabajadores es Pascual Miñana, natural de Calatayud pero habitual en la campaña frutícola de Aniñón: "Ya tengo las dos vacunas", indica.

María Ungaran, originaria de Rumanía pero también habitual en estos meses en la comarca bilbilitana, recuerda que todo es distinto en esta campaña. "El año pasado no pudimos venir, pero este sí", señala, aunque reconoce que no se ha vacunado. Y este es un problema que sigue encontrando el sector sanitario bilbilitano, porque aunque se ha inmunizado a más de 500 personas del sector hortofrutícola, sigue encontrando reticencias a la vacunación entre los extranjeros que participan de forma temporal en la recogida.

Otra de las importantes zonas productoras de fruta dulce en la provincia de Zaragoza es la comarca de Valdejalón, donde la campaña está yendo por otros derroteros. "Si todo sigue igual, podremos hablar de una temporada con contratación de récord", reconoce Vicente López, fruticultor y responsable de Relaciones Laborales y Migraciones de UAGA. "El 80% de los trabajadores se han vacunado", calcula. Y la campaña continúa, de hecho, el pasado viernes se inyectaron otras 120 dosis en el centro de La Almunia de Doña Godina.

"No se puede obligar a vacunar, pero sí que es verdad que es un aspecto que tendremos que tener en cuenta"

"No se puede obligar a vacunar, pero sí que es verdad que es un aspecto que tendremos que tener en cuenta, tanto a la hora de mantener trabajadores como cuando se contraten", señala López, que incide en que "es una manera de minimizar riesgos". López apunta que la organización entre administración y productores "se ha hecho bien, todos hemos hecho los deberes y tenemos suerte, que también hace falta".

En Caspe, Armando Altadill, miembro de la misma organización y fruticultor, indica que "con la experiencia de la campaña pasada, todo ha ido mejor: menos caos, más fluidez y todo el mundo sabe cómo actuar". En su caso, ya han empezado a embolsar melocotón y pronto recogerán la ciruela. Sobre la vacunación, explica que, "al empezar pronto y ser esta zona la primera, ya quedan muy pocos sin la dosis y eso ayuda a que todo esté más controlado". 

El presidente de la D. O. Melocotón de Calanda, Samuel Sancho, embolsando en Puigmoreno.
El presidente de la D. O. Melocotón de Calanda, Samuel Sancho, embolsando en Puigmoreno.
L. C.

"El sector esta tranquilo gracias a la vacunación"

La Denominación de Origen Melocotón de Calanda espera una campaña parecida o ligeramente inferior a la del año pasado, que calificaron de "histórica". En 2020 se certificó casi un millón de kilos más alcanzando los 4,5 millones y la climatología respetó la producción, sin pedrisco ni lluvias persistentes durante la recogida. Sin embargo, este año no ha sido así. La pasada primavera hubo afecciones por las heladas causando que el fruto se quedara sensible y recientemente cayó pedrisco, por lo que se prevé que la cosecha total se reduzca entre un 10% y un 15% respecto a 2020.

"La calidad no se discute, porque si no se llega al nivel exigido no se certifica el melocotón"

No obstante, esto no tiene por qué afectar a la denominación Melocotón de Calanda, ya que el balance final dependerá de los kilos que se certifiquen. "La calidad no se discute, porque si no se llega al nivel exigido no se certifica el melocotón. Por eso puede que la cosecha sea menor, pero si el producto alcanza los estándares pueden igualarse los kilos que finalmente se certifiquen. Ya llevamos varios años que vamos aumentando la cantidad final y en 2020 la campaña fue muy buena", explica el presidente de la Denominación de Origen, Samuel Sancho. También se espera repetir con los buenos precios, a lo que también ayudaría si se reduce ligeramente la producción.

El sector está "tranquilo" en cuanto a la covid gracias a que la consejería de Sanidad ha vacunado a todos los trabajadores. En el Bajo Aragón Histórico ya se vivió en 2020 una campaña medianamente normal y alejada de los importantes brotes de otras zonas frutícolas.

Las normas que se impusieron de control de las contrataciones y de las viviendas no cogieron de nuevas al sector bajoaragonés. Los fruticultores del Bajo Aragón creen que estos controles fueron la principal causa de que no se produjeran grandes contagios en la zona y solo "casos puntuales". El melocotón lleva muchos años contratando temporeros en origen y habilitando espacios que sirven de vivienda a sus trabajadores durante la campaña, en la que se pueden movilizar a más de 2.000 personas en el punto álgido, el embolsado en el que se trabaja ahora. Por si fuera necesario, la comarca del Bajo Aragón prepararía un centro de aislamiento covid en el albergue de Calanda, aunque la previsión es que no hará falta abrirlo.

El incremento del consumo nacional ha evitado que haya hecho mella la caída de la exportación con la covid. No se abren nuevos mercados y solo se mantienen los clientes fijos al aumentar el consumo interno y los precios. Los principales compradores son Alemania y Suiza. Después, Portugal e Italia. "En 2020, como el melocotón con Denominación de Origen fue muy demandado a nivel estatal y sus precios altos, la exportación se redujo", precisa Sancho.

Otro cambio de tendencia provocado por la covid fue que el pasado verano hubo un aumento notable de trabajadores bajoaragoneses debido a las restricciones en la hostelería. El incremento de la mano de obra autóctona fue mucho mayor que el provocado por la crisis de 2008. Este contingente local ayudó en una campaña "justa" de personal. En algunas semanas la mano de obra bajoaragonesa llegó a suponer el 50% del total, aunque la media de la campaña fue del 30-40%.

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