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El Museo de la Magia de Alcañiz no se deja ni un matiz

La dupla formada por el artesano Guillermo Castelló y la guía turística Montse Thomson lleva este espacio singular en el centro de la ciudad bajoaragonesa desde 2012; una visita que encandila a grandes y chicos.

El caspolino Guillermo Castelló ha respondido durante décadas al sobrenombre artístico de ‘El mago Zapata’ , aunque no le gusta que le llamen mago. Enseguida sabrán ustedes la razón. Lleva junto a su pareja –la alcañizana Montse Thomson– el Museo de la Magia en Alcañiz desde 2012; Montse, por cierto, también es la responsable de la firma turística TuGuía Bajo Aragón. "Todo surgió hace nueve años –explica Montse- porque Guillermo es artesano; crea aparatos y artilugios mágicos, además de juegos de ingenio. Sí, también trabaja como mago, pero no se considera ilusionista, sino creador de elementos para desarrollar ilusionismo. Quedarnos aquí fue una apuesta de estabilidad y sostenibilidad enfocada al turismo; fue como dejar el taller de Guillermo abierto al público, con elementos extra para dotar de más contenido a la visita. Aquí se ofrece magia desde el ojo del artesano".

"Mi abuelos vivían aquí al lado, en una torre –recuerda Guillermo con algo de cachondeo– y ya eran sostenibles, ahí no se desperdiciaba nada. Me alegró encontrar este local cuando nos planteamos la idea del Museo; se ajustaba a nuestras necesidades y pudimos montarlo como lo veis". "Trabajamos –apunta Montse– una idea orientada a la curiosidad y el entretenimiento. A la gente le llama la atención, vienen muchas familias por los niños y los padres acaban disfrutando tanto o más que ellos. Este mundo del especialista que apoya al mago es fascinante para mucha gente, todos queremos saber el truco y Guillermo lleva toda la vida en esto; trabajó en El Rey de la Magia, tienda de referencia en Barcelona, a la que acudían desde principios del siglo XX los magos a buscar sus artilugios a medida".

Aquí en el Museo se pueden hallar respuestas a muchas preguntas. Hay piezas usadas por grandes magos, otras propias de intervenciones de Guillermo y algunas hechas especialmente para congresos y convenciones. Está la caja zig zag, por ejemplo; la gente se puede ‘partir’ en tres, la de desaparición siempre resulta espectacular, y la cabeza parlante también llama mucho la atención. "Otra joya que tenemos, de principios del siglo XX, es una muestra rescatada del típico cajón para aserrar personas con una sierra circular". Guillermo lo ha recuperado. "La magia espectáculo –explica el artesano– era muy común en China desde tiempos inmemoriales; en Occidente no lleva tanto tiempo, un siglo apenas. Por aquí la magia solo se hacía en los circos, los circos iban en tren, por lo que la magia solo podía verse de año en año en sitios con tren", explica Guillermo.

Vídeo del Museo de la Magia de Alcañiz en 'Aragón es extraordinario'

Engaño, y a mucha honra

A veces, las palabras se despojan de su significado más popular y se deshacen también de matices peyorativos. El engaño, por ejemplo. "No lo olvidéis; si no hay engaño, no hay magia –aclara guillermo– y debe ser un engaño hábil, de alguien con una facilidad extraordinaria para el manejo de elementos y situaciones; incluso sabiendo el engaño se disfruta igual. Hay magos excelentes, y otros que son unos ‘petardos’, de puro vanidosos. Yo no trato directamente con magos en el plano profesional, aunque tengo buenos amigos en el gremio; trabajo para las tiendas, desde Selecciones Mágicas a El Rey de la Magia, la pionera que inició Joaquín Partagás, o Magicus".

El aplauso es siempre para el mago, pero… ¿y las ‘partenaires’? Tenían que ser contorsionistas, veloces, pacientes; unas atletas. "¿Qué me dices de los vuelos en escena? Naturalmente, son sirgas, pero el secreto para hacerlo más ‘creíble’ es disimular al máximo la presencia de estas sirgas, desviando la atención; se trata de hacer que el público enfoque en otro punto, y eso se logra con algo tan simple como mover un elemento en el escenario".

La importancia de la música o del ‘tatachán’ estentóreo es otro doble elemento a la hora del despiste, ya sea para tapar ruidos de los artilugios o, una vez más, desviar la atención, aplicar ese ‘misdirection’ del que hablan los grandes magos anglosajones. "En la película 'El ilusionista' salen algunos de los sistemas que tenemos expuestos –explican Montse y Guillermo– como el empleado por un mago de Las Vegas, que hacía levitar a su partenaire con un gran pañuelo por encima; antes de subir, ella ya había desaparecido por abajo gracias a un aparato, y en un momento dado el mago la hacía ‘volatilizarse’ con un ‘shazam’. Cosas así".

Hay un rincón para grandes figuras de la magia, Houdini incluido, con mención especial para una estrella que sigue en liza. Vladimir Danilin. "No sé si sabes el truco de Houdini en su escapismo de cadenas y candados en el tanque de agua –explica Montse– porque tiene lo suyo; se tragaba varias llaves maestras y las regurgitaba, se liberaba de una mano primero e iba abriendo los demás candados". "No solo era el mejor escapista –apostilla Guillermo– sino que también un genio en la manipulación de elementos. Hizo ese truco infinidad de veces y salió bien de todas; se tiraba a un baúl en el Támesis en invierno y salía… y acabó muriendo por un puñetazo: decía que podía aguantar cualquier golpe, pero en una ocasión no se preparó a conciencia para recibir el porrazo, que le reventó el hígado, y murió de una hemorragia interna".

Guillermo también hay trabajado como artesano para el cine, la televisión y las artes escénicas. "Hice una guillotina para una productora inglesa, aunque ni siquiera sé para que película era; también fabriqué un aparato para una ópera que, de hecho, resultó ser una experiencia pionera en la mezcla del ‘bel canto’ y la magia; solo hubo una representación, fue un desastre".

El dúo hace hincapié en los juegos de ingenio, en cómo engañar a los sabihondos, se les pica un poco con la táctica del que se hace el tonto al principio, y ahí entra la magia, con la manipulación, el engaño al ojo con diversas técnicas. "Lo que no ve el ojo, el cerebro lo conjetura, acaba la historia tal y como quiere el ilusionista. Aquí no nos importa ponernos en cámara lenta para que la gente capte el engaño. Eso sí, no siempre se capta". Advertencia final: ojico si estos dos les tangan con el tanganillo. ¿Qué es eso? La respuesta está en Alcañiz.

Pero... ¿cuál es el truco?

A escena con alegría y al ‘escape room’ sin vergüenza alguna

El Museo de la Magia de Alcañiz (museodelamagia.es) cuenta con un teatrillo en el que los visitantes pueden sentirse protagonistas. "Los niños suben al escenario a hacer sus trucos –explica Guillermo– y los mayores también se animan. Aquí todo entra en juego; la precisión, la iluminación, la velocidad... es bonito retarse a uno mismo". El Museo también tiene una colección de ilusiones ópticas que apasionan a niños y grandes. Son clásicos reunidos; las rectas más largas o más cortas cuando son iguales, los círculos más o menos grandes que también son idénticos, crear confusión con el contexto de un dibujo, imágenes que son dos cosas (a veces un gato, a veces un ratón) o, como era de esperar dado el carácter quedón y risueño de Guillermo, un rincón dedicado a las bromas. "La visita se extiende por casi dos horas, pero no damos tiempo al aburrimiento".

No faltan nombres de prestigio en el mundo de la magia. Arturo de Ascanio, maestro de Juan Tamariz, Gaëtan Bloom o Josep María Martínez, el responsable de El Rey de la Magia en las últimas décadas. Gente con la que Guillermo ha trabajado estrechamente y que forman parte de su vida.

Además de todo lo descrito, en el Museo tienen un ‘escape room’ con juegos de ingenio y adivinanzas clásicas. "Hay gente que sigue ahí, desde hace meses, les vamos pasando agua y comida –bromea Guillermo– pero no es tan complicado. Fácil tampoco, ¿eh?".

Foto de Alcañiz
Montse, en la zona dedicada al ilusionismo y al ingenio dentro del Museo.
Laura Uranga

Museo de la Magia de Alcañiz

Guillermo y Montse abren su espacio de ilusionismo y dulces engaños en Alcañiz a los visitantes más curiosos por conocer los secretos de la magia, esos que dan una explicación terrenal a trucos que a veces parecen cosa de otro mundo; vamos, lo que vendría a ser cosa de encantamiento en el universo quijotesco. Se llega con muchas preguntas y se sale con bastantes respuestas: tentador.

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