Despliega el menú
Aragón
Suscríbete

De la mascarilla a la cafetera: diez ejemplos cotidianos de lo que el diseño hace (o no) por ti

El director del Centro Aragonés de Diseño Industrial (CADI), Juan Manuel Ubiergo, acaba de publicar un libro en el que reflexiona sobre la evolución y aspectos conceptuales y prácticos de esta disciplina que sale al paso de necesidades de la vida cotidiana, también en la pandemia.

El diseño está presente en la vida cotidiana.
El diseño está presente en la vida cotidiana.
Pixabay/Heraldo

El diseño está en todas partes. A veces hasta tal punto de que no nos damos cuenta. O quizá sí, sobre todo cuando falla. Juan Manuel Ubiergo lleva años defendiendo la importancia de esta disciplina y la necesidad de que las empresas la incorporen con naturalidad a sus dinámicas de trabajo, no solo a lo que a productos se refiere -ya sea desde el punto de vista funcional o estético-, sino también en amplios aspectos de la dinámica empresarial. De todo eso y mucho más reflexiona en su reciente libro 'Érase una vez el diseño. Reflexiones de un adepto recalcitrante'. Una excusa perfecta para preguntarle a este experto sobre las virtudes o defectos de diseño de diez objetos muy cotidianos que, de paso, ilustran muchos de los retos tanto diarios como de futuro que encara este sector.

1) Diseño en tiempo real: las mascarillas

Se trata de un objeto que ya existía pero que, por lo menos en Occidente, pasó de un uso circunscrito prácticamente a profesionales sanitarios a otro global a causa de la pandemia. Sobre todo en los primeros compases de la crisis, medio mundo se convirtió en diseñador de mascarillas a nivel más o menos profesional, ya sea convirtiéndola en un accesorio de moda, ya sea desde un punto de vista técnico o tecnológico. Aparecieron modelos transparentes, diferentes sujeciones, debates sobre cuál era el más adecuado... También, soluciones para aquellos a los que la goma les molestaba después de tantas horas de uso, como la tira de plástico o de cartón que permite ajustar la mascarilla en la nuca en lugar en las orejas. No obstante, Ubiergo opina que mejorar más la mascarilla desde el punto de vista del diseño es complicado, por su propia utilidad. "Algo pensado para tapar la nariz y la boca a la fuerza será incómodo. En este caso, es difícil hacer compatible el diseño con los requerimientos de una mascarilla. Se puede decir que son dos fuerzas que tiran hacia lados opuestos". En el caso de la mascarilla, además, se cuelan aspectos emocionales (a estas alturas la mayoría las aborrece) y de consumo porque, apunta Ubiergo, "las expectativas de venta son a la baja". Para Ubiergo, un verdadero avance sería hacerlas autolimpiables, de manera que se trabajara en la sostenibilidad, uno de los caballos de batalla que, a juicio de este experto, debe alentar el diseño actual.

2) ¿Realmente era necesario? Las cápsula de café

Precisamente, este elemento, el de la sostenibilidad, es el que Ubiergo esgrime como factor principal en contra de la oportunidad de un diseño que, paradójicamente, ha sido un éxito comercial. Ubiergo: "Supongo que habrá ventajas a la hora de hacer el café con cápsulas, pero desde luego no las hay a la hora de transportarlo o almacenarlo". Aunque, a su juicio, el problema, y grave, surge a la hora de gestionar los residuos. Toda la tarea de reciclaje recae en el consumidor o en las empresas que se encargan de ello ("a las que se les devuelve una pelota envenenada"). Para reciclar de manera óptima se ha de vaciar de café cada recipiente. "Comprometerse con esto es casi una cruzada medioambiental", bromea el director del CADI, para quien este diseño revela cuán "contradictorio" puede ser el consumidor al interpretar como ventaja los, en realidad, inconvenientes de un diseño que califica de "contracorriente" en el marco actual de defensa del medio ambiente.

3) La delgada línea entre el buen y el mal diseño: la cafetera italiana vs. la tetera

En el extremo opuesto a las cápsulas estaría para Ubiergo la cafetera italiana. Una manera de hacer café que, por otro lado, defienden los expertos en esta bebida. El director del CADI reconoce que la cafetera italiana no es perfecta: "Uno se puede quemar, hay que hacer fuerza para cerrarla o abrirla, pero no genera tantos desechos y el proceso puede ser interiorizado "como un ritual". Al final, usar la cafetera la veo más cómodo que tener que gestionar los restos de las monodosis", asegura. Un objeto muy similar en forma y funcionalidad es la tetera que, contrariamente, suele ponerse como ejemplo de incomodidad. ¿Por qué siempre se cae el agua al vertirla en la taza? La cafetera no tiene ese problema porque tiene una distancia mayor entre el pico por el que vierte y el nivel del líquido. Así que se inclina para verter el café y el ángulo es suficiente, el líquido tiene distancia suficiente que recorre a la velocidad adecuada sin que se quede retenido en el metal. La tetera es mucho más chata. No permite el ángulo, nada más inclinarse, sale el agua, se precipita, de manera que o no se llena mucho la tetera o se hace un movimiento rápido. Pero en lo bares es cómoda, porque es de acero inoxidable... tiene ventajas para el hostelero, pero no para el usuario.

Dosis de la vacuna Pfizer-BioNTech
Dosis de la vacuna Pfizer-BioNTech
VALDRIN XHEMAJ

4) Un buen concepto bien llevado a cabo: las jeringuillas desechables

Es un buen concepto llevado a cabo con enorme precisión técnica. Los émbolos, la dosificación... Su eficacia la podemos ver ahora mismo, la importancia de su diseño a la hora de aprovechar bien las dosis de cada vial con las vacunas contra el covid. Es un objeto de muchos componentes técnicos, pero sobre todos, destaca el concepto: no contagiar a nadie. En este caso, hablamos de un objeto desechable de plástico, pero no es comparable a las cápsulas de café porque en este caso, por un lado, prima el objetivo y, por otro, el camino de reciclaje es completamente diferente ya que hablamos de residuos sanitarios que siguen por otros canales.

5) Hasta un diseño genial se puede mejorar: la fregona

Un producto a medio camino entre el diseño y el invento. Salida de la cabeza de un aragonés, Manuel Jalón. Un diseño del que se dijo que "puso a la mujer de pie". Un diseño genial que, sin embargo, es ejemplo de que hasta una estupenda idea puede seguir siendo sometidas a mejoras. Ubiergo cuenta cómo empresas como Araven han seguido innovando el concepto de Jalón. Por ejemplo, que el mocho se integrara en el perímetro para que el asa del cubo no quede por fuera, bajar el centro de gravedad para evitar que vuelque el cubo, ayudar al volcado del cubo poniendo una huella debajo, mejorar la canalización de la zona de vertido, que el asa del cubo se quede levantada para no tener que agacharse tanto para moverlo...

6) El futuro ya está aquí: un cepillo de dientes digital

Los cepillos de dientes eléctricos han dado un paso adelante. Si ya eran un avance con respecto a los manuales, porque "a la misma pereza el resultado es mucho mejor", la tecnología permite ahora una nueva evolución que incorpora funcionalidades digitales: detectar la posición del cepillo con respecto al diente, las zonas en las que se actúa o en las que no, la presión del cepillo... Además, mediante una aplicación de móvil se pueden ver los datos en perspectiva del cepillado. Dice Ubiergo: "Me parece un ejemplo desde el punto de vista de la incorporación de la tecnología a la vida cotidiana, pero su uso no puede ser farragoso". Y no solo hablamos de avance desde el punto de vista tecnológico, sino también desde el punto de vista de los materiales, que abren mucho margen de mejora. Por ejemplo, el grafeno es un material que permite proteger de los mosquitos, como repelente en la propia piel, por ejemplo. 

7) La importancia de la demanda del consumidor: los lavacabezas.

Entre esos diseños mejorables, Ubiergo sitúa uno recurrente: los lavacabezas. "¿Cuántas veces no te ha dolido el cuello al lavarte el pelo en una peluquería?", pregunta Ubiergo. Pero, sobre todo, ¿por qué no se mejora este diseño? "La innovación en un producto puede venir por dos lados. Por uno, la necesidad de diferenciarse con mejoras. Otra, por la propia presión del usuario en el mercado. En este caso, lo que ocurre seguramente es que los peluqueros están más pendientes de tener la mejor tijera. Pero el lavacabezas no va dirigido al consumidor directamente. Ese dolor de cuello no es un elemento de presión grande. No será el único factor, pero influye".

8) El diseño, al rescate: los EPIS

En la primera época de la pandemia, Ubiergo recuerda aquellos Equipos de Protección Individual (EPIS) "artesanales" a la fuerza, hasta con bolsas de basura. Pero incluso cuando llegaron los auténticos, este profesional del diseño se decía: "Madre mía, ahora, vestido así entra en una UCI y empieza a hacer tu trabajo, maneja instrumental, interactúa con el paciente...". "Me parece una situación ejemplar para trabajar desde el punto de vista del diseño y del usuario. Seguro que los propios EPIS actuales, aunque estén súper pensados, tiene que haber espacio de mejora".

9) Design thinking: las canastas de baloncesto aragonesas que se usan en los Juego Olímpicos

Ubiergo señala que uno de los principales caminos por los que actualmente camina el mundo del diseño es el llamado 'design thinking', que pone la preocupación en el usuario en el centro a la hora de resolver los problemas. Dicho así, parece algo inherente al diseño. Pero ahora se ha extrapolado el método de trabajo del diseño a otros sectores, como el mundo de la empresa, en problemáticas no tangibles: modelo de negocio, servicios que se prestan. Más concretamente y sin salir de Aragón, el director del CADI pone de ejemplo de este método el de un modelo de canasta que es el que desde hace año se usa en las citas olímpicas (de nuevo, estarán en Tokio). "Es un producto de Activa Diseño muy pensado para el usuario en su más amplio sentido: se tuvo en cuenta a los deportistas, pero también al personal de asistencia en los pabellones deportivos... es un objeto supercómodo".

10) Sostenibilidad, el mantra inexcusable: el botijo

"No podemos permitirnos una sociedad que por el mero hecho del consumo ataque a su propia supervivencia, agotando recursos y usando más material del que necesita, provocando más consumo energético de la cuenta, no favoreciendo el reciclaje...", advierte el director del CADI. En este sentido, ¿cabe volver a diseños de toda la vida que cumplen determinadas funciones? Por ejemplo: ¿hay algún diseño actual que supere al botijo en su capacidad de mantener la bebida fría sin gasto energético a un precio razonable? ¿Debería volver a populrizarse su uso? Ubiergo: "Cualquier planteamiento funciona si la gente lo compra. Así lo que habría que plantearse cuánta gente estaría dispuesta a optar por el botijo por cuestiones medioambientales. Una parte de la población podría volver a diseños sencillos o artesanales, pero a la mayoría le costaría. El otro día leí que habían inventado una especia de microondas que enfría la cervezas en 30 segundos. ¿Es realmente necesario? Pero más allá, ¿esta cadena de más y más deprisa se puede romper? Hay alternativas al botijo: ahora hay unas botellas muy de moda que permiten llevar agua sin usar plástico. Pero el botijo como tal... no sé si como sociedad estamos preparados para volver al botijo".

Etiquetas
Comentarios
Debes estar registrado para poder visualizar los comentarios Regístrate gratis Iniciar sesión