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Música de gasolinera, placeres culpables y el aragonés El Junco, de 'Hola, mi amor', por delante de los Smiths

El Junco y David Civera son los representantes aragoneses del libro ‘Dame más gasolina’ en el que se reivindica la música de gasolinera y expositores móviles de las áreas de servicio.

Ricardo Gabarre Clavería, es decir, El Junco, es uno de los artistas aragoneses reivindicados.
Ricardo Gabarre Clavería, es decir, El Junco, es uno de los artistas aragoneses reivindicados.
Heraldo

Está llamado a ser uno de los libros del verano. Oro Jondo, identidad tras la cual se esconde en las redes sociales Juan Sánchez Porta, acaba de publicar de la mano de Planeta (Libros Cúpula) ‘Dame más gasolina’, un recorrido por las casetes españolas, que él define como “un viaje sonoro y visual por cuarenta años de música popular”. 

En este profundo repaso no falta representación aragonesa, pues el libro dedica dos páginas a David Civera y otras dos al Junco, del que muchos desconocen que nació en la localidad oscense de Fraga y que en los últimos años reside en el pueblo zaragozano de María de Huerva

El zaragozano Javier Coronas se encarga de recordar al cantaor de ‘Hola, mi amor’ continuamente en la radio, mientras que Oro Jondo alaba la voz flamenca y sus bases “cercanas al sonido de Miami de los 80”, que hacen que el autor del libro esté “obsesionado” con el artista aragonés y lo escuche “sin descanso, todo el rato”. 

Ricardo Gabarre Clavería, que es el verdadero nombre del Junco, es uno de los máximos representantes de la “balada gitana” y, aunque nació en Fraga, con nueve años se fue a vivir a Cornellá de Llobregat. Se cuenta que a los 16 debutó como vocalista del grupo Los Ángeles Gitanos pero que hubo de esperar hasta 1986 para triunfar con el mentado exitazo que hizo sombra a Parrita, Chiquetete y tantos otros. El Junco, por cierto, continúa en activo y va anunciando actuaciones en sus redes sociales oficiales: este mismo mes tiene bolos en Málaga, Vitoria, Bilbao y Logroño. Su última gran campanada la dio hace cinco años con una versión de su ‘Hola, mi amor’ junto al grupo Boikot que sirvió de banda sonora para la película ‘Cuerpo de élite’ y que lleva más de un millón de reproducciones en Youtube.

El libro ‘Dame más gasolina’ recuerda con nostalgia aquellas maratones en un R5 o similar recorriendo media España con 40 grados a la sombra y una cinta de casete que sonaba una vez tras otra como única banda sonora del viaje. La música de gasolinera es una seña de identidad que ha marcado a varias generaciones de españoles y que Oro Jondo combina sus ‘collages’ digitales, de recargada y barroca estética kistch. Por el libro aparecen artistas como Bambino, Los Chichos, Peret, Los Amaya o Las Grecas y, por supuesto, Camela. También se incluyen códigos QR que remiten al lector a videoclips (bastante vergonzantes) de lo más profundo de YouTube y un buen montón de curiosidades y anécdotas como el hecho de que la canción ‘Que viva España", que vendió 6 millones de copias en la voz de Manolo Escobar, está compuesta por una pareja de belgas.

El autor, licenciado en Bellas Artes, define a Civera como un “grande de la canción dosmilera” y recuerda que ganó el certamen ‘Eurocanción 2001’ a las todopoderosas Sonia y Selena. ‘Dile que la quiero’ sigue siendo el mejor puesto eurovisivo de España (sexta posición) en los últimos 20 años y a Civera se le considera como un visionario de la estética “pretronista” que aún estaba por llegar. También se le atribuyen “coreografías de primero de parvulitos” y se recuerda el anuncio dirigido por Bigas Luna que promocionaba el jamón de Teruel y en el que entonaba su gran éxito pero cambiando la palabra “amor” por “jamón”. Pura poesía.

Oro Jondo hace una alegato a favor del eclecticismo desprejuiciado y explica cómo la canción española y la tecno rumba fueron los géneros más habituales en los expositores móviles de las áreas de servicio (sin olvidar las cintas de chistes o las rancheras) y cómo muchos temas triunfaron sin contar con la crítica ni la industria, simplemente por la conexión con la gente.

“Cuando pinchaba en el bar Bacharach, ya avanzada la noche, muchas veces funcionaba mejor las canciones de Jesús Vázquez, Rick Astley o Alex y Christina que Los Smiths”, cuenta Octavio Gómez Milián, responsable del blog musical Motel Margot en '20 Minutos' y colaborador del programa radiofónico 'Despierta Aragón'.

“Para mí todo empieza cuando el oscense Juanjo Javierre, entonces en Los Mestizos, hace una versión de Las Grecas. Ahí revientan el mapa y todo lo que parecía ‘kitsch’ a finales de los 80 empieza a verse de otra manera”, explica el también escritor y músico. “En Aragón tenemos a Sergio Algora, que hizo que nos dejáramos de avergonzar de muchas cosas. Entre sus singles nunca faltaba Peret ni versiones en rumba: una vez pinchó una versión de ‘The final countdown’ de Europe, que no sé de dónde la sacaría porque entonces no había ni internet...”, cuenta Gómez Milián. En su opinión, está por ver si, con los años, los “Bisbales y Bustamantes de la vida cogen fuerza o envejecen peor que los grandes ‘crooners’, como Raphael, que en algún momento pudieron parecer horteras, pero cuyos temas tienen unos arreglos de violines y metales “que los melómanos saben disfrutar”.

Rocío Jurado, en una de las siempre discutibles composiciones de Oro Jondo.
Rocío Jurado, en una de las siempre discutibles composiciones de Oro Jondo.

También considera que el ‘placer culpable’ es algo superado Mariano Bazco, integrante del dúo Starkych Pinchadiscos, que lleva años con un repertorio en el que no faltan Raffaella Carrá, ‘El ritmo de la noche’ o el infalible ‘Love is in the air’ de John Paul Young. “Creo que el ser humano se repite constantemente y la muchachada tiene que 'tocar las pelotas' estéticamente y culturalmente a su generación anterior: cuanto más feo y menos me entiendas mejor", explica el DJ. "Cuando ahora veo un reguetonero con su patinete, la música perrera a tope de watios y ostentando mal gusto, me invade el mismo pensamiento que tenía al ver los 'bakalas' de 1994 paseando en sus Opel Corsas tuneados con la ventanilla bajada a tope de chunda chunda por los pueblos de la Ribera. O allá por el año 1983 a los heavies dándole volumen brutal al Barón Rojo en el casete del Seat 124 en cualquier barrio periférico", dice Bazco, capaz de citar también algún 'guilty pleasure' como el 'Sopa de caracol', de Banda blanca, o el 'Ringui dingui' "con permiso de Kase.O."

En ‘Dame más gasolina’ también se aborda el estilo "cibercostumbrista, con un toque quinqui y mucha ironía", una imaginería que en los que -ahora- se cuela el brilli-brilli, las marcas y el chándal, pero dentro de unos años será distinto como consecuencia de lo que consuman los jóvenes en internet.

Un último fenómeno reseñable, y tan cercano a la canción del verano como a la rumba de gasolinera, es el del propio C. Tangana, que fue sacando sus single con una estética idéntica a la de las antiguas casetes. Su disco ‘El madrileño’ puede que sea uno de los más escuchados del año y su ‘Tú me dejaste de querer’, junto a La Húngara, se postula como el gran hit postpandémico. “A mí lo bueno del disco de Tangana me parece lo que hace con los colaboradores, con Drexler o Calamaro. Las horteradas nunca me han convencido, por eso prefiero la rumba al hihop, prefiero a Bambino antes que Ice Cube, a Umbral que a Truman Capote, me parecen más auténticos”, dice Gómez Milián.

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