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El emblemático Hotel San Ramón de Barbastro, abierto pese a las pérdidas gracias a sus clientes habituales

La ocupación ha pasado de un 80-90% en 2019 a un 20% desde la pandemia. La mayoría de huéspedes son de empresa y se alojan durante una noche.

Almudena Anadón es la directora del Hotel-Spa San Ramón de Barbastro.
Almudena Anadón es la directora del Hotel-Spa San Ramón de Barbastro.
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La actividad hotelera en el actual Hotel-Spa San Ramón de Barbastro se remonta al año 1903. La familia Bosch construyó el edificio modernista más importante de la localidad y lo destinó a su uso como hostal. Desde entonces, los huéspedes no han parado de entrar y salir de él, destacando, en su época dorada, la estancia de personajes famosos del panorama nacional como Sara Montiel, Concha Piquer, Unamuno o Joaquín Costa.

Poco antes de 2009, la familia Salamero compró el edificio y lo rehabilitó para darle una vuelta al concepto de negocio. Desde entonces es un hotel 4 estrellas con spa, en cuyo interior se combina la estética modernista con las tendencias más actuales. El edificio está declarado como bien protegido por lo que durante las obras hubo elementos, como la fachada, que no se pudieron modificar.

En esta fusión reside gran parte del encanto de este acogedor hotel que apenas cuenta con 18 habitaciones de diferentes categorías. Las hay confort, superiores, junior suite y dos suites, Mirador y San Ramón, la más grande del complejo. Las instalaciones incluyen también un restaurante y una cafetería, además de un pequeño spa.

“Hay gastos fijos que son los mismos tanto si hay alojada una persona como diez”

Actualmente, una decena de habitaciones están ocupadas pero durante muchas semanas, el hotel ha estado desierto, teniendo incluso que llegar a cerrar puntualmente por la ausencia de huéspedes. La culpa de esta situación la tiene, cómo no, la covid-19. La pandemia ha hecho que la ocupación en el San Ramón haya pasado del 80-90% habitual a un 20% (a veces incluso un 10%) desde que estalló la pandemia.

La mayoría de sus clientes son empleados de empresas que van a Barbastro por trabajo y se suelen alojar una noche. En una situación normal, los fines de semana toman el relevo los turistas, que son quienes ocupan sus habitaciones. Pero en las peores épocas de la crisis sanitaria, estas personas que llegaban a la localidad por placer desaparecieron. Fue entonces cuando desde la dirección del hotel se decidió cerrar los fines de semana.

El resto del tiempo, excepto unas semanas en Navidad, el hotel ha estado abierto pese a no ser siempre rentable. “Tenemos muchos clientes habituales que viajan asiduamente a Barbastro y siempre se alojan aquí a los que no queríamos dejar sin servicio”, explica Almudena Anadón, directora del hotel. Así, las puertas del San Ramón han estado abiertas durante muchas semanas en las que, haciendo números, hubiera salido más rentable cerrar. “Hay gastos fijos que son los mismos tanto si hay alojada una persona como diez”, comenta.

“Vamos notando que cada vez hay más personas vacunadas, sobre todo de cierta edad, que son nuestro perfil mayoritario”

Con lo que sí se ha tratado de ahorrar costes ha sido con el restaurante del hotel, que no siempre ha estado abierto. De hecho, actualmente está cerrado, a la espera de ver más movimiento de turismo en la zona. Por su parte, la cafetería ha prestado servicio todo este tiempo. Y es que ir a tomar el café a diario al San Ramón es una tradición de muchas personas mayores de Barbastro. Durante más de un año, algunos de estos clientes no han aparecido por allí pero esto está cambiando. “Vamos notando que cada vez hay más personas vacunadas, sobre todo de cierta edad, que son nuestro perfil mayoritario”, añade.

Vuelven los turistas y los fines de semana

Tras varias épocas con el hotel cerrado los fines de semana, sus habitaciones ya pueden volver a reservarse de viernes a domingo. Son las fechas que escogen los turistas, el otro perfil de cliente del establecimiento, para sus escapadas de fin de semana. Llegan a Barbastro atraídos por la enología, por la religión (dada la proximidad de Torreciudad) o para realizar senderismo y otras actividades en la naturaleza. La mayoría de estos huéspedes contratan paquetes que incluyen el alojamiento, acceso al spa y desayuno o bien combinado con la visita a una bodega o una degustación en el propio restaurante.

Los primeros clientes de este tipo ya han empezado a llegar al Hotel San Ramón a raíz, fundamentalmente, del desconfinamiento de Aragón. “El verano pasado se trabajó bien, aunque no como un año normal, y ahora parece que la gente se va animando otra vez”, asegura Anadón.

Hotel San Ramón de Barbastro.
Hotel San Ramón de Barbastro.
HA

La plantilla del hotel la componen habitualmente 20 personas que, tras varios ERTES para ir capeando la situación conforme a la demanda y ocupación del hotel, se han reincorporado al 90%. Además de en materia de personal, los azotes de la covid también se han notado en los gastos del hotel, tanto económicos como en tiempo. “Compramos máquinas de ozono para desinfectar las habitaciones y esto también demora el proceso. Primero tiene que estar en funcionamiento cierto tiempo, desde que el cliente sale, y después ya se puede entrar a limpiar”, explica Anadón. El resto de las instalaciones, zonas comunes, restaurante, bar… se desinfectan todas las noches y en el spa se dejan 15 minutos de diferencia entre que sale un usuario y entra el próximo.

Desde el mostrador de recepción, la directora del hotel, donde hace guardia cuando es necesario, está deseando volver a recibir con una sonrisa en la boca a todos esos viajeros. “Hay que recuperar las ganas por viajar porque es una triple ilusión: con los preparativos, durante la estancia y al recordarlo después”, asegura. Una ilusión que la mayoría de huéspedes manifiestan sin tapujos cuando entran por la puerta, transmitiendo las ganas que tenían de poder volver por fin a viajar.

Para los más despistados, una agradable sorpresa al entrar a la habitación: ahora, junto a los amenities habituales, en el Hotel San Ramón se regala un kit anticovid compuesto por una mascarilla quirúrgica y un gel hidroalcohólico tamaño bolsillo. Todo un detalle cuando, pese a unas perspectivas de futuro optimistas, no conviene bajar la guardia.

 

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