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Tercer Milenio

Las claves del éxito según Emilia Puig, la ingeniera que puso una semilla en la agronomía de Aragón

La primera investigadora del CITA recuerda su etapa profesional y afirma que para afrontar el futuro laboral es necesario poner pasión y perseverancia.

Imágenes de la trayectoria de Emilia Puig Amorós.
Imágenes de la trayectoria de Emilia Puig Amorós.
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"Serás aquello que quieras, siempre que trabajes con perseverancia y pasión en tu sueño. No permitas que nadie se interponga en tu camino para convertirte en la mujer que desees". Emilia Puig Amorós abre un cuaderno y lee esta cita de Ruth Bader, primera jueza de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Esta semana se presentan a Selectividad más de 6.600 estudiantes en 84 sedes en Aragón, más de 6.600 jóvenes que se pueden jugar su futuro profesional. Algunos se sientan ante la hoja en blanco con la idea clara de qué estudiar, en otros casos también está en blanco qué estudiar.

Emilia es ingeniera agrónoma y la primera mujer que investigó en el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA). "Esto no lo sabía, me enteré hace unos años. Antes sí que había otras mujeres, en la administración y el laboratorio, pero la primera investigadora fui yo", confiesa. Sus palabras transmiten un espíritu vocacional y no esconde la sonrisa cuando recuerda esta etapa, en la que fue pionera en diversas cuestiones.

A pesar de haber luchado por los derechos de los agricultores aragoneses, nació hace 80 años a orillas del mar Mediterráneo, en Valencia. Ella obtuvo una nota alta en Selectividad y, con una beca, se fue a Madrid para estudiar Ingeniería Agrónoma, aunque también se matriculó en la de Montes. Al curso siguiente regresó a su Valencia natal para seguir estudiando. Sin embargo, en tercero volvió a Madrid para enfocarse a la economía agraria. Tanto en Madrid como en Valencia solo eran dos chicas las que estaban matriculadas en estos estudios. "En Valencia, por ejemplo, no teníamos servicio para chicas y teníamos que ir al del director", recuerda. Tras 9 años de formación llegó “por casualidad” a Aragón. “Vine para 9 meses y ya no volví”, cuenta Puig. En campus de Aula Dei recibió un curso de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y tras ese llegó otro sobre mercados agrarios.

"La vida te va conduciendo, te va dando vueltas"

"La vida te va conduciendo, te va dando vueltas", apunta Puig Amorós, que firmó su primer contrato en Aula Dei. Primero trabajó en el área de estadística y análisis, para después enfocarse al márquetin, en el apartado de la fruta y la hortaliza. Tras dos décadas de trabajo allí, donde cuenta que el ambiente era "muy familiar", se mudó a la Diputación General de Aragón, la que fue su casa durante otros 20 años. Dejó la investigación con unos tiempos más lentos para dar respuesta a problemas rápidos, como la elaboración de presupuestos o atender a los cambios de legislación desde su cargo como Jefa del Servicio de Industrialización y Comercialización Agraria.

"En el edificio Pignatelli trabajé con diversas ópticas, pero en base a lo aprendido en Aula Dei. Pasé de hacer investigaciones e informes a hacer órdenes, decretos o manuales. Pero sin dejar de colaborar con ellos a través de, por ejemplo, conferencias. En parte era devolver aquello que le había aportado", confiesa ahora, cuando con cariño y gratitud rememora su etapa laboral.

De su trayectoria profesional, Emilia extrae varias claves: "Perseverancia, innovación y comunicación". "Perseverancia por hacer lo que crees que te gusta, innovación en relación al estudio e investigación y comunicar para transmitir lo aprendido", explica Puig Amorós.

El consejo de Emilia

En cuanto a las recomendaciones a jóvenes que no tengan claro qué estudiar tras presentarse a Selectividad, Emilia baraja diferentes alternativas: "Si no lo sabe, le aconsejaría que Derecho, puesto que te abre la ventana a un amplio abanico. Por ejemplo, puede ser un híbrido entre el márquetin, lo empresarial, la administración… Si tienes claro que quieres una carrera de ciencias, recomiendo una ingeniería, puesto que permite estructurar la mente".

Con su experiencia sobre la mesa, resalta la importancia de arroparse de un buen equipo y también de contar con unos buenos jefes: "Tienen que saber mandar, trabajar y transmitir". No solo eso, sino que también destaca la escucha a los demás, de hecho, gracias a un agricultor de Fraga que llegó a ser europdiputado, Mateo Sierra, se implicó en las novedades que venían de la Unión Europea, especializándose en el Mercado Común. "Un momento que también coincidió con la creación de las autonomías", añade. "Dos días a la semana por la noche impartía charlas en el cine de Fraga, llegaba a Zaragoza a la 1.00 y al día siguiente a trabajar", recuerda, una labor que compaginaba con la crianza de sus cuatro hijos.

Ahora, sus nietos hacen trabajos sobre ella y su trayectoria cuando les piden que hablen de mujeres científicas, un hecho que ella cuenta encantada. Al jubilarse planteó que se iba a retirar de la vida pública, pero hace unos meses una noticia le revitalizó: en medio de la pandemia de coronavirus le propusieron estar en uno de los escaparates de la iniciativa de mujeres en la ciencia, con motivo del 11 de febrero - Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia-. Fue entonces cuando aprovechó para contar en un colegio su experiencia y a los alumnos les leyó esa frase de Ruth Bader, la que toma como guía.

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