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fruticultura

Tecnología para el viaje de la fruta desde el campo a la mesa

Se llama Tics4fruit y su objetivo es utilizar las TIC para el aseguramiento de la calidad, la seguridad y trazabilidad de las frutas y hortalizas durante la manipulación post-cosecha, el transporte y la comercialización.

Entre los albaricoques, uno de los sensores desarrollados en el proyecto (simula una manzana con la luz verde) para registrar el tipo de impacto o la aceleración.
Entre los albaricoques, uno de los sensores desarrollados en el proyecto (simula una manzana con la luz verde) para registrar el tipo de impacto o la aceleración.
E. A.

Ya no resulta nada extraño encontrar sensores inalámbricos que, como parte del paisaje de los cultivos, recogen los más variados datos de humedad, altura de las plantas, estado de la cosecha, índices de salinidad de los suelos o nivel de riego, por citar algunos. No sorprende tampoco ver el vuelo de los drones sobre unas producciones de las que toman imágenes para realizar un mapeo de precisión que permita después tomar decisiones de abonado o de riego. Y es que toda esta tecnología ha avanzado con velocidad en aquellas labores agrícolas que se realizan antes de la cosecha. No son, sin embargo, tan habituales una vez que comienza la recolección del fruto y tampoco tienen especial presencia a lo largo de todo el viaje que este realiza desde que sale del campo hasta que llega a la cesta de la compra de los consumidores.

Esta realidad es la que constataron los socios del grupo operativo supraautonómico Tics4fruit, respaldado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación a través del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (Feader) y en el que participan tanto la Universidad de Zaragoza, el Parque Científico Tecnológico Aula Dei (PCTAD), el Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística (Itene), la empresa tecnológica Geezar Soluciones, la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas vivas (Fepex) y Mercasa.

Tics4fruit echó a andar en diciembre de 2019 con el objetivo de identificar los problemas reales y desarrollar las soluciones tecnológicas más adecuadas para conseguir mantener la calidad de la fruta, desde su recolección hasta la llegada al consumidor. No solo se pretendía reducir la merma económica que provocan los daños que se producen en la recolección, en la cinta de transporte de los almacenes o en el camión en el que viajan hasta el mercado, sino también evitar que todo ese alimento termine convertido en desperdicio.

Ahora, y a pesar de los ajustes a los que han obligado las restricciones impuestas por la pandemia, el proyecto llega a la meta. Es el momento de presentar los resultados obtenidos con esta iniciativa, con la que se han desarrollado dos sensores que monitorizan en tiempo real las condiciones de temperatura, humedad relativa, geolocalización y concentración de gases, así como el tipo de impacto, vibración o choques que sufre el producto a través de la cadena de comercialización.

Entre los frutos, los dos sensores diseñados por el grupo operativo Tics4fruit que se están validando en empresas.
Entre los frutos, los dos sensores diseñados por el grupo operativo Tics4fruit que se están validando en empresas.
E. A.

El sector frutícola, tan importante en la Comunidad aragonesa, ya dispone de nuevas tecnologías para evitar el desperdicio alimentario y las mermas económicas que se producen una vez que comienza la recolección y el proceso de comercialización de sus producciones. Lo ha hecho posible un grupo operativo supraautonómico, de nombre Tics4fruit, que tras poco más de año y medio presenta sus logros en sociedad el próximo 22 de junio.

Todo comenzó de una necesidad. Los socios del proyecto evidenciaron que las tecnologías 4.0 se utilizan de forma mayoritaria durante la producción, pero tienen muy poco impulso una vez que se ha recolectado el fruto, cuando parte de las pérdidas de calidad o de desperdicio alimentario también se producen precisamente una vez que la fruta ha sido cosechada.

Los primeros pasos de esta iniciativa se iniciaron con una etapa de diagnosis para identificar aquellos puntos críticos en los que se produce el deterioro de la fruta que se evidencia con más frecuencia durante la cadena la cadena de comercialización.

Esther Arias, investigadora de de la Fundación Parque Científico Tecnológico Aula Dei (PCTAD), explica que para ello se recogieron en los diferentes mercas, preferentemente de Mercazaragoza, muestras de frutas de hueso (cereza, albaricoque, paraguayo, melocotón y nectarina), tropicales (piña, aguacate, mango y papaya) y frutos rojos (arándanos, moras, fresa, frambuesa y grosellas) para analizar la incidencia y severidad de los daños tanto en la campaña de invierno como en la de verano.

Durante esta etapa se analizaron diferentes aspectos sobre el momento de la cosecha o el tiempo que transcurría desde la recolección del fruto hasta que este era almacenado, así como el transporte utilizado y la forma en que la producción viajaba en él. Y aunque cada producción tiene sus propias características y un diferente origen de los daños, Arias pone como ejemplo que en el caso de la cereza, una producción con alto valor añadido pero muy perecedera y de la que Aragón es una de las principales productoras del país, "la hora de la cosecha y el tiempo transcurrido hasta su transporte a la central resultó determinante". De hecho, matiza, se comprobó que la vida útil de aquellas cerezas que habían sido recogidas en el momento del día con una temperatura más alta en campo se ve muy reducida si el enfriamiento de las mismas no se realiza después en el tiempo adecuado.

Daños por frío

Entre los resultados obtenidos con el proyecto, Arias señala que el tipo de desórdenes más frecuentemente encontrados en las frutas de hueso tienen mucho que ver con los daños por frío. "Si se conservan a temperaturas de entre 2 y 8 grados, aparecen dichos daños porque estos productos requieren un almacenamiento a temperatura de entre 0 y 1 grado y en los procedimientos actuales esta práctica es muy inusual", explica Arias. Asegura que sucede lo mismo en la fruta tropical, cuyo rango de temperatura para su óptima conservación es más elevado y se sitúa entre los 10 y 12 grados. En los frutos rojos, las pérdidas estaban más asociadas a la podredumbre.

Pero Tics4fruit no solo quería identificar aquellas operativas que contribuyen a este deterioro. Su objetivo era diseñar tecnologías que contribuyeran a evitarlo. Y así se ha hecho. Durante el proyecto se han desarrollado dos sensores. Uno de ellos permite monitorizar en tiempo real las condiciones de temperatura, humedad relativa, geolocalización y diferentes concentraciones de CO2 o de etileno, dos tipos de gases que "influyen en gran medida en el metabolismo de la fruta y, por consiguiente, en su aptitud para el almacenamiento y comercialización", explica la investigadora del PCTAD, situado en Zaragoza. El segundo dispositivo, diseñado con forma de manzana, determina y analiza el tipo de impacto, vibración o choques que sufre el producto desde que sale del campo hasta que llega al cliente final.

La información que de ellos se extrae es enviada a una plataforma de sensorización de datos, que se ha traducido además en dos aplicaciones móviles "que serán accesibles a los posibles usuarios de la cadena de comercialización de estas producciones", añade Arias.

Estos sensores ya se están validando en centrales hortofrutícolas. Son dos las empresas que, a través de Fepex, han decidido prestar sus instalaciones para comprobar el funcionamiento de estos dispositivos. Se trata de la firma leridana Baró e Hijos, y de la aragonesa Frutaria, cuyos ensayos se han realizado en las instalaciones con las que cuentan en Caspe (Zaragoza) y Lérida.

Miembros del grupo operativo en las instalaciones de la empresa aragonesa Frutaria.
Miembros del grupo operativo en las instalaciones de la empresa aragonesa Frutaria.
E. A.

Aunque se están afinando los resultados -el proyecto termina en julio pero podría ampliarse hasta septiembre- la investigadora aragonesa destaca que se han identificado mejoras en todas las etapas, desde el manejo de la recolección hasta el transporte, pasando por el almacenamiento. Y como ejemplo de las conclusiones obtenidas explica que junto con Itene, otro de los socios del proyecto, se ha simulado el viaje en camión de España a Alemania de un palé de fresas. "En este caso hemos visto que las frutas que están en la parte de arriba y de abajo del palé sufren muchas más lesiones", dice. En este caso, la recomendación para el cliente final sería que las sacase antes a la venta para tener una vida útil más adecuada y que no lleguen con defectos al consumidor, mientras que las que están en el interior del palé y han sufrido menos lesiones pueden ser almacenadas durante más tiempo.

En tiempo de la pandemia

Aunque los inicios del proyecto se encontraron con el atípico escenario al que obligó la aparición de un desconocido coronavirus, Esther Arias reconoce que "el esfuerzo de todos los socios" ha hecho posible que este grupo operativo avanzara con cierta normalidad y cumpliera los plazos y los objetivos marcados. Ninguna de las tareas ha sufrido retrasos respecto al calendario de ejecución previsto, aunque es cierto que algunas actividades tuvieron que ser modificadas y adaptadas a los formatos ‘online’ que imponían las restricciones. "Las actividades más afectadas han sido las de divulgación y reuniones de seguimiento de proyecto, ya que muchas de ellas han tenido que ser realizadas de forma virtual", explica.

Ahora, con las conclusiones a punto de hacerse públicas, solo queda que los agentes sean receptivos a la aplicación de estas tecnologías aunque, como señala Arias, por las encuestas hasta ahora realizadas, "aún les cuesta un poco meterse en estas innovaciones". Una concienciación en la que están trabajando los socios del proyecto y especialmente Mercasa porque aunque las pérdidas económicas no son tan elevadas como se consideraba cuando comenzó el proyecto y los productores están acostumbrados a asumirlas, estas tecnologías les permitirían ofrecer una fruta de mejor calidad, que anima al cliente a repetir la compra y que genera, por tanto, mayor valor añadido.

El proyecto ha analizado la forma y el momento de recogida de los frutos.
El proyecto ha analizado la forma y el momento de recogida de los frutos.
E. A.
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