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Aragón recupera su música y estira su noche

La hostelería vivió el primer sábado de apertura hasta la medianoche con una gran respuesta de los clientes y los locales de ocio nocturno volver a abrir sus puertas.

Los clientes pudieron alargar sus cenas gracias a la ampliación de horarios
Los clientes pudieron alargar sus cenas gracias a la ampliación de horarios
Toni Galán

Se notaba en bares y terrazas. También en las calles más céntricas, en constante ebullición durante prácticamente toda la jornada. Y, sobre todo, en la gente. La llegada del calor y el buen tiempo ha traído consigo, como cada año, muchas ganas de disfrutar de la noche y el ocio. Después de quince meses de pandemia, puede que incluso más que en otras ocasiones. El cambio no era gran cosa, pero tras todo este tiempo de restricciones se "aprovecha al máximo" cualquier pequeña concesión. Clientes, propietarios y trabajadores hosteleros coincidían en esa teoría. Y todos recibieron con los brazos abiertos la ampliación de una hora del horario máximo de cierre y la relajación de los aforos que ha dictado el Gobierno de Aragón.

La calle de Padre Huesca, en la capital oscense, estuvo muy concurrida.
La calle de Padre Huesca, en la capital oscense, estuvo muy concurrida.
R. Gobantes

Pero la apertura del ocio nocturno fue la gran novedad. Muchos establecimientos escogieron el primer sábado para estrenarse y, aunque de un modo muy diferente al que antes era habitual, reencontrarse con la clientela más fiel. A las 17.00, La Lata de Bombillas, en Zaragoza, subió de nuevo su persiana. Quince minutos después, la música en directo volvió a inundar el local. Se vendieron las 30 entradas disponibles, con el aforo reducido, y la reapertura fue recibida con nerviosismo e ilusión casi a partes iguales tanto por los asistentes como por el dueño del local, Javier Benito.

Las ganas eran "muchísimas", aunque a los clientes este tímido regreso del ocio nocturno les sirvió solo para matar el gusanillo y mostrar su apoyo a los garitos de toda la vida, esos que funcionan como una suerte de "sede social o peña". Como dictan las restricciones, era obligatorio estar sentados durante la actuación y llevar la mascarilla en todo momento, además de que estaba prohibido beber. "Echamos de menos algo que no sabemos si va a volver", lamentaba David Navarro, antes de comenzar el concierto.

El bar La Pilara, de la calle Cuatro de Agosto, ayer por la noche
El bar La Pilara, de la calle Cuatro de Agosto, este sábado por la noche
Toni Galán

60 minutos es mucho tiempo

En los veladores no cabía un alfiler. Fue así casi en todo momento, pero conforme pasaban las horas y se escondía el sol la afluencia era aún mayor. Ya se veían mesas con hasta diez personas, otra de las principales novedades de la normativa, pero la apertura hasta medianoche acaparó todo le entusiasmo. Sesenta minutos puede llegar a ser mucho tiempo, aunque según coincidían los hosteleros a la hora de cerrar la estampa es siempre la misma. "Siempre toca encorrer", aseguró David Mallor, de La Tasca de Pablo.

No obstante, ante este nuevo panorama, muchos clientes optaron por reordenar su rutina habitual y cenar con más tranquilidad. Otros prefirieron hacerlo al revés. En la calle de Cádiz, Beatriz Carvajal y sus amigas apuraban unos bocadillos pasadas las nueve con la intención de después estar "relajadamente" de copas hasta la hora del cierre. Mientras, en la zona del Tubo, Pablo y Celia esperaban que les diera tiempo a picar algo en varios establecimientos, en lugar de quedarse solo en uno.

La Lata de Bombillas abrió sus puertas con el primer concierto en vivo desde hace 15 meses
La Lata de Bombillas abrió sus puertas con el primer concierto en vivo desde hace 15 meses
Oliver Duch

También en Huesca los profesionales del sector coincidían en ver como la principal ventaja que "al menos la gente puede comer más relajada". Aunque la primera noche no se notó tanto el volumen de clientes, ayer las principales zonas de ocio se llenaron hasta los topes. Sobre todo la zona de Padre Huesca, conocida como la milla de oro de las tapas.

Luisa López, la encargada del Alt Berlín, uno de los bares con más superficie de terraza en la plaza de Luis López Allué, valoró positivamente la medida "más que por el negocio, por la satisfacción de los clientes". A su juicio, supone un cambio sustancial, porque antes a partir de las 22.15 o 22.30 ya no se cogía a nadie y ahora existe más margen. "Aún falta por recuperar, pero confiemos en que se haga de cara al verano", dijo.

En Padre Huesca opinaban lo mismo. "Tampoco ha habido mucha diferencia, salvo que la gente cena más relajada. Se notaría más si el horario se prolongara hasta la una de la madrugada, al menos en fin de semana", comentó Conchi Gil, de Tomate y Jamón. Ahora solo da para acabar la cena, pero no para la copa de después. También se ha notado que la clientela llega más tarde.

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