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La D.O. Cariñena estima daños en un 3,5% de su superficie de viñedo

Paniza y la cabecera comarcal aglutinan las 500 hectáreas más perjudicadas por el pedrisco, aunque la cosecha puede no verse afectada

Los hermanos García, viticultores de Paniza, visitando ayer los viñedos para evaluar los daños. macipe
Los hermanos García, viticultores de Paniza, visitando ayer los viñedos para evaluar los daños.
Macipe

Tras la tormenta de granizo que descargó con fuerza el martes en el Campo de Cariñena, técnicos de la Denominación de Origen, de las bodegas y agricultores volvieron a salir ayer a los viñedos para analizar los daños. En una primera estimación del consejo regulador, el perjuicio se ha centrado en un 3,5% de su superficie cultivada, unas 500 hectáreas repartidas entre los términos municipales de Paniza y la cabecera comarcal en la que la afección va desde el 100% hasta el 50%.

«Aún no se ha hecho un informe, porque falta todavía por revisar más terreno», indicaron las mismas fuentes. «Creemos que lo que se haya podido perder es menos de lo que se pueda ganar por el agua que acompañó al pedrisco». Sin embargo, también apuntan que desde hoy y hasta el martes, las posibles tormentas y su desarrollo pueden cambiar este diagnóstico inicial. Para Gregorio y Miguel Antonio García, hermanos y agricultores de Paniza, «es un golpe duro, pero ya lo tenemos asumido: así es el campo».

«Ahora lo primero que tenemos que hacer, encima de que pierdes rentabilidad, es gastar dinero en cicatrizar. Primero será ozono con una sulfatadora y después químicos y bioestimulantes, para que no se afecte a la floración», indicaba Miguel Antonio, al tiempo que recorría varias fincas entre los parajes de Los Cerros y La Loma. «También nos tocará evitar que lleguen los hongos y las enfermedades», aseguraba Gregorio, que también está pendiente de la previsión ya que «si llega más agua y tormentas...». «Si siguiera haciendo este aire, iría mejor, porque le viene bien a la planta», recordaba.

Ambos llevan toda la vida dedicada a la viticultura y conocen bien el sector y el escenario que se les dibuja ahora: «Era una buena cosecha y es una pena, porque aquí habríamos cogido unos 8.000 kilos y ahora con suerte serán 500». Los dos hermanos, mientras daban vuelta a las fincas, apuntaban a varios agujeros en el suelo: son las madrigueras de los conejos. «Desde hace unos años es una plaga que se lleva todo por delante», decían.

Cerca del medio día, en el bar El Arco, varios agricultores de la zona ponían en común su situación. «A un kilómetro del pueblo, a mi me habrá cogido unas cinco hectáreas y algo más con daños de un 30% o 40% mínimo», reconocía Sergio Morlas, quien asumía que «esto no supone más incertidumbre, es el día a día». A este respecto, recordaba que «esto lo sufrimos 3 o 4 veces en verano, y en mayo los hielos y si no es que llueve mucho. Hasta que la uva no entra en la cooperativa no hay ninguna seguridad».

Junto a él Rafael Sánchez y Luis Manuel Sancho indicaban que a ellos no les había llegado mucho daño. «Ha picoteado por muchos sitios, depende de la zona hay más o menos daño que no sabes cómo va a estar dentro de un tiempo», asumía el primero. «En mi caso, esta me ha cogido donde empezó y no ha sido mucho, pero tengo en Encinacorba y allí el domingo sí que sacudió bien», matizaba el segundo.

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