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De la granja a la clínica, la vocación de los veterinarios rurales que recorren Aragón

Cada vez son más las profesionales que se incorporan al sector ganadero. "Es un trabajo muy enriquecedor y bonito, pero muy sacrificado", señala Mónica Espada, con 20 años de trayectoria.

En la imagen de arriba, Mónica Espada y, abajo, Carmen Naval.
En la imagen de arriba, Mónica Espada y, abajo, Carmen Naval.
Heraldo.es

Recuerda Carmen Naval que cuando era pequeña en su pueblo había dos rebaños de ovejas y aves sueltas por la calle. Para ella, los animales eran un entretenimiento y ahora, con 35 años, se ha convertido en la primera veterinaria de La Puebla de Roda. Siempre tuvo claro dos cosas: quería vivir en su municipio y ejercer esa profesión (hizo tres especialidades: clínica, producción y control de calidad). Ambas las ha logrado, en 2018 abrió en el pequeño municipio oscense un consultorio veterinario especializado en perros y gatos. "A veces algún abuelo se acerca con una gallina", comenta.

Durante ocho años trabajó en la cooperativa de la cercana Aínsa, donde hizo un poco de todo: tratar con vacas, ovejas, cabras, canes y felinos, entre otros animales; detección de triquinas, alimentación de rumiantes... Confiesa que estuvo "muy a gusto", pero que las guardias al final "queman". Así que coincidiendo con que su familia arregló una vivienda en el pueblo y, en los bajos, había unas instalaciones fáciles de adaptar, dio el salto y montó su propia consulta. "Es un lujo encontrar empleo en la puerta de casa. Si te tocaba sanear un rebaño en Gistaín, te ponían al ganado en la calle. Trabajas viendo todo el paisaje, la montaña... Si te gusta el entorno es un privilegio", dice satisfecha por apostar por el terruño.

Carmen es una de las muchas veterinarias aragonesas que trabajan en el ámbito rural. Tal y como indica Luis Javier Yus, gerente del Colegio de Veterinarios de Zaragoza, hace 25 años este sector era masculino y ahora cada vez son más las profesionales que se incorporan a él. Ello va unido también a que en las universidades hay más alumnas que alumnos. En concreto, en la Facultad de Veterinaria de Unizar el 70% de los estudiantes son mujeres y cada año salen 140 jóvenes con el grado de Veterinaria, según informa su decano, Manuel Gascón.

Este resalta que, cuando ingresan en la facultad, el 70%-80% de los estudiantes afirman que su vocación son los pequeños animales sin contemplar las muchas salidas que tiene esa profesión. "Ese sector es muy bonito, pero está masificado. A lo largo del grado, el profesorado intentamos que tengan la mente abierta: el porcino está dando más trabajo, el avícola es interesante, el vacuno de montaña es duro pero hay empleo...", explica Gascón, que también subraya que la incorporación al mercado laboral está "complicada" y los sueldos son "bajos". "Cuando terminan la carrera, muchos trabajan haciendo urgencias. La vocación es muy grande", añade.

Según datos de los colegios de veterinarios de las tres provincias aragonesas, en Zaragoza hay 900 veterinarios colegiados; en Huesca, 500; y en Teruel, 290. Luis Javier Yus comenta que se trata de una profesión poliédrica, con muchas aristas. "Muchas veces la gente de la calle piensa que los veterinarios somos aquellos que tratamos a su perro, a las vacas y las ovejas. Es muchísimo más complejo. Dependiendo del sector hay diferentes animales, necesidades, idiosincrasias y recursos", dice. De ahí que no pueda haber una visión uniforme de los veterinarios rurales en la Comunidad.

Ganadería, animales de compañía y agroalimentación

El gerente del Colegio de Veterinarios de Zaragoza habla de tres sectores (con sus distintos subsectores): el de la ganadería -enfocado al mundo rural-, el de animales de compañía (el 80% se concentra en la capital aragonesa) y el agroalimentario y seguridad alimentaria. "Los veterinarios en rumiantes pasan una época complicada porque la ganadería extensiva va disminuyendo poco a poco. En cambio, el porcino está en pleno desarrollo de crecimiento, innovación, comercialización... Dentro del sector de la agroalimentación, Aragón entre comillas es una potencia. Y hasta hace poco en el ámbito rural el animal de compañía estaba muy unido a una función de trabajo (perro de pastoreo, guardián, etc) que va desapareciendo", detalla.

Asimismo, Yus resalta el importante papel del veterinario funcionario (que trabaja en las oficinas comarcales del Gobierno aragonés) en las zonas rurales y que no tiene nada que ver con los animales. "Son los que inspeccionan mataderos, restaurantes, bares, tiendas, supermercados, centros de distribución... Muchas veces sus funciones están relacionadas con la recogida de la fruta y centros de procesado de alimentación de vegetales. También los controles de las aguas de los municipios lo llevan ellos", enumera el gerente, al tiempo que explica que la mayoría de los profesionales viven alrededor de las grandes ciudades y se desplazan a trabajar donde les corresponda.

Carmen Naval con un perro en su consultorio veterinario en La Puebla de Roda.
Carmen Naval con un perro en su consultorio veterinario en La Puebla de Roda.
C. N.

Por su parte, Carmen Naval considera que el veterinario rural es una persona "polivalente". "Te va a tocar hacer de todo siendo también un poco MacGyver porque no tienes las herramientas que te gustarían y te toca improvisar. Y te vas a tener que esforzar y ser tu mejor versión si no la gente enseguida lo detecta y no va a venir. Hasta mi consulta (practica la medicina convencional y otra más natural a través de acupuntura)  se deplazan de propio", afirma.

Mientras, el decano de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza destaca que los que trabajan en el ámbito rural lo están haciendo "muy bien". "Y lo más interesante es que hay profesionales que hacen la doble actividad: son ganaderos-veterinarios. Sobre todo en ovino ha habido un pequeño empuje y la mayoría son chicas", informa.

Volcada en el sector bovino

Otra de las veterinarias que ejercen en el mundo rural es Mónica Espada, con 20 años de carrera a sus espaldas en el sector bovino y que ha trabajado para una empresa del servicios veterinario y también como autónoma. En su caso, siempre ha residido en Zaragoza y su radio de acción ha sido de una hora y media de distancia. "Durante la carrera estuve mucho tiempo haciendo prácticas; necesitas un tiempo de preparación para conocer bien las peculiaridades. Es un trabajo muy enriquecedor y bonito, pero muy sacrificado y duro: sobre todo cuando planteas el servicio clínico como tal las 24 horas. Y muy exigente a nivel familiar y físicamente", admite.

La veterinaria Mónica Espada junto a vacas frisonas en una explotación ganadera en Tauste.
La veterinaria Mónica Espada junto a vacas frisonas en una explotación ganadera en Tauste.
M. E.

Por otro lado, avanza que el vacuno de leche se está reduciendo "terriblemente" en la Comunidad ("no hay nadie que quiera continuar en las explotaciones") en contraposición con el de carne, que está creciendo. "Como veterinario nos tenemos que especializar muchísimo. Se trabaja cada vez más a nivel de producción, de control de explotaciones, de gestión, asesoramiento.... Mucho trabajo dirigido hacia esas partes y cada vez se va trabajando menos en clínica", sostiene.

Mónica alude también a la falta de relevo de veterinarios de bovino en la región ("empiezan y a los dos años se dan cuenta de que el trabajo es muy exigente y optan por otras alternativas") y a que -al reducirse el censo- cada vez hay que abarcar un poco más de distancia y dedicar más tiempo en el desplazamiento por carretera para poder dar servicio a las explotaciones. "La labor veterinaria es completamente vocacional. Hay que conocer lo que es el campo y es muy complicado familiarmente. Soy madre de dos hijos y tienes que tener al lado una familia que te entienda y apoye", concluye esta veterinaria, quien ante todo hace hincapié en que hay que defender "el territorio, los pueblos, la ganadería y el sector".

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