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Heraldo del Campo

vitivinicultura

Vanguardia para responder al futuro del vino

Bodegas Aragonesas estrena Terroir-Garnacha, un espacio "vanguardista, innovador y versátil" que mejora la producción y promoción de sus vinos y con el que satisfacer la demanda creciente de sus mercados.

El nuevo espacio Terroir-Garnacha de Bodegas Aragonesas, situada en la localidad zaragozana de Fuendejalón e integrada en la D. O. Campo de Borja.
El nuevo espacio Terroir-Garnacha de Bodegas Aragonesas, situada en la localidad zaragozana de Fuendejalón e integrada en la D. O. Campo de Borja.
B. A.

La innovación está en el ADN de Bodegas Aragonesas. Nació en 1984 de la necesidad de la cooperativas San Juan Bautista de Fuendejalón y Santo Cristo de Magallón de estrechar lazos para mejorar la comercialización de los vinos que producían. Lo hizo como sociedad anónima, la primera en España que procedía de entidades cooperativas, una fórmula empresarial que se alojó en un entonces imponente edificio de ladrillo caravista y estilo aragonés situado en la localidad zaragozana de Fuendejalón, en el corazón de la Denominación de Origen Campo de Borja, con el que rompía con los cánones de las instalaciones vitivinícolas que existían en ese momento en la Comunidad.

Fue pionera en la recuperación y renacimiento de la garnacha, esa variedad autóctona hasta entonces denostada y que ahora se ha convertido en la reina del mercado. Desde sus inicios ha investigado en suelos, en métodos de producción y no ha dejado de utilizar las técnicas más novedosas de maduración y elaboración para lanzar a los mercados toda una laureada colección de vinos con los que sorprende y convence a consumidores de más de 50 países repartidos por todo el mundo.

Y ahora Bodegas Aragonesas lo ha vuelto a hacer. Para satisfacer la demanda creciente del mercado ha apostado por "la vanguardia, la innovación y la multifuncionalidad" para disponer de mayores y mejores instalaciones con las que no solo aumentar su producción sino también realizar las tareas administrativas, recibir a sus clientes, organizar catas o comercializar sus vinos de forma directa y a clientes cercanos. Todo ello, además, cuidando el medio ambiente, apostando por las energías renovables y mejorando así sus costes energéticos.

Porque, tras una inversión de 7,5 millones de euros y unas obras que se han ralentizado más de lo deseado por el complicado año 2020 marcado por la pandemia, Bodegas Aragonesas cuenta ya con un nuevas instalaciones, anexas a la bodega ya existente, que la empresa ha bautizado con el nombre de Terroir-Garnacha.

"Ha sido un proyecto largo", explica su gerente, Enrique Chueca, que detalla que fue hace cinco años cuando comenzó a gestarse la ampliación y modernización de la bodega. "Se nos había quedado pequeña y era importante dotarla además de nueva tecnología para responder a las demandas futuras de nuestros clientes, pero también para acercar y abrir la bodega al viñedo y dotarnos de espacios expositivos", detalla Chueca. Y aunque el camino ha sido largo, esta empresa del Imperio de la Garnacha cuenta ahora con unas instalaciones "modernas, versátiles y rompedoras, que marcan un antes y un después en nuestra forma de trabajar, de entender y de vivir el vino", explica su gerente, que manifiesta con evidente orgullo que está deseando "ver las expresiones de asombro de nuestros clientes cuando las visiten".

No es la única innovación en la que está inmersa la bodega de Fuendejalón. También trabaja en nuevos, pioneros y "sorprendentes" productos, de los que Chueca prefiere no dar todavía muchos detalles, pero que tendrán como protagonista, como no podía ser de otra manera, su variedad estrella: la garnacha.

El gerente de Bodegas Aragonesas, Enrique Chueca, con uno de sus vinos en los viñedos de Fuendejalón.
El gerente de Bodegas Aragonesas, Enrique Chueca, con uno de sus vinos en los viñedos de Fuendejalón.
B. A.

Tiene 6.700 metros cuadrados y ha supuesto una inversión de 7,5 millones de euros. Cuenta con un diseño vanguardista, versátil y multifuncional. Se ha construido con innovadores materiales que han permitido que luzca una imagen moderna y futurista. Y se ha levantado primando los criterios de sostenibilidad y el respeto al medio ambiente. Así es el espacio Terroir-Garnacha, nombre con el que Bodegas Aragonesas denomina a las nuevas instalaciones con las que encara los retos de futuro.

Ha sido un proyecto lento. No porque se gestara hace ya cinco años, sino porque cuando comenzaba a tomar ritmo llegó la pandemia y complicó todo el proceso. Prueba de ello es que las obras comenzaron en marzo de 2019 y no han concluido -con pequeños detalles todavía por terminar- hasta marzo de 2021.

La inversión realizada por Bodegas Aragonesas tiene la mirada puesta en la producción, en la comercialización y en la promoción. "La bodega se nos había quedado pequeña, llevamos tiempo creciendo y creciendo y llevamos ya unos dos años con demasiadas apreturas", señala su gerente, Enrique Chueca. De hecho, aunque su tren de embotellado les permite elaborar unos 14 millones de botellas, no podían alcanzar dicha cifra por la falta de capacidad en los depósitos, en las salas de barricas y ni siquiera en el almacén. Para explicarlo Chueca pone un ejemplo muy gráfico: "Era como tener un restaurante con una cocina capaz de servir a 300 comensales, pero con un comedor solo para 100 y un almacén para guardar la comida de 50".

Por eso, una parte de la inversión se ha destinado a ampliar la zona de fermentación en la que el mosto se transforma en vino. Dicho en cifras. Hasta ahora, los depósitos de Bodegas Aragonesas eran capaces de albergar 1,2 millones de litros. Con las nuevas instalaciones se ha duplicado esa capacidad. Así se ha hecho también en la zona de crianza. "No teníamos espacio suficiente para las barricas y ahora lo hemos ampliado un 80%", detalló Chueca, que insistió en que estas cifras tienen la mirada puesta en las necesidades de producción de un futuro marcado por la creciente demanda de los mercados, porque ahora con ese mismo tren de embotellado pueden llegar a producir hasta 15 millones de botellas.

Ampliación de la zona de depósitos de Bodegas Aragonesas.
Ampliación de la zona de depósitos de Bodegas Aragonesas .
B. A.

Plasmar su espíritu innovador

Recuerda el gerente de Bodegas Aragonesas que cuando sus primeras instalaciones se levantaron en Fuendejalón allá por 1984 "ya eran una innovación". Pero el paso del tiempo es implacable y esta bodega pionera en el manejo de la ahora afamada garnacha comenzó a darse a cuenta hace unos años de que se estaban quedado algo obsoletas. "Todas las bodegas han mejorado mucho en cuanto a estética y empezábamos a sentir que dejábamos de ser interesantes en cuanto a imagen y ese es un aspecto esencial para la venta del vino", explica Chueca, que señala que el objetivo era hacer "algo llamativo y atractivo, un poco futurista, que transmitiera una idea, porque lo somos de verdad, de bodega innovadora y un poco futurista".

Esa apuesta se ha convertido en un pulcro edificio construido con paneles prefabricados de hormigón reforzado con fibras de vidrio (GRC), un material que permite "formas extrañas y planos inclinados" nada habituales en las construcciones más tradicionales. Allí se ha albergado la zona administrativa, la tienda, diversas salas para recibir clientes y una zona expositiva "en la que se puede incluso poner museo", detalla Chueca. Un espacio "multiusos que iremos llenando, porque es un edificio levantado pensando en los próximos 30 años".

No es esta la única innovación que Bodegas Aragonesas se trae entre manos. Trabaja también desde hace unos cuatro años en un proyecto centrado en su más mimada variedad: la garnacha, esa que sacó del olvido cuando nadie apostaba por esta variedad autóctona y la hizo triunfar en los más lejanos mercados. Chueca prefiere no dar muchos detalles del trabajo realizado ni del resultado que está a punto de llegar a los paladares. Solo avanza que la iniciativa comenzó intentando "dar un paso más con la garnacha", convencidos de que aunque ahora es muy apreciada y gusta en todos los mercados, "todo va pasando". Con la mirada puesta en ese reto han estudiado los suelos, los métodos de cultivo, las cosecha en una fecha determinada o nuevos modos de producción para conseguir una variedad "distinta, que cuando la gente pruebe no se va a creer que se ha hecho en Campo de Borja ni en Aragón", señala manteniendo el secreto y la cautela de distintos proyectos que irán desvelando "poco a poco".

Los enólogos Fernando Ballesteros, Javier Vela y Javier Baselga, en la parte trasera del nuevo edificio.
Los enólogos Fernando Ballesteros, Javier Vela y Javier Baselga, en la parte trasera del nuevo edificio.
B. A.

Optimismo

Con todo ello miran al futuro con "cierto optimismo", a pesar del complicado 2020 marcado por la pandemia y la incertidumbre que rodea al 2021.

Reconoce Chueca que en el sector del vino ha habido bodegas a las que la crisis sanitaria ha supuesto un duro golpe y otras a las que les ha afectado menos. Bodegas Aragonesas es de esas últimas, porque como explica su gerente, la diversificación de mercados ha permitido amortiguar el impacto.

Sin embargo, no parecía que iba a ser así. Prueba de ello es que en marzo, cuando se decretó el estado de alarma, tuvieron que cambiar los presupuestos para el año 2020. "Reconozco que fui extremadamente pesimista, porque la verdad es que me asuste, porque nosotros exportamos a más de 50 países, pero cuando nos confinaron fue como si hubieran cerrado las puertas de todo el mundo", explica Chueca.

Pese a ello y al cerrojazo de la hostelería, en la que perdió "una cifra muy apreciable de ventas", la bodega de Fuendejalón resistió la embestida económica de la covid por su amplia presencia internacional, por su importante volumen de comercialización en los canales de alimentación y porque durante la desescalada, especialmente los meses verano, y también a finales del año, "fueron excepcionales". Es cierto que no llegaron a compensar todo lo perdido en el canal horeca, las cifras finales fueron mejor de lo esperado.

Incluso el comportamiento de algunos mercados mejoró respecto al año anterior. Es el caso de China, pero también, y contra todo pronóstico, el de un Reino Unido que materializó a mitad de año su salida de la Unión Europea. "En Inglaterra vendimos el pasado año más que en el 2019", añade Chueca, que detalla que el motivo, como ha sucedido en otros mercados, es que los clientes han comprado más vino en los establecimientos de alimentación, que es donde esta bodega tiene mayor presencia en aquel país. De momento, reconoce, el 'brexit' no se ha dejado sentir en las ventas, "pero afectará", señala Chueca, porque la libra se ha devaluado y el consumidor se ha empobrecido.

Cuando habla de las perspectivas para 2021, Chueca reconoce que hay motivos para la preocupación porque hay un stock muy alto en las bodegas y el consumo mundial ha caído. "No pinta bien", señala, aunque considera que "algo suavizará" las fuertes heladas que han sufrido los viticultores franceses, que ya han adelantado que estiman que se perderán 15 millones de hectolitros.

Pese a todo, quiere "ser optimista", dice, porque esa es la sensación que transmiten sus importadores. De hecho, "en estos primeros meses del año estamos yendo muy bien, ya comenzamos a comparar datos con 2019 y en algunos países las ventas están siendo como en un año normal".

Uno de los enólogos de Bodegas Aragonesas en la nueva sala de barricas.
Uno de los enólogos de Bodegas Aragonesas en la nueva sala de barricas.
B. A.
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