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Francho Nagore: "El docente debe sacar lo mejor de sus alumnos"

Filólogo de la lengua aragonesa y profesor de la Facultad de Educación de Huesca, Francho Nagore se jubila en septiembre convencido de que «la cualidad más importante de un docente es empatizar y sacar lo mejor de cada alumno».

Francho Nagore, en la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de Huesca, con sus alumnos de 1º de Magisterio de Educación Primaria
Francho Nagore, en la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de Huesca, con sus alumnos de 1º de Magisterio de Educación Primaria
Rafael Gobantes

Filólogo y estudioso de la lengua aragonesa, no en vano fue autor de la primera gramática del aragonés, Francho Nagore (Zaragoza, 1951), profesor y político, afronta su último curso académico –se jubila en septiembre– en la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de Huesca.

¿Cuál era tu cuento preferido?

Uno de los cuentos tradicionales que más me gusta es el de Cenicienta, porque la humilde y trabajadora chica sale triunfante, frente a su malévola madrastra y sus soberbias y vanidosas hermanastras. Pero no sé si es preferencia de entonces o se gestó posteriormente. De pequeño devoraba las aventuras de Guillermo Browm y de ‘Los cinco’. Y más adelante, Salgari, Karl May, Julio Verne...

¿Dónde estudiaste?

Mi primer recuerdo es el de un parvulario que llevaban unas monjas y que estaba en los bajos de un viejo edificio situado frente a la Papelera Española, junto al río Oyarzun, en Rentería. El edificio era húmedo y en el exterior olía muy mal. Luego, hasta Preu, estudié en el Colegio San Ignacio de Loyola, de los Jesuitas, en San Sebastián. Aunque nací en Zaragoza, de donde era mi madre, vivíamos en Lezo. Mi padre era químico y dirigía la fábrica de levadura que había entre Lezo y Rentería. Los estudios comunes de Filosofía y Letras y los dos primeros años de especialidad en Filología Románica los hice en los Estudios Universitarios y Técnicos de Guipúzcoa (EUTG), una extensión de la Universidad de Deusto. Terminé en 1973 en la Universidad de Zaragoza, donde defendí la tesis de licenciatura (en 1975). Mucho más adelante, defendí la tesis doctoral en la Universidad del País Vasco, en enero de 1992.

"El profesor no solo debe tener actitudes,
sino también conocimientos"

¿Qué te hizo amar las palabras?

Es una pregunta muy difícil. No sabría decirte. Quizá las lecturas infantiles y juveniles. También el ambiente de casa, donde oía palabras como ‘esfilorchar’, ‘escobar’, ‘pozal’, ‘jadico’, ‘esbafar’, ‘esbarizar’, ‘empentar’, ‘alcorze’, que contrastaban con el español neutro que oía en la calle y en el colegio.

Francho Nagore con sus alumnos de 1º de Magisterio en la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de Huesca
Francho Nagore con sus alumnos de 1º de Magisterio en la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de Huesca
Rafael Gobantes

¿Cuándo empezaste a dar clase en Huesca?

En septiembre de 1977, en la Escuela de Turismo. Después entré como profesor contratado en la Escuela Universitaria de Magisterio en 1984. Primero a tiempo parcial, luego a tiempo completo. Desde 1992 también he tenido docencia en la entonces E. U. de Estudios Empresariales –hoy Facultad de Empresa y Gestión Pública–, donde impartía Técnicas de Comunicación y Lenguaje Administrativo.

¿Cuál es la cualidad más importante de un docente?

Quizá la capacidad de empatizar con los alumnos y de sacar de ellos lo mejor de sí mismos. El docente debe tener una buena formación. No solo actitudes, sino también conocimientos. Paradójicamente, cuanta más edad tienes, más conocimientos has adquirido; sin embargo, conforme la diferencia de edad entre alumnos y profesor se va acrecentando, el docente tiene menos capacidad de empatía con los alumnos. Además, cuando empiezas a saber algo, es cuando te tienes que jubilar.

"Cuando empiezas a saber algo, es cuando
te tienes que jubilar"

¿Cuándo nace tu interés por el aragonés?

Por el año 1968 empecé a escribir poesía en aragonés. En 1973 daba clases de aragonés en el Círculo Alto Aragón, en la Plaza de Sas, de Zaragoza. En 1974 participé en los acuerdos de ortografía provisional para la escritura del aragonés –que luego, en el I Congreso ta ra Normalizazión de l’Aragonés, en 1987, se completarían y mejorarían, y se aprobarían por consenso–.

¿Cuándo y cómo se lleva el aragonés a la formación del Magisterio en Huesca?

En el curso 1986-87, gracias a la recogida de firmas de los estudiantes, se comienza a impartir en Magisterio la asignatura voluntaria de Filología Aragonesa. A mitad de los 90 se incluyó como optativa en el plan de estudios y así se mantuvo hasta 2012. En el curso 2011-12 se puso en marcha el Diploma de Especialización en Filología Aragonesa, que lleva ya diez ediciones. Finalmente, este curso se ha implantado la Mención de Lengua Aragonesa en el Grado de Maestro.

Los inicios del Consello d’a fabla…

Fueron tiempos duros. Había muy poca información sobre el aragonés y bastantes prejuicios. Pero en los años 70 ya había cierta ebullición. En 1976 fui uno de los fundadores del Consello d’a Fabla Aragonesa, en Zaragoza. Ahí estaban, también Chesús Vázquez Obrador, Eduardo Vicente de Vera, Chorche Cortés, Ánchel Conte, Antonio Martínez, Alberto del Río… En seguida se incorporaron Rafael Andolz, Chulio Brioso, Bizén d’o Río… En Huesca, precisamente en Magisterio, se organizó un cursillo de aragonés con más de cien alumnos, en el curso 1976-77. El Consello se legalizó en Huesca en enero de 1978.

El Consello ha impulsado muchas actividades…

263 números de la revista bimestral en aragonés ‘Fuellas’; 24 números de ‘Luenga & fablas’; se han impartido cursos de aragonés en la sede del Consello y en una veintena de lugares como Biescas, Sabiñánigo, Ayerbe, Fañanás, Torres de Montes, Biscarrués, Jaca, Barbastro, Monzón… Se han organizado seminarios, ciclos de conferencias, presentaciones de libros, lecturas de poesía… En cuanto a los libros, estamos a punto de llegar al número 100 en la ‘Serie Cheneral en Aragonés’, pero además hay otras seis colecciones.

¿Desde cuándo escribes poesía?

Mis primeros poemas en aragonés datan de 1968. El primer poemario publicado fue ‘Sospiros de l’aire’, en 1971, un libro juvenil, de aprendizaje, en un aragonés literario común todavía muy imperfecto. Luego vinieron obras más cuajadas, como ‘Cutiano agüerro’ (1977), ‘Purnas en zenisa’ (1984), ‘Baxo a molsa’ (1999), ‘Os zeños d’a tardada –colección publicada en revista en 2010; en libret, en 2019–, ‘Astí bi son’ (2018). También he traducido poesía al aragonés –Éluard, Valéry, Ángel Crespo, Hèctor Moret…– y prosa (Julio Verne).

Te jubilas en septiembre... ¿Qué proyectos tienes para esta nueva etapa?

En estos últimos años he trabajado a fondo en algunas cosas que estaban a medias o que necesitaban una revisión y actualización. Fruto de esto son dos publicaciones potentes: ‘O charrar d’a chen de Uesca’ (2020) y ‘Vocabulario de la Crónica de San Juan de Peña’ –versión aragonesa, s. XIV–. También he preparado la edición de ‘Purnetas de luz’, obras dispersas de Luzía Dueso. Tengo algunas cosas pendientes. La primera es la edición de ‘Razón feyta d’amor’, que llevaba a medias con Chesús Bernal; un vocabulario del aragonés de Arguis, otro del aragonés del valle de Tena; continuar la publicación de los cuentos de Grimm en aragonés; terminar de mejorar y completar los apuntes de morfología y sintaxis del aragonés, para publicarlos como un curso de gramática. Y luego, otras cosas menores, algunos artículos que tengo que limar y documentar más para publicar. Además, colaboraré en el Diploma de Especialización en Filología Aragonesa.

¿Y la poesía?

La creación literaria, queda en un segundo plano, aunque escribo poemas de vez en cuando, pero me gustaría dedicar más tiempo al senderismo, a disfrutar de la lectura y a viajar y, por supuesto, a los nietos –si se dejan–.

¿Es cierto que pasa el tiempo tan suave?

‘Sí, tan tobo que no paras cuenta de que pasa. Ixa ye una baruca contina en a mía poesía: a caduzidá d’as cosas, o tiempo que pasa ascape, a bida que s’acotola. Pero tamién me fa goyo remerar que cada añada torna ra primabera e que baxo ro fiemo crexen os fongos. Que tot renaxe e torna de bella traza’.

Francho Nagore, profesor del Departamento de Lingüística y Literaturas Hispánicas de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de Huesca
Francho Nagore, profesor del Departamento de Lingüística y Literaturas Hispánicas de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de Huesca
Rafael Gobantes

Ciudades de nuestra vida

Fernando Sanmartín tituló uno de sus últimos libros de viajes ‘Ciudades que se posan como pájaros’. Hay ciudades que salen a tu encuentro, que te tienden una emboscada. Hay ciudades que están en tu camino y tarde o temprano has de atravesarlas como si así lo hubiera querido el destino. Hay ciudades que, estés donde estés, forman parte de tu existencia. Francho Nagore eligió Huesca. Maite Estabén el amor de su vida, su compañera, su cómplice en tantas aventuras personales, académicas y ciudadanas tampoco nació en Huesca. Se han pasado 44 años de su llegada a la ciudad. Francho sabía lo que quería. También sabía que no había caminos, que los haría al andar, unas veces con el viento a favor o soportando el frío o al amparo de un sol amable o calado hasta los huesos, caminando con los dientes y los puños apretados, siempre adelante… No hay otra. Francho quiso estar cerca de las palabras que tanto ama y que ha recogido en publicaciones como ‘O charrar d’a chen de Uesca’ (2020), un libro de más de 800 páginas dedicadas a las palabras con las que tantas personas han entendido el mundo, las mismas que alimentaron el espíritu de Ramón Gil Novales, uno de los hijos predilectos de Huesca, quien recordaba que en 1955 se trasladó a Barcelona, pero, en realidad, nunca se alejó de su ciudad natal. Según su propia confesión se llevó "a cuestas nuestra tierra". ¿Y qué llevaba siempre con él allá donde fuera y estuviera con quién estuviera? Le acompañaban el paisaje, la luz de los atardeceres, el recuerdo de las personas que le quisieron, el olor de las calles y, por encima de cualquier cosa, las palabras, el legado de la infancia, ese tiempo en el que todo deja una huella imborrable en el alma. A pesar de lo que se afirma en el refranero, a las palabras no se las lleva el viento. Los vientos borran la fama, el poder e incluso la belleza. Pero las palabras permanecen y nos traen el recuerdo de lo que fuimos, de lo que quisimos ser, el recuerdo de las personas que amamos. Francho Nagore es oscense por convicción y por elección. Como Chesús Vázquez Obrador, su alter ego, su amigo, su hermano.

Por: Víctor Juan Director del Museo Pedagógico de Aragón y profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de la Universidad de Zaragoza.

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