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Nuevas restricciones en bodas y comuniones: "El salón de banquetes parece un campeonato de guiñote"

La hostelería aragonesa reorganiza las celebraciones con el último decreto de medidas para prevenir los contagios de covid, que permite hasta 30 invitados en el interior en mesas de cuatro comensales.

LA ALQUERIA. BODAS Y COMUNIONES CON RESTRICCIONES / 12-09-2020 / FOTO: GUILLERMO MESTRE [[[FOTOGRAFOS]]]
Celebración de una boda durante la pandemia en Zaragoza, cuando se permitían más de cuatro comensales por mesa en el interior
Guillermo Mestre

Los continuos cambios en las restricciones en la hostelería han obligado a restaurantes y clientes a esperar hasta última hora para cerrar los detalles de eventos como bodas  y comuniones, cuya temporada tradicionalmente empieza estos días. El último decreto del Gobierno de Aragón con las medidas de control de contagios de covid-19, que fija lo que se puede hacer tras el fin del estado de alarma, ha vuelto a incluir un apartado específico para este tipo de celebraciones.

El decreto contempla que en las reuniones sociales en establecimientos de hostelería y restauración, que se producen tras actos "religiosos o civiles", se tendrán que respetar las medidas generales de seguridad, "sin superar las 30 personas en el interior y las 50 en el exterior". Recoge así la petición del sector hostelero de ampliar el número de invitados (hasta ahora limitados a 10 dentro y 15 en terraza), pensando en la época de comuniones. 

"Era una de las muchas peticiones que hemos estado haciendo y que se han aceptado. Solo 10 personas era irreal para una familia, aunque se han reducido muchísimo las celebraciones", señala Fernando Martín, nombrado este viernes presidente de Horeca Aragón.

Desde la patronal de hostelería querrían que la comunidad hubiera relajado más las restricciones como ha ocurrido en otras como Madrid, Valencia, Galicia o Andalucía. "La mayoría están arrancando y nosotros nos estamos quedando un poco fuera de competitividad", lamenta Martín. Teme sobre todo por los alojamientos ya que al haber libre circulación entre las provincias los turistas opten por regiones con menos restricciones. Pide "compatibilizar la vida social y económica con la sanitaria".

No han tenido suerte con la petición de ampliar horarios y poder llegar hasta las 23.00 para las cenas. "Se nos ha mantenido hasta las 22.00, aunque el toque de queda se va a poder eliminar", lamenta, y advierte sobre el "vacío" que se va a crear a partir de esa hora. El sector defiende que hay un mayor control en sus establecimientos para cumplir las medidas de prevención de contagios, que en las casas o en la calle, con el temor al aumento del botellón este fin de semana cuando decaiga el estado de alarma.

Bodas, comuniones y bautizos con la vista puesta en el 9 de mayo

De cuatro en cuatro

Otro de los cambios que no ha aceptado Sanidad ha sido ampliar el número de personas por mesa, por la incertidumbre que hay sobre la evolución de esta quinta ola de coronavirus. Así, se mantiene que solo puedan compartir mantel cuatro comensales en el interior y seis en el exterior, formando 'burbujas' de convivientes. "Mi salón de banquetes parece un campeonato de guiñote", describe el gerente del restaurante Torreluna de Zaragoza, Pedro Bellido, sobre la reorganización de las mesas.

Los cierres perimetrales decretados en varias comarcas desde esta semana han supuesto cancelaciones de última hora en algunos restaurantes. "Hay bajas de invitados que venían de los pueblos y no pueden venir", explica Bellido. Con todos los cambios que ha habido desde el inicio de la pandemia, confiesa que "las bajas de última hora me las tomo con resignación".

El hostelero reconoce que "es una bendición que podamos trabajar, pero son condiciones que nos obligan a hacer esfuerzos máximos". Es consciente de la necesidad de implantar medidas para controlar contagios, pero destaca que "a nosotros esta circunstancia solo hace que multipliquemos los costes en mantelería y personal porque necesitamos más", añade. Todo ello en un momento en el que las celebraciones siguen bajo mínimos. "Las propias familias se guardan de ser mucha gente. Sigue habiendo mucho respeto", afirma.

En su caso, no tiene problemas de aforo, fijado en el 30% en el interior, porque el establecimiento es grande y cuenta con terraza. "Gracias a Dios por la amplitud de las instalaciones podemos trabajar con cierta normalidad", pero recuerda que muchos compañeros lo tienen más complicado. Como los que no tienen espacio, terraza o están en alguna de las comarcas confinadas. Pide "sensibilidad" hacia el sector. Martín recuerda que solo un 20% de los establecimientos hosteleros tienen terraza.

Los comensales no se pueden mover de la mesa y sigue prohibido el baile, como viene ocurriendo desde que volvieron estas celebraciones el año pasado, tras el primer confinamiento. Estos fines de semana las reservas se centran en comuniones, porque muchas bodas se han aplazado al año que viene buscando mejores condiciones. Sin embargo, quienes optaron por retrasarlas a este año, esperando que pudieran celebrarse con más normalidad, se han encontrado con que las limitaciones son aún mayores que en septiembre del año pasado. Entonces se permitía estar hasta 50 personas en el interior (con un aforo del 75% del salón) y 100 en exterior. En las mesas podían comer hasta 10 personas. En noviembre hubo un "cerrojazo" por la subida de los contagios.

El sector llega "muy tocado" a esta quinta ola del coronavirus en Aragón, sumados los cierres perimetrales que han llegado en medio de la época de celebraciones. La hostelería "lo está pasando muy mal", insiste el presidente del colectivo, con la esperanza puesta en la vacunación.

Marga Lacal, tienda de comunión en Zaragoza.
Marga Lacal, tienda de comunión en Zaragoza.
Heraldo.es

En las tiendas de vestidos de ceremonia los cierres perimetrales han hecho más difícil la relación con los clientes, en otro año complicado. "Se ha quedado más de una venta en el camino, por ejemplo, en Huesca cuando estaban confinadas las provincias porque se hacen con tiempo", explica Marga García, segunda generación de la tienda Marga Lacal, fundada por su madre, que se ha trasladado recientemente al centro de Zaragoza. En ella colabora también la tercera, representada por Patricia Maza.

Entre los cambios que ha traído la pandemia, además de reducir el número de invitados, apunta que "la gente se ha esperado a última hora". Si antes de la crisis sanitaria se vendía con un año de antelación, con la pandemia algunas personas no se atreven a planificar con tanto tiempo. "El mes pasado se hicieron ventas para este mes", pone como ejemplo. En estos casos, ya no han sido modelos de los que diseñan y confeccionan a medida, sino los que quedaban de las colecciones. 

Además, como ocurrió el año pasado, la temporada alta ya no se concentra solo en primavera. "Se está prolongando el tiempo de comuniones, no solo aglutinadas en mayo sino junio, septiembre, octubre y noviembre", enumera, atendiendo a sus pedidos.

Con los clientes que no han podido desplazarse se han ido comunicando por correo electrónico o enviando vídeos. El último, a una clienta que les escribió desde México. El sector atraviesa una situación complicada, pero prefiere pensar en positivo y "buscar soluciones a los problemas" a medida que se presentan.

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