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Lattidos: exquisitos mantecados de avellana que ligan generaciones

El panadero Pascual Grasa falleció en octubre a causa de un cáncer. Hoy, su hijo César y su mujer, Mari Carmen, tratan de relanzar el negocio ubicado en Mediana de Aragón.

César Grasa, en la oficina.

Si alguien le hubiera dicho a Pascual Grasa, panadero de Mediana de toda la vida, que su hijo, César iba a coger las riendas del negocio familiar, posiblemente jamás lo habría imaginado. La responsabilidad que sintió este técnico aeronáutico y recortador profesional de 27 años a la hora de evitar que el negocio familiar se perdiera tras el fallecimiento de su padre se ha traducido en el nacimiento de Lattidos, un obrador artesano que lucha por sobrevivir en un pueblo de 400 habitantes.

¿Qué por qué el nombre?: “Porque todo lo que hacemos aquí sale del corazón”, explica César Grasa. Algo que queda patente tan pronto como se accede al obrador. Sobre dos amplias mesas de madera, decenas de mantecados -su producto estrella- y magdalenas se apilan, a la espera de ser envasadas. Antes de eso, una buena parte de ellas serán recubiertas de chocolate, una a una, en un proceso completamente manual y artesano. Todo lo hacen entre los dos, César y su madre, Mari Carmen Royo, quien lleva tres décadas dedicada en cuerpo y alma al negocio del que fue el amor de su vida.

Todo lo hacen de manera artesanal entre madre e hijo.
Todo lo hacen de manera artesanal entre madre e hijo.
C.I.

La historia de este negocio familiar se remonta al año 1952, en concreto al número 2 de la plaza Santa Ana del pueblo zaragozano, donde todavía se ubica hoy en día. Fueron los abuelos de César, Pascual Grasa y Dolores Alconchel, quienes levantaron el negocio prácticamente desde cero. “Lo cogieron en un traspaso a otra familia de panaderos. Él había trabajado como carpintero toda la vida, pero en aquel momento era una buena oportunidad así que no lo dudaron”, explica.

Las cosas han cambiado, y mucho. Por aquel entonces, “las mujeres preparaban sus propias masas y venían a cocer sus elaboraciones”, recuerda César. Una realidad que pronto fue cambiando y evolucionando. Por eso, Pascual, no dudó en formarse en confitería -su gran pasión- y panadería tan pronto como pudo.

“Tras más de una década trabajando en el Corte Inglés de Paseo de las Damas, en Zaragoza, me tocaba volver al pueblo si quería apostar por esta relación. La vida de un panadero es muy sacrificada”, explica Mari Carmen. Eso sí, al mismo tiempo reconoce que no se arrepiente de nada.

Los mantecados de chocolate son una de las delicias de Lattidos.
Los mantecados de chocolate son una de las delicias de Lattidos.
C.I.

De forma paralela, Pascual seguía trabajando en su receta familiar de mantecados, que, entre otras cosas, dejaron de elaborarse con almendra para pasar a hacerse con avellana y tenían forma de corazón. Finalmente, llegó a una creación propia que acabó por ponerles en el mapa. Los hoy bautizados como ‘Bum bum’ -emulando al sonido del latido del corazón- que se han convertido en el buque insignia de esta familia de panaderos. Además, se sigue trabajando con moldes individuales, uno a uno, como antaño; y todo ello se elabora en horno de leña.

Sin embargo, la vida todavía les guardaba una sorpresa que jamás habrían imaginado. Tras una vida entera dedicada en cuerpo y alma al obrador familiar, al que llegaba cada día a las 2 de la madrugada y del que apenas salía; hace cuatro años Pascual enfermó. “Recuerdo el día que le acompañé al médico. Jamás se había puesto malo, pero comenzó a sentarle mal la comida... Mi padre era todo trabajo y más trabajo”, rememora César. Como suele pasar en estos casos, les cambió la vida por completo.

“De repente me di cuenta de que todo en lo que había invertido su vida entera iba a desaparecer con él. No podía permitirlo”, afirma César. Así que, dicho y hecho, al tiempo que su padre continuaba con el tratamiento y con sus continuos viajes a Zaragoza para recibir las sesiones de quimioterapia, su hijo comenzó a trabajar en una remodelación de la marca. “Yo creo que él no lo tomaba demasiado en serio, aunque al final una doctora me confesó que le dijo que le habría gustado acompañarme en este proceso”, admite, emocionado.

Un proceso que no solo les ha cambiado la vida a ellos, sino también a todos los que los han acompañado. “Cuando vives algo así te das cuenta de lo que es la vida y del tiempo que perdemos en cosas que no merecen la pena”, explica Mari Carmen, quien reconoce sentirse afortunada, a pesar de todo. “¿Cuánta gente no ha podido despedirse de un ser querido durante la pandemia? Yo he tenido cuatro años. Cuatro maravillosos años en los que hemos aprendido a vivir el día a día y disfrutarlo todo”, asevera.

“No sé si el proyecto tendrá éxito o no, yo solo puedo sentirme orgullosa de mi hijo y de todo lo que está haciendo. A mí ya me lo ha dado todo”, concluye Mari Carmen. Hoy, César pasa todo el tiempo que puede -cuando el trabajo se lo permite- en una improvisada oficina que ha creado a la entrada del obrador. Sobre su cabeza, mientras trabaja en una amplia mesa de madera, se encuentran los retratos de sus dos ejemplos a seguir. “Por eso ‘Lattidos’ lleva dos ‘t’ y nuestro logo son dos corazones. Es un homenaje a ellos, a mi padre y a mi abuelo; y a su manera de encarar las dificultades y de vivir la vida disfrutando cada momento a pesar de todo. Ojalá aprendiéramos antes este tipo de cosas”, explica el joven.

Los mantecados se hace en moldes individuales, de uno en uno.
Los mantecados se hace en moldes individuales, de uno en uno.
C.I.

Cuando sale del corazón…

La tienda física se vio obligada a cerrar sus puertas por primera vez en 70 años con el inicio de la pandemia, sin embargo, en su interior jamás dejaron de pasar cosas. Por eso, esta familia comenzó a trabajar para hacer llegar su producto lo más lejos posible. Mediana se quedaba pequeño. “En Zaragoza podéis encontrar nuestro producto en La Zarola, Montal, Bayona, La Alacena de Aragón o Martín Martín, entre otras; y la idea es seguir creciendo para que todo el mundo conozca nuestras elaboraciones”, explica César.

Ahora esperan poder reabrir lo antes posible, pero para eso necesitan que Mediana vuelva a convertirse en un lugar de paso. Y aunque reconoce que tiene muchas dudas sobre lo que vaya a ocurrir en el futuro, el vecino de Mediana asegura que, pase lo que pase, habrá merecido la pena: “Cuando haces algo tan real, algo que sale de dentro, independientemente del final habrá sido algo bueno. Estamos aquí por él, por continuar con su legado y mantenerlo. Siempre será algo bueno”.

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