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La nueva vida de las residencias: los cambios que trae la vacuna... y los que están por venir

Los centros asistenciales respiran tras ser duramente castigados por la pandemia. Los cambios que ya aplican son el anticipo de las modificaciones más profundas que aplicarán a medio plazo.

Una de las actividades que se han realizado últimamente en la residencia San Sebastián de Mallén.
Una de las actividades que se han realizado últimamente en la residencia San Sebastián de Mallén.
Heraldo

“Ahora mismo, somos el sitio más seguro que existe para evitar contagios”. Las residencias de ancianos de Aragón, castigadas sin piedad por la pandemia, disfrutan ahora de un panorama radicalmente diferente, con casi un cien por cien de vacunados entre sus paredes. Aunque las barreras de prevención no se han levantado -solo se han entreabierto-, todos los centros hablan de la “tranquilidad” que aporta la nueva situación. Esto permite empezar a aplicar unos cambios que, con el paso del tiempo, se harán más profundos, ya que el coronavirus ha acelerado una modificación del modelo que ya se planteaba antes de la crisis sanitaria.

De momento, el día a día de las residencias ya ha cambiado. En muchas de ellas hay más actividades de grupo, se flexibilizan algo las visitas de familiares, se permiten ciertas salidas al exterior… “No tiene nada que ver. Todos estamos más tranquilos y contentos, se nota en el ambiente y en la ‘vidilla’ de los centros”, señala Paquita Morata, gerente de la Asociación Aragonesa para la Dependencia.

Desde la residencia San Sebastián de Mallén, que sufrió uno de los brotes más letales en la primera explosión de la pandemia, su directora Sofía Coscolluela cuenta que, aunque mantienen “todas las medidas de seguridad”, la vida de puertas adentro ahora es “totalmente normal”. Emilia Bergasa, presidenta de la Asociación de Residencias de Ancianos y Servicios de Atención a los Mayores (Lares) dice que la situación ha cambiado “notablemente”, ya que aquel sentimiento de “angustia, agobio y enfermedad” permanente se ha mitigado notablemente.

En este contexto, la mirada va más allá de la pandemia. El coronavirus ha permitido que la sociedad ponga el foco en las residencias de ancianos, pero la necesidad de un cambio de modelo ya estaba ahí. “Tenemos que centrarnos más en cada residente y en su autonomía”, indican todas las fuentes consultadas.

Desde el Departamento de Ciudadanía y Derechos Sociales del Gobierno de Aragón señalan que debe ser “una atención centrada en las personas”, con modificaciones como un posible cambio en las ratios de los centros, “aunque ese será un debate parlamentario”, señalan. La pandemia ha alertado de la necesidad de contar con “planes de contingencia”, así como una “reserva estratégica de material” y una “colaboración estrecha con Sanidad”.

Gustavo García, coordinador de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales de Aragón, señala que el modelo actual es “institucionalizador”, y que “a los residentes se les priva de la capacidad de decidir”. “Te dicen cómo tienes que vivir, qué actividades vas a hacer, te tienen como a un niño celebrando el día del medio ambiente, recortando… Te anulan el proyecto de vida”, señala. En su opinión, aunque el grado de demencia sea alto, el modelo debe permitir que cada uno “desarrolle su vida”, porque la residencia puede saber “qué le gusta ponerse, qué le gusta hacer y qué no le gusta hacer” a cada interno.

Algunas residencias ya están aplicando esta filosofía. En la San Sebastián de Mallén, por ejemplo, Coscolluela afirma que se está comenzando a instaurar un modelo en el que “se respetan las preferencias, los gustos y la autonomía de las personas residentes”. Y pone un ejemplo: “Antes merendaban café con galletas. Ahora les hemos preguntado qué les gusta y un día meriendan cruasán, otro embutido, frutas, tostada de mermelada... Lo importante no es lo que están merendando, sino que ellos lo han decidido”.

Emilia Bergasa coincide con esta visión de que la atención se tiene que centrar “en cada persona”. “No es igual un residente que otra, sus costumbres, su historia, su proyecto de vida... Tenemos que adaptarnos a eso, no puede haber café para todos”, añade. Paquita Morata, por su parte, también habla de una gestión que valore cada individuo, con el objetivo de trabajar “de una forma más parecida a lo que sería el hogar de cada uno”.

Otro de los aspectos que se debe mejorar es el de la atención sanitaria. El Gobierno de Aragón señala que se trata de “una de las grandes enseñanzas de la pandemia”, y que la colaboración entre los departamentos se va estrechando para que los residentes “sean un usuario más del centro de salud”. Desde el sector ven imprescindible este trabajo conjunto, y piden que se avance hacia una atención sanitaria a los ancianos en las propias residencias.

Paquita Morata afirma que es “una necesidad” y recuerda que estas personas “también tienen derecho a una atención sanitaria pública”. En ese sentido, critica la desaparición del grupo Edore (grupo domiciliario de residencias) que atendía a las residencias de un sector de Zaragoza. Gustavo García añade que cuando un anciano es trasladado a un hospital “se desorienta” y vuelve muy deteriorado, por lo que pide que cuando se pueda las atenciones sean en la propia residencia: “Si se hubiera generalizado antes de la pandemia, se hubiera evitado mucho sufrimiento”, añade.

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