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Raquel Esteban: "Este año no hay Vaquilla, pero regresará con fuerza"

La referente cultural turolense nos habla de la superación en estos tiempos de adversidad.

Cultura
Raquel Esteban y su pose serena.
Antonio Garcia/Bykofoto

Las Fiestas de la Vaquilla tampoco se celebrarán este año. La situación sanitaria aconseja tal decisión para el festejo previsto en Teruel en julio próximo. Raquel Esteban, creadora de eventos multitudinarios, analiza la trascendencia de la decisión.

No hay Vaquilla… Mejor dicho, tampoco hay Vaquilla este año, igual que el año pasado.

En Teruel hay dos eventos en los que la ciudad se convierte en un individuo único, especial, donde todos sus habitantes forman parte de un inconsciente colectivo, de una tradición, de unas herencias. Son fiestas de una colectividad absoluta.

La Vaquilla y las Bodas de Isabel.

El caso de La Vaquilla es más dionisíaco. El de las Bodas nos remite a Apolo, Eros y Tánatos. En las dos fiestas hay amistad, complicidad, alegría, catarsis colectiva, aunque sean fiestas diferentes. Las censuras se relajan en La Vaquilla para que los individuos puedan mostrar aspectos de su personalidad que durante el resto del año no aparecen. En ambos casos, el turolense muestra una gran capacidad de acogida con los visitantes, convirtiéndolos en un turolense más.

La medida también tendrá una clara repercusión económica.

Por supuesto. Teruel multiplica su población en sus dos fiestas grandes: la de verano, que es La Vaquilla, y la de invierno, Las Bodas. Todo este movimiento ciudadano tiene un gran impacto en la actividad económica, igual que en la cultural o en la recuperación de tradiciones.

Son dos fiestas muy singulares…

Es cierto. En La Vaquilla también hay un alto grado de disfraz, que tiene que ver con la teatralidad en el comportamiento de la gente. El sábado de La Vaquilla, el día de la merienda, todo el mundo tiene un aspecto carnavelesco. Quizá se parecen los dos eventos mucho más de lo que pensamos. Los dos cobijan una revolución social.

Además, sus ciudadanos preparan las dos fiestas con esmero.

Hay muchos preparativos. Los habitantes de Teruel se esfuerzan para organizar con mimo y cuidado las fiestas.

Usted, además de promotora de Las Bodas, es vaquillera.

Así es. Incluso recibí el premio de la Peña El Despadre.

Desmadre será…

No, la peña se llama El Despadre. En Teruel somos así...

¿De qué peña es usted?

De ninguna y de todas.

Ecléctica…

Mi gorrinera es indicadora…

¿Su gorrinera…?

La gorrinera es el blusón de campesino que usamos todos los peñistas durante las fiestas. Pues bien, en mi gorrinera hay un montón de escudos de distintas peñas: Los Chachos, Los que faltaban, Los Marinos, El Disfrute… Prefiero no quedarme en una sola y voy a todas.

Todo esto no podrá ser este año por el coronavirus.

Se pierde el contacto humano, que produce tantas sinergias. En ambas fiestas se reencuentran personas que no se ven durante el año y que se citan en Teruel. Hay abrazos, besos… Las Bodas terminan con un beso colectivo… No poder tocarnos es una gran pérdida, para eso tenemos la piel.

¿Cómo va a paliar la ciudad la ausencia de estas dos fiestas?

El impacto económico de Las Bodas, según el estudio de la Universidad Europea Miguel de Cervantes, es de 16 millones de euros, un dato elocuente para una ciudad como Teruel.

Hasta que llegó el virus y nos paralizó.

Se activa nuestro cerebro primitivo ante una amenaza. Solo puede haber tres respuestas: pararse, atacar o huir. Y eso ha ocurrido este año. El cerebro humano busca crear soluciones, salir adelante con la vida. Es el momento de la creatividad, la imaginación y la valentía. Tendremos que reinventarnos. Las Bodas han encontrado otro escenario provisional en las tecnologías. Este año no hay Vaquilla, pero seguro que regresará con fuerza.

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