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SAN JORGE 2021

Jorge Sánchez: "La sordera no es una limitación, la ponen los demás. He sacado mi plaza MIR sin usar el cupo de discapacidad"

Este joven zaragozano de 24 años, que nació con una sordera neurosensorial bilateral, acaba de obtener plaza de médico tras examinarse del MIR en marzo.

El joven zaragozano Jorge Sánchez Beltrán de Guevara.
El joven zaragozano Jorge Sánchez Beltrán de Guevara.
Guillermo Mestre

La infancia de Jorge Sánchez Beltrán de Guevara son recuerdos de mucho trabajo para aprender a oír. Nació con una sordera neurosensorial bilateral y creció con logopedas tras ser operado en dos ocasiones en Barcelona para colocarle dos implantes cocleares. Hoy, con 24 años, este joven zaragozano acaba de obtener plaza como médico tras presentarse al examen MIR el pasado 27 de marzo. Hasta ahora, todo lo que se ha propuesto lo ha logrado y lo ha vivido con naturalidad más que como una andadura de superación. "Es lo que me ha tocado vivir; nunca he sabido lo que es ser oyente. Y mis padres siempre me han animado", comenta.

El primer implante se lo colocaron con tan solo año y medio y el segundo, cuando iba a sexto de Primaria. Confiesa que era reacio a operarse de nuevo porque le daba miedo pasar por el quirófano y, además, no quería llevar otro aparato en la cabeza. "Gracias a una logopeda que tenía en el colegio, que me dijo que era una buena oportunidad, decidí operarme", señala, al tiempo que quiere dejar claro que un implante es una ayuda, pero no la solución a la sordera. "No es ponerlo y ¡magia!; hay muchísimo trabajo detrás. Te lo colocan y oyes ruidos, cosas raras que tienes que aprender a identificar. No es como unas gafas, con las que ves perfecto. Estuve con logopedas toda mi vida", indica.

También subraya que si no fuera por sus padres no sería quien es hoy. Fueron ellos los que le apuntaron a hacer francés en primero de ESO -siguiendo el deseo de su hijo- después de que los profesores le comentaran que no le convenía porque le iba a costar mucho aprender ese idioma. Dos años después se iba de intercambio a la localidad francesa de Aviñón (experiencia que repitió al curso siguiente) y más tarde pasó un mes en Irlanda demostrando a esos maestros que se equivocaban. "Eso es algo que me marcó. Si me dices que 'no', mi autoestima va a caer en picado. La sordera en sí misma no es una limitación; son los demás la que te la ponen. Se dejan llevar por prejuicios y estereotipos. Hay que ser capaz y decir: ¡Quiero hacer esto! No tener miedo", destaca.

Asimismo, fue "muy positivo" para él estar en contacto con chavales con su misma casuística para poder compartir sus vivencias; una necesidad que sintió en plena adolescencia. Para ello, se apuntó a unos campamentos para personas sordas en el País Vasco. "Había gente de todo tipo: con implantes, audífonos, oyentes con familiares sordos... Es muy importante conocer personas que están en tu misma situación para que te comprendan; y más en la adolescencia, que es un momento en el que estás muy perdido. Necesitas tu propio grupo", dice.

Ayudar a otras personas como médico

Ya cuando llegó la etapa universitaria, Jorge tuvo claro que quería hacer Medicina, carrera que estudió en la Universidad de Zaragoza. El paso por los hospitales desde bien pequeño, el trabajo que con él hicieron los logopedas y el que siempre le haya gustado el voluntariado fueron determinantes para decantarse por ella. "Quiero poder ayudar a otras personas; dar un poco de mí mismo", señala.

No obstante, el primer año en la Facultad de Medicina fue duro porque asegura que no encontró el apoyo que esperaba por parte del profesorado. "Llegaban a clase, hablaban y tú copiabas los apuntes. Les pedía si por favor me los podían pasar por escrito y me decían que fuera a la biblioteca y mirase unos libros muy buenos; que todo estaba ahí. Otro ejemplo: si necesitaba que estuvieran más cerca de mí cuando impartían la clase, me decían que era muy complicado para ellos. Yo no tengo memoria auditiva, la tengo visual. Eso me marcó; caía la pelota en mi tejado y no mostraban ese interés por ayudarme", critica.

Una de las dos prótesis externas que lleva Jorge.
Una de las dos prótesis externas que lleva Jorge.
Guillermo Mestre

Al final, fueron sus compañeros universitarios quienes le pasaban los apuntes. "He tenido buenos amigos que siempre que he necesitado algo me lo han dejado; si no hubiera sido muchísimo más complicado. Y, afortudamente, en mi clase siempre se han compartido apuntes", explica.

Por otro lado, este joven zaragozano reconoce que ha habido momentos difíciles durante la pandemia por el tema de las mascarillas al no poder leer los labios de su interlocutor, algo que para él es una ayuda. "La voz te llega distorsionada y pierdo mucha información. Y todavía más con las FFP2", se lamenta.

A falta de conocer -el próximo 19 de mayo- las notas oficiales del examen mir, Jorge ya sabe que tiene plaza. "Y no he necesitado el cupo de discapacidad para acceder a ella", observa. Lo que aún no tiene claro es por qué especialidad médica se va a decantar. "Quiero elegir la que me sienta 100% cómodo con mi sordera. En junio tengo que decidirme", comenta, al tiempo que reitera que la discapacidad no es incompatible con ejercer en lo que a uno le guste. "La limitación la he visto más por lo que me han dicho los demás que por mí mismo, y afortunadamente mis padres no han tenido un sentimiento sobreprotector. Hay que adaptarse, buscar soluciones y no decir que no. Siempre hay posibilidades de ayudar", concluye.

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