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Sijena. Pasión y resurrección de un monasterio expoliado

Desde hace casi un año, un equipo de técnicos prepara el regreso a Aragón de las pinturas de la sala capitular del monasterio de Sijena. Arrancadas en 1936, se exponen desde 1961 en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) en Barcelona.

Las pinturas de la sala capitular del monasterio de Sijena, arrancadas en 1936, se exponen en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) desde 1961
Las pinturas de la sala capitular del monasterio de Sijena, arrancadas en 1936, se exponen en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) desde 1961
Patricia Puértolas

Desnuda desde 1936, la sala capitular del Real Monasterio de Santa María de Sijena (Huesca) aguarda ansiosa –cada vez falta menos– que vuelvan los ricos ropajes que la cubrían –y que hoy lucen otros– para recuperar el esplendor que tuvo y nunca debió perder. Todos los pasos avanzan en la misma dirección: la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Aragón (Escyra), con sede en la capital oscense, ha reproducido a escala 1:1 –en poliestireno expandido imitación piedra– uno de los arcos de la sala capitular del monasterio para ensayar las técnicas que permitirán abordar el apasionante "reto" que representa el traslado de las pinturas murales, arrancadas de sus entrañas en 1936 –tras un pavoroso incendio, provocado en plena Guerra Civil– y que se exponen en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) desde 1961. El regreso está pendiente de que el Tribunal Supremo confirme la sentencia emitida por la Audiencia Provincial de Huesca en octubre de 2020, que ordena su vuelta –recurrida ante el Supremo por la Generalitat y el MNAC– y que podría ver la luz a finales de 2022 o principios de 2023, por precedentes de casos similares, según recientes estimaciones del propio consejero Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, Felipe Faci. Para entonces, el Ejecutivo aragonés tiene que tener definido el proceso de traslado del conjunto pictórico mural. En 2016, la primera sentencia del Juzgado de Instrucción número 2 de Huesca ya dejaba claro que el Museo Nacional de Arte de Cataluña «nunca ha poseído las pinturas a título de dueño», sino en depósito, pero, a pesar de dar la razón a la parte aragonesa, la magistrada Silvia Ferreruela se opuso después a la ejecución provisional de su propia sentencia, ya que, de ser revocada por la Audiencia o después, por el Supremo, los frescos, de "extrema fragilidad", deberían soportar un doble traslado.

«El traslado de los murales es complejo. Son piezas muy grandes y la pintura es frágil. Pero estamos preparados»

"El traslado de estas pinturas murales es complejo. No es bajar las cajas de un camión y colocarlas», reconoce Marisancho Menjón Ruiz, historiadora –autora de ‘Salvamento y expolio. Las pinturas murales del Monasterio de Sijena en el siglo XX’– y directora general de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón, que insiste en aclarar que las pinturas no tienen que soportar un "segundo arranque", como se ha afirmado a veces, ya que "no están pegadas a la superficie mural en la que se exponen. Son pinturas sobre lienzo, colocadas sobre bastidores de madera, que están anclados a una estructura que imita los arcos de la sala capitular". La dificultad radica en que esos bastidores "son piezas muy grandes y la pintura es frágil", apunta Menjón. Primero, explica, se han tomado las medidas exactas de la sala capitular del monasterio –que está ya rehabilitada y con el sistema de climatización instalado– y de la sala del museo donde están montadas, para saber si ambas coinciden exactamente y si se van a poder colocar las pinturas, cuando regresen, sin problemas. Una vez tomadas todas las medidas, se ha hecho la reproducción exacta de un arco de la sala capitular "para ensayar sobre esa superficie todas esas maniobras que habrá que realizar para la colocación de los bastidores". Y antes, hay que fabricar los embalajes, en los que se colocarán los bastidores con las pinturas para su transporte. "Son operaciones y maniobras muy complejas –comenta–, ya que se trata de estructuras muy grandes, que hay que realizar dentro del monasterio".

La primera imagen 
La primera imagen que se conserva de la sala capitular  del Monasterio de Sijena es una acuarela realizada en 1840 por Valentín Carderera, académico, erudito y pintor oscense, que dio a conocer las pinturas
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La primera imagen que se conserva de la sala capitular del monasterio de Sijena es una acuarela, realizada en 1840 por Valentín Carderera, académico, erudito y pintor oscense que dio a conocer las pinturas.

Las pinturas, hoy
Las pinturas, tal y como se exponen en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), desde 1961
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Las pinturas de la sala capitular, tal y como se exponen en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), en Barcelona, desde 1961.

Esperando el regreso 
La sala capitular del monasterio, rehabilitada, a la espera de las pinturas
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La sala capitular del Real Monasterio de Sijena (Huesca), rehabilitada y preparada para albergar las pinturas murales.

Preparados para el regreso de las pinturas

Desde hace casi un año, un equipo de técnicos del Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón y de la Escuela de Restauración de Huesca comparten información, elaboran documentos y trabajan en el protocolo de traslado de los murales a Sijena. "Y ahora, ya es una cuestión de pasar a la práctica, al ensayo de todas esas maniobras que serán necesarias", comenta Menjón. Pero, además, está en marcha el proyecto de la obra civil, que permita albergar las pinturas provisionalmente en el monasterio; "un espacio –nosotros coloquialmente lo llamamos el ‘taller’– donde se aclimatarán, examinarán, estudiarán... antes de pasar a su ubicación definitiva en la sala capitular". "Estamos preparados para recibir las pinturas", afirma.

"Durante las obras de reforma del MNAC en los  80, Las pinturas estuvieron desmontadas y apoyadas en el suelo durante varios años, en un área de reserva del museo"

Todo este trabajo previo es muy importante y especial, porque, en palabras del propio consejero de Cultura, Felipe Faci, se trata de una "investigación pionera a nivel nacional e internacional", un proyecto de gran envergadura "que no se ha hecho nunca –añade Menjón–. Se han devuelto pinturas a su espacio original, pero de estas dimensiones y estas características, no. Por eso es un reto". Pero no un imposible. Como destaca la historiadora, durante los años 80, cuando se llevó a cabo la reforma en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, se trasladaron de sitio todos los conjuntos de pintura mural expuestos y se realizaron numerosos estudios sobre cómo "mover y cortar en fragmentos" las pinturas de los ábsides, para trasladarlos. Aquella fue también una operación muy difícil para el MNAC. En el caso de las "pinturas planas", como entre ellas las de Sijena, sobre todo las enjutas de los arcos, "se consideró que su traslado a otro lugar del museo no representaba demasiado problema. De hecho, estuvieron desmontadas y apoyadas en el suelo durante varios años, en un área de reserva que se preparó mientras duraron las obras del museo".

En 1987, el MNAC procedió al desmontaje y almacenamiento de las pinturas murales de Sijena con motivo de la reforma que se realizó en el museo catalán
En 1987, el MNAC procedió al desmontaje y almacenamiento de las pinturas murales de Sijena con motivo de la reforma que se realizó en el museo catalán
Monográfico del Boletín del MNAC

Influencias inglesas y sicilianas en los Monegros

A la hora de describir y valorar estas pinturas –denominadas ‘estilo 1200’–, cuyo programa iconográfico abarca el Antiguo y Nuevo Testamento y en las Genealogías de Cristo, Menjón insiste constantemente en su "enorme singularidad y calidad". Singularidad, porque "no pueden asimilarse a ninguna tradición artística hispana del momento". Realizadas a comienzos del siglo XIII, "se encuadran en la órbita del arte inglés y siciliano, que es el que aportó el bizantinismo que las caracteriza. Son una manifestación artística extraordinaria, una mezcla de oriente y occidente sin precedentes en la península Ibérica ni influencia posterior, pues se trata de una obra áulica, realizada en la primera etapa constructiva del monasterio, cuando, en vida de la reina Sancha –esposa de Alfonso II de Aragón y fundadora en 1183 del monasterio–, Sijena crea una extensión de la corte aragonesa". "Allí trabajaron los mejores y más avanzados artistas de su época», explica Menjón. Y esta peculiaridad, continúa, se combina con la "enorme calidad de las pinturas, que no tienen nada que ver con las características típicas que conocemos del románico: hieratismo e inexpresividad, falta de naturalismo, colores planos, figuras sin volumen ni perspectiva... Todo lo contrario, presentan gestualidad, naturalismo, volumen y unos colores intensísimos y brillantes, como el azul lapislázuli, que tanto llamaba la atención". Hasta tal punto eran extraordinarias que, cuando empezaron a estudiarse, "se pensó que eran góticas, se asignaron a un periodo artístico correspondiente a más de 200 años después, a mediados del siglo XIV. Nadie concebía que en una época tan lejana, a finales del siglo XII o principios del XIII, en el filo del año 1200, pudiera darse un arte tan evolucionado», afirma.

"Gudiol se quedó atónito por la calidad y el excelente estado de conservación de lo que vio"

Lamentablemente, las pinturas más hermosas que dio el románico en su tiempo, auténtica joya del patrimonio artístico europeo, fueron pasto de las llamas en un incendio provocado durante los primeros días de agosto de 1936, tras el estallido de la Guerra Civil. El monasterio –que había sido declarado Monumento Nacional en 1923– ardió durante varios días. Pocos meses después del inicio de la contienda, en octubre de 1936, un equipo de técnicos catalanes, dirigidos por el arquitecto e historiador José Gudiol Ricart, se presentó en el monasterio y arrancó los restos de pinturas de la sala capitular que habían sobrevivido al fuego, para llevarlos a Barcelona. La operación se completó en 1960, con el arranque de las que quedaban todavía en el monasterio, y se exponen en el MNAC desde 1961, donde continúan en depósito.

Un reportaje fotográfico y una acuarela

Las pinturas fueron restauradas en Barcelona –aunque sin poder suplir el rico colorido– con la ayuda del reportaje fotográfico en blanco y negro que realizó el propio Gudiol entre febrero y marzo de 1936, pocos meses antes de estallar la guerra, por encargo del Archivo Mas. "Y se quedó atónito por la calidad y el excelente estado de conservación de lo que vio", apunta Menjón. Pero todavía hay constancia de otra visita a Sijena, a finales de mayo de 1936, antes del incendio. "Fue una excursión organizada por los Amigos del Museo de Cataluña –relata–, guiada por Gudiol, que dio una conferencia en la misma sala capitular. Uno de los participantes en aquel viaje fue Joaquim Folch i Torres, director de los Museos de Arte de Barcelona, que reseñó la visita en ‘La Vanguardia’, acompañándola de dos páginas de fotografías –que son de Gudiol, pese a que no hay pies de fotos ni créditos–. Folch no daba puntada sin hilo. En aquel artículo aprovechó para lanzar dos mensajes que son ‘leit motiv’ de sus escritos sobre piezas que le interesaban para su museo: la mala conservación de la obra y su pertenencia a la tradición artística catalana". Sin olvidar que, "en 1921, Folch había intentado comprar a las monjas de Sijena las pinturas. Aquello suponía la destrucción de la sala capitular y, por supuesto, las hermanas se negaron".

Pero la primera imagen que se conserva de la sala capitular es una acuarela de Valentín Carderera, académico, erudito y pintor oscense, que dio a conocer las pinturas. "Según su diario de viajes –aclara Menjón– Carderera, pintor realista, llegó al monasterio el domingo 6 de diciembre de 1840 y dibujó la sala el día 9".

"En Barcelona se quedaron las pinturas y yo con tres palmos de narices. Cariacontecido y triste volví a Zaragoza"

Terminada la Guerra Civil, comenzaron las reclamaciones por parte de las instituciones aragonesas para la devolución del conjunto pictórico. En 1953, Antonio Beltrán Martínez, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza y comisario de la 3ª zona del Patrimonio Artístico, emprendió las gestiones para que regresaran a Aragón las pinturas de Sijena. "Contra viento y marea, aprovechando que el ministro de Educación Nacional, José Ibáñez Martín, fue a Huesca a inaugurar el Instituto de Enseñanza Media, le abordé. Me confesó que me asistía toda la razón (...); y me prometió (y envió)un papel para que recogiese aquellos tesoros. Ya Barcelona me fui con el papel y la ingenuidad correspondiente. Comprendí entonces lo que significa ir de Anás a Caifás y de Herodes a Pilatos (...). El caso es que allí se quedó el papel que no pude recuperar y en Barcelona las pinturas y yo con tres palmos de narices, hasta que, cariacontecido y triste, volví a Zaragoza con las manos vacías", escribía Antonio Beltrán en 2006, pocos meses antes de su muerte, en su artículo ‘En torno a Sigena (y II)’, publicado en ‘El Tarirán’, el Boletín Informativo Cultural de la Asociación Senense.

Ratificada por el Tribunal Supremo, el pasado 14 de enero, la propiedad de los 97 bienes de Sijena –que ya han sido devueltos–, el cenobio espera para su ‘resurrección’ las pinturas de su sala capitular. Y también, con ellas, deben volver un soberbio conjunto de pinturas profanas del palacio prioral y el pantócrator del coro de la iglesia del monasterio de Sijena, todavía en el MNAC. Que no se olvide.

La techumbre de la sala capitular del Monasterio de Sijena

Reconstrucción de la techumbre de la sala capitular del Monasterio de Sijena, según Bernabé Cabañero Subiza. Dibujos y tratamiento informático de Jesús A. Orte, Juan José Sádaba y Martín Casanova.
Reconstrucción de la techumbre de la sala capitular del Monasterio de Sijena, según Bernabé Cabañero Subiza. Dibujos y tratamiento informático de Jesús A. Orte, Juan José Sádaba y Martín Casanova
Fotofrafías del Archivo Juan Mora Insa

El incendio de 1936 que arrasó el monasterio de Sijena también convirtió en cenizas la magnífica techumbre de madera que cubría la sala capitular. Bernabé Cabañero Subiza, profesor e investigador del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, en su colaboración para la obra ‘Tierra Mudéjar’, publicada por HERALDO en 2002, sostiene que el matrimonio de Constanza –hija de Sancha y del rey Alfonso II de la Corona de Aragón– con el emperador Federico II de Alemania y de Sicilia, propició la ejecución hacia 1210 en la sala capitular del monasterio de Sijena de una réplica pictórica más modesta, aunque única en la península Ibérica, de la Capilla Palatina de Palermo (Sicilia). Las pinturas al fresco se encargaron a miniaturistas de la ‘Biblia de Winchester’, que se encontraban en Sicilia, mientras que las techumbres fueron obra de carpinteros mudéjares aragoneses, que trataron de transportar, por primera vez a la península Ibérica, el modelo de techumbre plana y no un alfarje –con maderas labradas y entrelazadas artísticamente– con las vigas vistas, que era lo habitual. Estas techumbres planas acasetonadas de Palermo y Sijena tienen su origen en el arte de época romana, pues existe una muy similar a la de uno de los taujeles oscenses en el templo de Bel en Palmira (Siria), que se cree de los siglos II o III d. C. Sin embargo, el resultado final fue un tanto híbrido entre lo siciliano y la mejor tradición taifal del palacio de la Aljafería de Zaragoza; "lo que se reflejaba en que, frente al hecho de que los taujeles de Sijena eran planos y acasetonados, como en Sicilia, dependían del arte del palacio hudí mencionado el repertorio de soluciones geométricas, la inexistencia de mocárabes y, además, que las figuras de los taujeles del monasterio aragonés se funden entre sí y se desintegran, formando verdaderos caleidoscopios de colores, como sucede en algunas pinturas sobre superficies lisas de la Ajafería".

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