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Inmunización en las parroquias: "Vengo a vacunarme y de paso le rezo un poco al Señor"

Algunas parroquias zaragozanas ceden sus locales a los centros de salud para la campaña de inmunización. En la del Carmen, el dispositivo se organiza en la misma iglesia.

"Yo estoy encantada. Vengo a vacunarme y de paso aprovecho para rezarle un poco al Señor". Mª Pilar Gayarre, de 97 años, hablaba así en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Zaragoza después de que le administraran la segunda dosis de la vacuna de Pzifer en el interior del templo. Junto a su cuidadora, Yuris Mendoza, aguardaba sentada en uno de los bancos frente al altar el consabido cuarto de hora para ver si el pinchazo le producía alguna reacción.

Las enfermeras vacunan en una pequeña capilla lateral al lado de la talla renacentista del Cristo de los Sitios, atribuida a Damián Forment, que se venera en este lugar. Cerca están los confesionarios y las velas. La estampa sorprende a quien se adentra por primera vez en la iglesia. El equipo del centro de salud Puerta del Carmen, ubicado en una de las plantas del cercano centro de especialidades médicas Ramón y Cajal, lleva varias semanas vacunando aquí desde las 11.00 a las 12.45 para respetar la celebración de las misas. Este miércoles estaban citadas 72 personas.

La parroquia del Carmen no es la única que ha prestado sus espacios a los ambulatorios para que puedan disponer de estancias más amplias, pero sí una de las pocas, sino la única, en la que la inmunización se lleva a cabo en el espacio litúrgico. En otros templos, como el de Nuestra Señora de La Almudena o el Sagrado Corazón de Jesús, ambos en la capital aragonesa, se utilizan otros salones que suelen acoger conferencias, catequesis y reuniones de vecinos.

"Hay que adaptarse a las necesidades que surgen y encontrar soluciones. Nos pidieron colaboración y esta siempre ha sido una iglesia abierta", explica el sacerdote Ramón Maneu, delegado parroquial para la obra social. Algunas de las personas citadas en la parroquia, cuenta como anécdota, llaman a esta "para preguntar por dónde tienen que entrar, y se sorprenden mucho cuando se les dice que por la puerta principal".

"La colaboración es total"

La responsable de vacunación, Carla Martínez, explica que han encontrado una "colaboración total" en la parroquia, ya que les hubiera resultado "imposible" llevar a cabo la campaña en las instalaciones del ambulatorio. La rampa de acceso frente a las escaleras de la fachada principal, en el céntrico paseo de María Agustín, resulta perfecta para que las personas que acuden, muchos ancianos en sillas de ruedas o con andador y acompañadas por algún familiar o cuidador, accedan fácilmente.

Aunque a cada uno se le cita a una hora, y se les pide que acudan puntuales, no se pueden evitar las filas de espera. "Por favor, mantengan la distancia de seguridad. No vamos a estropearlo ahora después de tanto cuidarnos durante un año", es una de las frases que más repite tanto la celadora que les entrega los volantes como algún otro compañero que acude cuando los pacientes empiezan a agolparse. Antes de entrar, un enfermero se encarga de introducir sus datos en una aplicación informática con un código QR.

El templo tiene capacidad para 300 personas, lo que permite que la gente, una vez inmunizada, se siente en los bancos muy separada entre sí. Algo que agradecen. "Amí me parece un sitio perfecto para llevar a cabo una vacunación masiva. Hay mucho espacio para esperar y resulta muy cómodo y seguro", comentaba Almudena Comet, que acompañaba a su madre, María del Carmen Lozano. Esta última, a sus 92 años, estaba encantada con su segunda dosis. Reconocía que como "católica" la primera vez le había parecido "algo raro" estar así dentro de la iglesia, pero "todo vale para superar esta pandemia y poder abrazar y besar a mis seis bisnietos".

Hay muchos que aprovechan para contemplar los dos pasos de Semana Santa que se exponen estos días, la Verónica y el Cristo Abrazado a la Cruz. Ayer por la tarde la vacunación se trasladó a la planta -1 del centro Ramón y Cajal. El lunes se retomará y se programará según las dosis que se reciban. La consigna: cuanto más fluido vaya, mucho mejor.

Vacunación en la parroquia de La Almudena, en la calle de Escoriaza y Fabro.
Vacunación en la parroquia de La Almudena, en la calle de Escoriaza y Fabro.
F. Jiménez

Un salón parroquial para inmunizar a 180 personas

A las 10.00 es la primera de las 180 citas matinales para vacunar en el salón parroquial de la iglesia de Nuestra Señora de la Almudena de la capital aragonesa, a pocos metros del centro de salud Parque Roma. A las 9.30, cuando llega el equipo de enfermería con el material para prepararse en la sala, ya hay algunas personas esperando.

"Dentro del centro de salud, que está muy compartimentado en consultas, no sería posible llevar a cabo un despliegue de este tipo. Los primeros días vacunamos en él a 60 personas y hubo pequeños atascos porque la gente coincidía. Aquí hemos podido organizar circuitos diferenciados y disponemos de una amplia estancia", cuenta la coordinadora de enfermería, Yolanda Molero.

El equipo lo forman cuatro enfermeras, además de un celador que se encarga de controlar la entrada. A lo largo de la mañana se acerca más personal de enfermería a echar una mano y un médico también se va pasando. Dos filas de sillas rojas sirven para dividir la estancia por la mitad y crear dos itinerarios diferenciados. Las jeringuillas las traen ya montadas desde el ambulatorio y aquí se preparan las dosis, que al ser de Pzifer necesitan que se mezclen con suero. Dependiendo del suministro, cada día se dedica a un tipo de vacuna.

Desde Sos del Rey Católico se había desplazado María Asunción Machín para acompañar a su padre de 88 años a recibir la segunda inyección. "Estamos pasando estos días de Semana Santa en el pueblo y le tocaba venir. Para la familia es una tranquilidad que esté ya inmunizado", comentaba. "¿Cuál es buena o mala? La que me toque es la mejor", bromeaba con su progenitor tras recibir el pinchazo.

César Borobia, de 88 años, se mostraba gratamente sorprendido por la "buena organización", ya que creía "que se iba a formar un pequeño caos, pero me he encontrado con todo lo contrario". Tras vacunarse por la mañana, Elena López tenía previsto acudir a misa por la tarde a las 19.00 "como todos los días". "Al principio dudé de si quería ponérmela o no, pero al final me decidí, porque mal no va a hacerme –decía–, ¿no estarán bendecidas, verdad?". 

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