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Covid-19

Las últimas trabas de movilidad en Francia hunden aún más las ventas en la frontera

El tráfico por Bielsa cae un 17% desde que se pide una PCR negativa para cruzar y en Somport, un 3%. El cliente francés supone hasta el 95% del negocio de las tiendas.

Control de la gendarmería justo al inicio de la vertiente francesa del Portalet
Control de la gendarmería justo al inicio de la vertiente francesa del Portalet
Gendarmería pirineos atlánticos

Francia obliga a presentar una PCR negativa fechada en menos de 72 horas para entrar en el país por carretera desde el 31 de enero, salvo a transportistas y a trabajadores y residentes de zonas ubicadas en un radio de 30 kilómetros de la frontera. Esta última restricción de movilidad, que se une al refuerzo de los controles de la Gendarmería desde mitad de enero por la alerta antiterrorista y al toque de queda entre las 18.00 y las 6.00, han hundido aún más las ventas de los comercios fronterizos de Canfranc, del Portalet o de Bielsa, muy mermadas ya desde el inicio de la pandemia.

En febrero, por ejemplo, el túnel de Bielsa registró el paso de 5.251 vehículos con una media de 187 diarios, un 17% menos que en enero y más de un 80% por debajo si se compara con el mismo mes de 2020, antes de que estallara la crisis sanitaria. En el caso de Somport, la reducción de tráfico ha sido menor en el último mes (-3%), al pasar de 501 a 486 vehículos al día, aunque la bajada llega al 60% con respecto al año pasado.

Desde ayer, con el desconfinamiento provincial, los franceses pueden seguir cruzando la frontera y moverse por toda la comunidad pero deben cumplir las mismas limitaciones que el resto de aragoneses. Así, por ejemplo, tienen prohibido viajar a otras regiones salvo por motivos de trabajo, salud, fuerza mayor, etc.

La controles ahuyentan

Estas últimas trabas están asfixiando a las conocidas Ventas del Portalet. En la de Sancho, por ejemplo, calculan que el cliente francés puede suponer más del 90% de su negocio. "Después de estar confinados en otoño en Francia, en Navidad empezaron a tener más movilidad, pero cuando exigieron las PCR, llegaron también los controles y eso ha hecho que la mayoría de la gente sea reacia a venir. En el mejor de los casos vienen a la frontera y compran algo pero ya no bajan al valle", explica Lorenzo Sancho. Y eso que sigue habiendo clientes que van con la PCR en regla, ya que a diferencia de España, en Francia se pueden hacer en las farmacias y son más accesibles.

Al descenso de afluencia por estas restricciones se suma también la pérdida de los clientes que iban habitualmente a Formigal o a las estaciones galas vecinas. "Eso nos ha penalizado mucho porque después de esquiar muchos se acercaban a la frontera a hacer compras", subraya.

Fruto de todo ello han tenido una bajada "muy importante de las ventas" y se han visto obligados a reducir plantilla y también horario, "porque habitualmente estamos hasta las ocho de la tarde, pero con el toque de queda de Francia prácticamente a las cinco ya no queda nadie aquí porque a las seis tienen que estar todos en casa", señala Lorenzo Sancho, que está preocupado por la incertidumbre sobre lo que puede ocurrir en los próximos meses. "No sabemos si en verano la gente va a poder venir con la misma normalidad de antes", dice.

En la vecina Venta Anayet han notado igualmente una brusca caída de ventas. En su caso, los franceses suponen el 95% de su clientela. "Al principio la gente se arriesgaba pero ahora ya no porque los gendarmes están casi siempre haciendo controles y les piden los test hasta si pasan andando, así que ya no sube casi nadie", aseguran. Por ello, han tenido que hacer muchos ajustes "para seguir aguantando como se pueda".

"No sacamos ni para la luz"

También en Canfranc están sufriendo las consecuencia. El supermercado que regenta Alicia Fuentes desde hace 40 años ha visto cómo se han hundido las ventas por la escasa afluencia de visitantes franceses. "No sacamos casi ni para pagar la luz", lamenta. Para ellos suponen un 50% de las ventas. "Además, suelen hacer buenas compras", apunta, especialmente de productos como bebidas alcohólicas, fruta, aceite, jamón de Teruel... La mayoría son particulares, aunque también acuden propietarios de establecimientos hosteleros. "Ahora no viene casi ninguno porque muchas son ya personas mayores y les marean con las pruebas PCR", afirma.

Al otro lado del Pirineo, en la estación de servicio de Parzán, cerca del túnel de Bielsa, también aseguran estar "afectadísimos" por las restricciones de movimiento que se implementan en Francia. "Nuestras ventas están por los suelos, apenas tenemos clientes, solo estamos abiertos unas pocas horas al día dada la escasez de afluencia, casi todos los trabajadores están en ERTE, sin rotación de producto, reduciendo gastos al máximo, y malviviendo", recalcan. De hecho, cifran la caída de ventas en un 95% "porque este paso solo vive del tránsito entre España y Francia", destacan, recordando que en la zona no hay estaciones de esquí como otros valles del Pirineo y la población es escasa "con lo que estamos aguantado por dar un servicio, pero no porque valga la pena, y sin ninguna ayuda más allá de los ERTE". 

El túnel de Bielsa permanece cerrado por las noches, de 22.00 a 6.00, en base a un decreto de la Prefectura de Altos Pirineos, para realizar un mejor control temporal de la frontera. Oficialmente todavía no hay previsión de apertura, aunque Andrés Olloqui, director del consorcio que lo gestiona, asegura que por ahora les han comunicado que seguirá cortado este mes. Y aunque reconoce que es un trastorno menor, recuerda que "hay gente que necesita este paso porque las variantes por Somport y Viella están a dos horas de distancia".

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